11 de enero de 2015

Las armas deben proteger la libertad de expresión frente a la religión

El homenaje más hermoso que el Gobierno español podría hacer a las víctimas de los atentados en Francia, es derogar el Artículo 525 del Código Penal, que castiga con penas de prisión a quienes "con intención de ofender los sentimientos religiosos", hagan escarnio de dogmas religiosos. Sería una iniciativa encomiable que encontraría el respaldo de la inmensa mayoría de los españoles y de una mayoría de los votantes del PP, sobre todo de la juventud.

Las religiones asiáticas llamadas abrahámicas, esta tragicomedia del judaísmo, el cristianismo y el islam, podrán ser competidoras y esforzarse en debilitar al adversario, pero a la hora de defender su modelo de negocio hablan con una sola voz. Que no nos tomen el pelo. Que no nos engañen. En los últimos años me he cansado de ver a portavoces respetables de estas empresas apelando en las United Nations y otros foros por la persecución penal de quienes se burlen de sus creencias, como si éstas tuvieran una categoría superior, por no hablar de los representantes poco respetables del islam, la secta más inhumana de las tres, que directamente exigen la ejecución de los sarcásticos. ¡Son intolerantes!

Los atentados de Charlie Hebdo, Montrouge y Porte de Vincennes, son unos crímenes incómodos para la militancia religiosa. Como anticipé, he visto cómo en blogs católicos se tomaban distancias con las víctimas de Charlie Hebdo. Ellos no son Charlie Hebdo, proclaman orgullosos, pues aunque el cuerpo les pide reír las gracias sobre Mahoma, saben que pasado mañana se encontrarán con viñetas sobre el buey, Jesús o el asno, y eso no lo pueden tolerar. Además, la masacre ha dado un golpe de muerte a esa vituperable respuesta con la que los ultras cristianos se lamentan ante las sátiras sobre su religión que con tanto ingenio crean profesionales del humor: "¿A que no se atreven a hacerlo con Mahoma?". ¡Lo han hecho y les ha costado la vida, canallas!

Con dijo Ricky Gervais, cualquiera tiene derecho a creer en lo que quiera y cualquiera tiene derecho a encontrarlo jodidamente ridículo. Ni para religiosos con vírgenes en este o el otro mundo, ni para feministas mayores de 60 kilogramos que ven cómo los hombres piropean a las menores de 52 kilogramos, ni para los cinéfilos con Excalibur (1981) y su magno Nicholas Clay como Sir Lancelot. Nuestros más profundos valores pueden y deben ser objeto de escarnio. La información es poder, somos dueños de nuestras fobias y filias, y el conocimiento del pensamiento de los demás nos ayudará a escoger a nuestros amigos en la vida.

Tras exponer mi falta de confianza hacia la cristianería, abordo el fondo de la cuestión: Europa tiene un problema de seguridad y libertad en la musulmanería. Si no nos defendemos, nos impondrán un califato islámico y estaremos cautivos. La manera de responder no pienso que sea con más intervención gubernamental en la forma de controles policiales y migratorios, sino con menos intervención en la forma de supresión de ayudas sociales, de los servicios llamados esenciales, y de una desregulación integral de las trabas que impiden que las personas se armen y recurran a la violencia en legítima defensa. Seguridad jurídica, que sepas que el Estado no te va a castigar si te niegas a prestar servicios a gente que no te gusta, que sepas que el Estado no te obligará a mantener relaciones no consentidas. Donald Trump ha denunciado que los profesionales de Charlie Hebdo estuvieran desarmados y a merced de los terroristas. Los europeos, especialmente aquellos que por sus actividades se hallen amenazados por los militantes islámicos, deben tomar las armas y organizarse para disuadir y, llegado el caso, neutralizar por sus propios medios una agresión terrorista. El papel de las fuerzas de seguridad del Estado ha de ser auxiliar.

