| Los cuatro grandes en Corea del Sur: Ben Johnson, Calvin Smith, Linford Christie y Carl Lewis |
El panorama de los 100 metros había dado un vuelco desde 1984 y la gesta de Carl Lewis en Los Angeles. Hasta cierto punto era lógico. Habían pasado cuatro años. Las temporadas 85 y 86 habían sido mediocres para las expectativas del fenómeno Lewis, quizá demasiado arrogante, creído de sí mismo y con la atención puesta en otros ámbitos como la música. Algunos especialistas lo consideraban en decadencia, y algunos rivales acabado. Además, el público tenía un nuevo ídolo en el huraño canadiense Ben Johnson, la antítesis atlética y personal del estadounidense. Estas previsiones se demostraron erróneas en los Campeonatos Mundiales de Roma 87, en los que un Lewis convencido de que si corría como él sabía hacerlo ganaría como siempre, renació y ofreció el mayor rendimiento de su carrera, igualando el record mundial de Calvin Smith de 9.93. No obstante, Roma demostró algo más y algo nuevo: el mejor Lewis podía ser batido. Johnson se alzó sobre él con 9.83.
Año olímpico. Johnson sufrió una lesión en la temporada invernal de pista cubierta de 1988. Su preparación se retrasó. Lewis debutó al aire libre con prestaciones excelentes y manifestaciones de empeño renovado en recuperar la hegemonía. La señal inequívoca de que nos encontrábamos ante un Lewis pletórico llegó en julio, en los U.S. Olympic Trials de Indianapolis. Cuando leí en la prensa que Lewis había hecho 9.96 por dos veces y con viento lega, en las series de clasificación, supe que estaba preparado para tomar el oro olímpico en Corea del Sur. Lewis se clasificó venciendo en una final (vídeo) con viento de +5.4 y unos tiempos increíbles: Lewis 9.78, Dennis Mitchell 9.86, Smith 9.87, Albert Robinson 9.88, Joe Deloach 9.90, Mike Marsh 9.94, Emmit King 9.98 y Lee McNeil 10.08. Interrogado a pie de pista, Lewis declaró estar listo para Seúl y para Ben. "Este Carl no puede perder", me decía tratando de convencerme a mí mismo, porque lo cierto es que Johnson me seguía dando miedo.
Calentando motores, Lewis y Johnson se vieron las caras semanas antes de Seúl. Fue el 17 de agosto, en la reunión Zúrich, la más importante del año y un test de la relación de fuerzas de cara a la cita olímpica. ¡Ahora sí! Lewis venció (vídeo) remontando en los metros finales, registrando 9.93, que igualaba su marca personal de Roma en 1987. Smith segundo en 9.97. También teníamos al mejor Smith. Johnson mordió el polvo, tercero en 10.00. Fue un subidón de moral y adrenalina tanto para Lewis como para quienes éramos sus fans. Pero si analizamos hoy la carrera, sin la pasión del momento, podemos encontrar una pista de lo que habría de suceder en Seúl. Johnson no sale de forma tan explosiva como en Roma y desde luego acaba mucho peor, pero es preocupante la ventaja que le toma a Lewis entre los 40 y los 60 metros. Desde la perspectiva de Lewis, eso no debería haber sucedido. Uno se da cuenta de que el potencial de Johnson puede arruinar el día a cualquiera. Con todo, el triunfo de Lewis era el primero sobre Johnson desde 1985, y junto con el establecimiento de la mejor marca del año, ratificó su condición de favorito en las apuestas.
Los Juegos Olímpicos de Seúl se celebraron entre el 17 de septiembre y el 2 de octubre. Lewis y Johnson eran como dos equipos de fútbol, cada uno con partidarios y detractores, lógicamente sin el fanatismo y los bajos instintos que despierta el fútbol, el deporte más sucio dentro y fuera del campo. Lewis era mi ídolo y la carrera me quitaba el sueño. No me fiaba de Johnson. Desconfiaba de sus supuestos problemas físicos y su aparente debilidad. En cuartos de final estuvo a punto de quedarse fuera y se clasificó por tiempos para la semifinal, si bien hubo mucho de exceso de confianza en ello, de echar el freno antes de tiempo. Por el contrario, Lewis corrió magníficamente en las dos primeras rondas, con su elegancia habitual, sin esfuerzo aparente y con marcas de 10.14 y 9.99. Llegamos a las semifinales y los atletas más fuertes son Lewis, muy destacado, el británico Linford Christie, Smith, Mitchell y la incógnita de Johnson. El espejismo se rompería pronto. Lewis vuelve a volar y se pasea en su semifinal con 9.97, dejando muy atrás a su viejo rival americano, Smith, en 10.15. Llega la segunda semifinal y se producen dos salidas nulas. Johnson está enfadado y se retiene en los tacos a la tercera. Sale de forma reservada, acelera, toma la delantera a Christie y cruza la meta en 10.03, con un viento en contra de uno no sé cuánto, si recuerdo bien. Es entonces cuando tomo conciencia de que Johnson está mucho más fuerte de lo que aparentaba y de que Lewis puede perder la final. Era angustioso. El ogro canadiense estaba otra vez a las puertas y amenazaba con aguar la fiesta.
