12 de abril de 2016

Triunvirato, renacimiento de los pesos pesados y Mario Conde

Anthoy Joshua con José Mourinho, abril 2016.


Con la retirada de Vitali Klitschko y, no tanto la derrota como el declive físico observado en su hermano pequeño, Wladimir, no es arriesgado afirmar que aunque el menor de los Klitschko aún no haya dicho la última palabra, la era de dominación de los dos ucranianos ha concluido. Klitschko (ya me referiré siempre a Wladimir) dio muestras de vulnerabilidad en los combates contra Kubrat Pulev y Bryant Jennings. No obstante, Klitschko seguía siendo mi favorito para vencer al aspirante británico, Tyson Fury, al que sin duda ha infravalorado mucha gente, yo incluido. El combate llegó y Fury ganó de un modo que me hace ser pesimista respecto a las posibilidades de Klitschko en la revancha, a celebrar en Manchester, en julio. Creo que Fury volverá a ganar.

El panorama que se presenta en la categoría de los pesos pesados es excitante, con tres campeones mundiales reconocidos por distintas asociaciones. Los tres imbatidos: Tyson Fury, campeón de la WBA, WBO e IBO; el también británico Anthony Joshua, campeón de la IBF; y el americano Deontay Wilder, campeón de la WBC. Son tres tipos grandes, con estaturas de 2.06, 1.98 y 2.01 respectivamente. Fury, el blanco, es el menos agraciado físicamente, flácido, de figura y movimientos antiestéticos, pero eficaz eludiendo golpes y luchando tanto en la larga como la corta distancia. Joshua es seguramente el más fuerte, un Ivan Drago negro, esculpido en roca, con una pegada poderosa que, uno tras otro, ha derribado a todos los oponentes en su carrera profesional; Joshua adolece de rigidez, de poca movilidad, presentando un blanco estático. El más explosivo, el más atlético, es Wilder, el "jugador de baloncesto", como despectivamente le llama Fury; el de Alabama es el que más me intimida porque sus golpes, aun cuando telegrafiados, llegan a tal velocidad y con tan poca despreciable masa tras ellos, que si impactan puedes darte por muerto; por fortuna para quienes sean capaces de resistir su embate, Wilder no es firme, sus piernas se tambalean cuando es cogido a la contra.

¿Ganará el cerebro de Fury a la fuerza de Joshua o la velocidad de Wilder? Nada deseo más que verlos enfrentarse unos a otros, como en los 80 hicieron Sugar Ray Leonard, Thomas Hearns y Marvin Hagler. En mis apuestas, Joshua figura como el número 1, Wilder el 2 y Fury el 3. En Joshua es en quien aprecio menos carencias y más solidez. Fury probablemente pierda con los dos y Wilder es impredecible pues lo veo cayendo por KO, como sea alcanzado, o ganando en el primer asalto como conecte una buena mano. Por tanto, Wilder no es mi favorito pero sí quien considero más peligroso. Da miedo. Sus latigazos no son de este mundo.

Para que estos enfrentamientos de película se materialicen hay obstáculos que superar, y no son sencillos. Como he dicho, Fury tendrá que derrotar a Klitschko en la revancha, y Wilder se las verá en mayo en Moscú con Alexander Povetkin, pequeño, pero que como logre superar la barrera de artillería y meterse en la corta distancia, derribará al gigante con pies de barro. Luego, tenemos a otra figura que ha vuelto a la escena y que promete levantarnos de nuestros asientos: el británico David Haye, The Hayemaker, reconvertido en un boxeador algo diferente, menos ligero, más fuerte. Finalmente, hay que vigilar al cubano Luis Ortiz, The Real King Kong, un verdadero gorila que pega muy duro y posee buena técnica. Por consiguiente, Klitschko, Haye, Povetkin y Ortiz son las amenazas inmediatas al triunvirato. Predicción: Joshua prevalecerá.

Tyson Fury, The Gypsy King, ha creado polémica con sus declaraciones tildadas de machistas y homófobas. ¡Bah! Hay que conocerlo y entender que es una persona locuaz, con sentido del humor y, al igual que Batman, de la teatralidad. Es bueno que haya gente así, que no todos seamos robots hembrimizados y políticamente correctos. Me río con Fury y de Greg Rutherford, el saltador de longitud que llora por las payasadas de Fury. Lo único que me disgusta de Fury es su mujer. La de Povetkin es la mejor.

Concluyo enviando un mensaje de afecto y solidaridad a mi ídolo Mario Conde. Conversando sobre su drama, mis amigos y yo coincidimos en que debería haberse ido a vivir fuera de España, a Mónaco o cualquier refugio hospitalario donde no persigan a la gente por disponer libremente de su patrimonio. ¿Qué libertades de pacotilla son esas que nos llegaron tras la muerte de Franco? Hago extensible mi respaldo a Bertín Osborne y a todos los perseguidos por los medios de comunicación y la Agencia Tributaria. ¡Muerte a los infiernos fiscales!

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