11 de febrero de 2016

Imponentes e impotentes ante la blitz en Australia

Majestuoso Dromornis stirtoni con sus pollos


No de todas las extinciones es responsable el Homo sapiens. Cuando los humanos llegaron a América, hace unos 40.000 años, probablemente no tuvieron ocasión de encontrarse con las aves terroríficas de la familia de las Phorusrhacidae. Digo probablemente porque se disputa la datación de restos tan recientes como 17.000 años.

Pobre fauna. Terror es lo que debían infundir especies carnívoras como la sudamericana Kelenken guillermoi, con un pico de casi medio metro de longitud, o la norteamericana Titanis walleri, de 2,5 metros de altura. En la hipótesis más favorable para las 18 especies conocidas de estas aves, su era estaba en decadencia cuando los asiáticos, arrasando con casi todo, llegaron desde el norte, desde Beringia y Alaska.

En Australia sí hay evidencia de un contacto, de un choque directo entre los humanos, que llegaron hace 50.000 años, quizá más, y las aves gigantes que, dichosas, florecientes, poblaban el continente. Eran 7 especies de la familia Dromornithidae. Estos humanos, tal vez pertenecientes a la primera oleada de Homo sapiens que salió de África, contemplaron a las aves y las pintaron en las rocas. También hay pruebas de que sus huevos les sirvieron de alimento.

De momento, solamente podemos especular con si individuos adultos de las especies más grandes y peligrosas eran cazados. No hay razón para pensar que no. La inteligencia  y el armamento humano, incluso con la tecnología primitiva del Pleistoceno, demostró su capacidad para abatir cualquier presa, aunque los riesgos estaban ahí, los peligros de medirse a especies como la carnívora Bullockornis planei, ¡horror!, el Demon-Duck of Doom, de 2,5 metros de altura, o a los 3 metros y media tonelada del Dromornis stirtoni, cuya dieta es incierta y bien podría ser herbívoro, carnívoro o, como muchas aves, omnívoro. Comiera lo que comiera, con semejantes dimensiones y tamaño pico podría despedazar a un humano en un instante.

La hipótesis más aceptada y que personalmente comparto, es que las aves Dromornithidae, como los marsupiales —de hasta dos toneladas— y reptiles —de hasta una tonelada— de la megafauna australiana, fueron exterminados por los indígenas, una teoría que ha sido denominada como la blitzkrieg.

Las Dromornithidae están clasificadas entre las Anseriformes, como los patos. las ocas y los cisnes. Puedo hasta olvidarme de recuperar ADN de fósiles de Dromornithidae. Trabajando con el ADN de sus parientes vivos, apuesto a que un futuro no lejano la ciencia será capaz de recrear las aves de la megafauna australiana para liberarlas en parques del Pleistoceno, de titularidad privada, donde la gente y los niños puedan disfrutar con el poder y la violencia de tan fantásticas criaturas.

4 comentarios:

  1. Parques que yo visitaría con mucho gusto. Ya lo decía Zoltan Istvan, la próxima generación de billonarios vendrá de la biotecnología...

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    1. Interesante personaje, Zoltan Istvan, aunque veo que la forma en que se presenta en su web cae en la egolatría.

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  2. Lo más cerca que hemos estado de encontrarnos con dinosaurios. Vaya demonios tenían que ser. Una pena no poder ver algo así.

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Los fuertes han sido segregados por la propaganda quejumbrosa de los débiles