23 de agosto de 2015

Capítulo 1 del enfrentamiento de Bolt y Gatlin en Pekín

Estaba nervioso, pero menos nervioso que en otras ocasiones similares porque tenía motivos para celebrar el triunfo de cualquiera de los dos candidatos. Luego ha sido pronto, a los 30 metros de carrera, cuando he pensado que Usain Bolt podría salirse con la suya y derrotar a mi favorito, Justin Gatlin.

Aun torpe, la salida de Bolt ha sido satisfactoria, cediendo poca distancia respecto a Gatlin. En la aceleración posterior, que es el mejor indicador de la forma del fenómeno jamaicano, lo he visto bien, pulverizando a Tyson Gay, como hizo en New York 2008 y Berlín 2009, y avanzando enérgicamente, cerca de Gatlin. En ese momento la carrera se me ofrecía abierta porque no esperaba un final supremo de Bolt, como en London 2012, y sí contaba con una sólida resistencia de Gatlin desde la mitad hasta la meta. Esos rápidos pensamientos se confirmaron en una lucha épica y una resolución algo inesperada. Bolt ha ejercido una gran presión y Gatlin, al que Michael Johnson había elogiado en la jornada previa por la eficacia de su técnica de carrera, ha caído al sentir la amenaza y descomponer su postura en los metros finales, desequilibrándose hacia delante como si se hubiera lanzado antes de tiempo. El resultado habría sido ajustado de cualquier modo, pero pienso que en este error de Gatlin ha podido estar la causa final de su derrota.

El espectáculo ha merecido la pena. Uno de los mejores y el mejor de la historia se han enfrentado y han luchado de tú a tú, sin tregua, a muerte. El bueno contra el malo. Ha habido otros dos grandes en la misma carrera, Tyson Gay y Asafa Powell, pero desdibujados, lo que en el caso de Powell resulta ya cómico porque después de tantos años sigue estando en una forma excelente y, para que todo siga igual, sigue rindiendo muy por debajo de su potencial en mundiales y juegos olímpicos. Mike Rodgers, otro veterano ilustre, ha estado bien, mejor de lo que esperaba, y hemos disfrutado con la presencia de nuevos talentos, los jóvenes Jimmy VicautTrayvon Bromell y, particularmente, el que se me antoja como futuro número 1 de la velocidad mundial, Andre De Grasse, un atleta en el que, pese a no pocas diferencias, hallo semejanzas con el añorado Calvin Smith, exrecordman mundial de los 100 metros. En De Grasse quiero ver una "vieja escuela" de la velocidad.

Me alegro por Bolt y me entristezco por Gatlin. El estadounidense es un campeón y hay que aplaudir lo que ha logrado a su edad y después de haber sido apartado tantos años por los burócratas. Quería que ganara él para abofetear, golpear, a todos los directivos y periodistas deportivos que siguen sosteniendo el mito de los atletas limpios. Hipócritas. Mentirosos. Con los atletas que también lo hacen, menos, no me ensaño porque entiendo que no pueden inmolarse. Están en una posición difícil y lo deseable es que estuvieran callados. Mucho más guapos.

Los 2015 World Championships in Athletics han de continuar y el atletismo también. La rivalidad Bolt vs. Gatlin va a tener un segundo capítulo en los 200 metros, el jueves, y a buen seguro otra temporada de guerra total el año que viene, donde les aguarda Río de Janeiro. Dos superatletas con soluciones diferentes a un desafío común: correr lo más rápido posible. A Bolt lo veo como una fuerza de la naturaleza, un Godzilla del atletismo, con crudeza, de extremada potencia; a Gatlin como un superclase, elegante, fluido, levitando sobre la superficie. Es probable, aunque no seguro, que sigan siendo los más fuertes en 2016.


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Los fuertes han sido segregados por la propaganda quejumbrosa de los débiles