En un marco de libre competencia exento de la coacción gubernamental, estoy convencido de que la musulmanería sentirá el rechazo y hallará incentivos para emigrar de vuelta a Asia y África. Que quienes se queden sean los mejores, gente refinada, de buen corazón, honesta, que se identifique con líderes modernos con mujeres con clase, como el presidente Bashar al-Assad de Siria y el rey Abdullah II de Jordania. ¡Estos son los musulmanes a los que debemos dar la bienvenida! A propósito de Bashar al-Assad, reafirmo mi teoría de que la guerra contra el Estado islámico debe librarse mediante alianzas políticas y supremacía tecnológica. El sábado, en La Sexta Noche, el bueno de Francisco Marhuenda (repite mucho que no cree en los Reyes Magos, pero en otros muñecos del Belén sí que cree...) insistía en la vieja fórmula del nation building y el envío de una fuerza expedicionaria a invadir el Estado islámico. No hay necesidad de complicarse la vida. Lo que ha de hacerse es alinearse con Rusia, respaldar con armas a los gobiernos de Irak y Siria, y sostener la cómoda campaña aérea de bombardeos discriminados. Así mismo, urge convencer a la Unión Europa de que desista de entorpecer los planes de viaje al Estado islámico de muchos islamistas que desean unirse al califa Abu Bakr al-Baghdadi. Dejad que se vayan y se concentren todos allí. Hagamos del Estado islámico un campo de concentración de terroristas. Las bombas inteligentes lo agradecerán.

De la corrupción islámica, como de la totalidad de problemas que sufre Europa, se hallarán soluciones dando más poder a la gente. ¡A la gente, no a los políticos y a los funcionarios, que es a quienes se refieren partidos extremistas como Podemos cuando hablan de la gente!

¡Libertad de expresión y armas para disparar contra quienes vengan a matarnos! ¡Europa no será islamizada y será descristianizada!

6 comentarios:

  1. De la misma manera que se prohiben medicamentos o se controla y se retiran los alimentos para evitar daños a la salud pública, a veces pienso si no se debería prohibir tambien las religiones. Aunque no soy muy amigo de prohibir cosas las religiones han mostrado sus efectos perniciosos. Pero siempre me sorprende ver como personas adultas, hechas y derechas, puedan creer en estas, para mí, tonterías. Parece que en vez del siglo XXI todavía estemos en la Edad Media.

    Un saludo
    V.

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    1. Prohibir no, libertad para elegir entre lo pernicioso y lo beneficioso; libertad para que las ideologías compitan entre sí, si se desea recurriendo a las críticas más mordaces, como hacían los —supongo— comunistas de Charlie Hebdo.

      ¡Un saludo!

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  2. Sin duda hay mucha buena doctrina en este artículo, pero me temo que un paso previo y necesario sería revertir la estupidización que aprecio en la sociedad occidental (al menos en Europa). Un fenómeno que consienten o alientan no pocos políticos. Que en España algunos defiendan alegremente la eliminación de fronteras en Melilla o la salida de la OTAN evidencia su falta de miras y constituye un mensaje irresponsable. Ten en cuenta que el otro día unos cuantos tarados se manifestaban en contra de los Reyes Católicos y la toma de Granada...

    Sin ir más lejos, el día del atentado, en un grupo de amigos, comenté que deseaba que los terroristas fuesen eliminados durante su captura, que ése era el mejor resultado posible. Para mi sorpresa, dos de ellos se indignaron y se mostraron estupefactos ante mi postura. Me pareció un claro ejemplo de pensamiento débil.

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    1. Reyes, reinas y torres, como Abu Bakr al-Baghdadi, Ayman al-Zawahiri y Abubakar Shekau, preferiría que fueran capturados con vida para exhibirlos en triunfos romanos; a peones como los de Francia, mejor neutralizarlos in situ.

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  3. En todo este asunto sobran las palabras, las cumbres burocráticas y las declaraciones de principios de los políticos. Europa solo tiene una forma de actuar: el apaciguamiento y las interminables e infructuosas rondas de conversaciones. Da igual lo que ocurra, el resultado siempre es el mismo.

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    1. Cameron quiere aprobar layes para prohibir las comunicaciones encriptadas y facilitar el espionaje de las comunicaciones. Dicen que podría acabar con WhatsApp. Me agrada la carrera de armamentos y que el GCHQ escuche a quien quiera y pueda escuchar, pero las prohibiciones no. ¡No!

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Los fuertes han sido segregados por la propaganda quejumbrosa de los débiles