Carl Lewis y Ben Johnson eran atletas diferentes. Alto y estilizado aquél, compacto y fuerte éste. El centro de gravedad bajo, la zancada más corta y la fuerza explosiva, conferían a Johnson una considerable ventaja en las fases de salida y aceleración. Johnson alcanzaba antes su velocidad máxima, que para empeorar las cosas era tan elevada como la de Lewis, casi 44 km/h. La ventaja de Lewis residía en la resistencia a la velocidad. Podía mantener el sprint durante más tiempo que Johnson. En una hipotética carrera igualada, Lewis daría alcance a Johnson entre los 70 y los 100 metros, el tramo en el que los atletas (unos antes y otros después, pero todos) empiezan a frenarse por efecto de la fatiga.
Por desgracia, la final de Seúl fue cualquier cosa menos igualada (vídeo). Johnson volvió a sacrificar al astro americano efectuando una salida prodigiosa, tomando medio metro de ventaja nada más empezar, e incrementando e incrementando la distancia sobre sus perseguidores con una aceleración bestial, con una fuerza sin igual en el atletismo de la década de los 80. A los 50 metros era claro que Lewis no iba a poder remontar. Johnson pasó los 60 metros en 6.33 (su record mundial indoor era de 6.41). Lewis lo hizo en 6.48, una diferencia demasiado grande contra Johnson. Lewis aún fue capaz de acercarse un poco, pero tiró la toalla y se dejó ir en los últimos cinco metros. Lo hizo mirando cómo Johnson le miraba a su vez con el dedo índice levantado. Nuevo record mundial de 9.79. Lewis hacía la carrera de su vida y mejoraba el record americano con 9.92. El futuro campeón olímpico, Christie, bronce con 9.97, record de europa. Y Smith cuarto con 9.99. Yo estaba destrozado, asombrado y admirado. Sufrí por la derrota de mi héroe, pero saludé el espectáculo maravilloso que Johnson nos había proporcionado. Nadie creía seriamente que los 9.83 de Roma fueran a mejorarse en 15 o 20 años. Los 9.79 nos dejaron mudos. Por primera vez, admití que Johnson era el mejor corredor de 100 metros de la historia.
Sabido es que Johnson dio positivo en el control antidoping y fue desposeído de su medalla y su record. Lo que ganó en la pista lo perdió en los despachos. Es justo conforme a la letra de la ley, pero injusto conforme a su espíritu. Lewis, Christie y Mitchell también dieron positivo y fueron perdonados por defectos de forma o juicios de intenciones. Johnson ganó en igualdad de condiciones. Johnson gana cada vez que vemos el vídeo de la carrera y no podrá ser borrado de la historia. Como curiosidad, tres atletas presentes en la final de Los Angeles, en 1984, repitieron en Seúl: Johnson, Lewis y Ray Stewart. El vídeo con el que concluyo este artículo es muy interesante. Vemos repeticiones de esta apasionante final olímpica desde muchos ángulos. Podemos sentir el poder de Ben Johnson, el sensacional velocista canadiense, uno de los mejores de la historia e, indiscutiblemente, el que mejor arranque ha tenido jamás. Su técnica de salida de tacos, impulsándose con las dos piernas al mismo tiempo, no es utilizada por ninguno de los atletas de élite del presente. El siguiente capítulo nos llevará hasta Barcelona 1992.

P.D. Ben Johnson le echa en 2011 una carrera de 800 metros a una mujer.

0 comments:
Publicar un comentario en la entrada
Los comentarios están sujetos a moderación.