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| Carl Lewis en Los Angeles 1984 y en diciembre de 2011 |
Aunque conservo algunos recuerdos más vagos que nítidos de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, los de Los Angeles 1984 son casi fotográficos. Fueron los primeros juegos que viví intensamente, casi obsesivamente, y fueron los juegos que me presentaron a los que serían dos de los ídolos deportivos de mi vida: Carl Lewis y Michael Jordan. De aquí a la inauguración de London 2012 y empezando por Los Angeles 1984, voy a publicar una serie de artículos sobre las últimas finales olímpicas de 100 metros.
En 1984, los 100 metros lisos eran casi un monopolio desde hacía tres años. Carl Lewis era la potencia hegemónica y un atleta con tirón mediático y popular por sus condiciones naturales, por su talento de superdotado. Pese a ello, esta posición dominante tenía contestación. Había otro atleta que podía no sólo derrotar a Lewis sino correr más rápido que él: Calvin Smith, el recordman mundial (9.93 en 1983), y el único atleta que había infligido severas derrotas a King Carl, al batirle en los 100 y 200 metros del meeting de Zurich 1983, venciendo con marcas de 9.97 y 19.99 respectivamente. Lewis no podía dormirse en los laureles, pero para ser francos, se asumía que era notablemente superior a Smith.
La segunda competición más importante de cualquier año en el que haya campeonatos mundiales o juegos olímpicos es la que no solemos ver por televisión: los Campeonatos Nacionales (pruebas de selección) de los Estados Unidos, disputados en el mes de junio, en el mismo Los Angeles Memorial Coliseum. Ahí es donde comenzó la carrera por el más valioso de todos los oros olímpicos, y ahí es donde Smith, debilitado por una reciente lesión, perdió su oportunidad de entrar en el equipo. Sólo los tres primeros obtenían pasaporte para los juegos olímpicos, y Lewis arrasó en una carrera que, en opinión de muchos analistas, fue la mejor de su carrera. Con un viento contrario de -2.2, Lewis alzó los brazos en celebración a 10 metros de la meta, que cruzó en 10.06, por delante de Sam Graddy en 10.21 y Ron Brown en 10.23. Smith quedó cuarto y fuera de los juegos (en la prueba individual, no en el relevo) con 10.29. En este punto, la final olímpica se adivinaba un paseo triunfal de Lewis.
El 3 de agosto comenzaron los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984. Las series clasificatorias reforzaron la sensación de imbatibilidad de Lewis, que en la segunda ronda se paseó con 10.04. Recuerdo verlo en televisión y vibrar de entusiasmo cuando Lewis adelantaba a los otros en las series. Era como un hombre corriendo contra niños. Sólo Graddy, su compatriota y subcampeón estadounidense, seguía su estela en otras series, pero bastante lejos en los tiempos. Era una carrera de Lewis contra Lewis, sólo un fallo podía privarle del oro. En la final, Lewis salió por la calle 7 y se encontró rezagado y en persecución de Graddy, que poseía una potente salida y lideraba la prueba. Se sobrepasaron los 60 metros y Graddy seguía por delante, pero ya era notorio que no iba a ganar. La reacción de Lewis estaba desencadenada. Se abalanzaba a toda máquina. Lo sobrepasó fácilmente y le sacó una ventaja de dos metros, obteniendo una marca de 9.99. Graddy fue segundo con 10.19. Tenemos un vídeo de la prueba con el audio original de la televisión americana. Nótese que el segundo comentarista es el célebre actor y —en el lenguaje moderno— maltratador machista O.J. Simpson, gran velocista en sus tiempos de futbolista en la NFL. Con su triunfo en los 100 metros, Lewis completaba el primer paso hacia la consecución de una ambiciosa misión, entrar en la historia igualando los cuatro oros de Jesse Owens en Berlín 1936 (ante los ojos del Führer), imponiéndose en los 100, la longitud, los 200 y el 4x100.
Esta ha sido la historia de los 100 metros en Los Angeles. Lewis había alcanzado la gloria olímpica. Estaba en el cénit de su poder. Y con estas exhibiciones apabullantes, nadie consideró que sus días de reinado estaban contados. Nadie reparó en el tercer clasificado, el huraño canadiense de la calle 4 que a punto estuvo de arrebatar la plata a Graddy. Una tormenta explosiva se avecinaba: la era del formidable Ben Johnson.


Espero tu siguiente post de Ben Jhonson, a ver que cuentas de él y de sus trampas, un saludo
ResponderSuprimir¡Creo que seré benévolo con él!
ResponderSuprimirUn saludo.
No puedo comentar este post porque....NO VI ESTA CARRERA!!!!....por aquella época mi obsesión deportiva era el baloncesto y aquella olimpiada fue muy importante para España...la que cambió muchas cosas...no mee llamaba la atención el atletismo y sólo recuerdo ver a Carl Lewis en la tv tras las olimpiadas con las cuatro medallas y pensar..."qué de medallas....y qué bonitas sn...."...no sabía lo que se avecinaba....acababa de conocer al que pronto sería mi primer ídolo deportivo....
ResponderSuprimirLa plata de Los Angeles... ¡Fue grande!
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