29 de septiembre de 2011
Grandes momentos de Manny Pacquiao y Floyd Mayweather
Vídeos de magnífica calidad del canal HBO. ¿Cuándo disfrutaremos de un combate entre estos dos campeones? Vea, compare, y si ve a uno mejor, dígalo. Ambos tienen velocidad y precisión, pero Mayweather posee más recursos técnicos, se defiende mejor, recibe menos golpes y, tras la campana del duodécimo asalto, prevalecerá.
28 de septiembre de 2011
Ensayo del Naval Strike Missile
Ensayo realizado en la Naval Air Station Point Mugu, en California. El misil (sin cabeza explosiva en la prueba) de crucero NSM es seguido por un caza en su trayectoria hacia el blanco. Bellísima la toma durante el vuelo rasante sobre el mar.
El fabricante del NSM es la compañía noruega Kongsberg, que actualmente trabaja en una nueva versión de lanzamiento aéreo, el Joint Strike Missile, con capacidad de ataque a tierra y dimensiones que le permiten ajustarse en las bodegas internas del F-35, no comprometiendo así el perfil furtivo del avión.
Los misiles de crucero como el NSM, o el famoso Tomahawk, son el presente de las operaciones de fuego de apoyo naval. Sobre Libia se han disparado un montón. El futuro tendrán que compartirlo con los drones. Me ilusiona mucho más el desarrollo de estos misiles y aviones no tripulados, y por consiguiente la "eliminación de las decisiones humanas en la defensa", que los portaaviones de próxima generación como los de la clase Gerald R. Ford, mastodontes del Pleistoceno que, a mi juicio, deben ser cancelados en favor de una flota de destructores Zumwalt y submarinos Virginia cargados de misiles de crucero, y de la evolución lógica del aircraft carrier al más económico drone carrier.
Los misiles inteligentes son caros, pero no tanto como la construcción y —especialmente— el mantenimiento de fuerzas aéreas embarcadas y de sus pilotos. Un misil de crucero lo enlatas en su celda de lanzamiento, en un navío, y te puedes olvidar totalmente de él, que se queda ahí calentito, listo para ser utilizado en cuestión de segundos. En contraste, imaginad el trabajo que da un portaaviones y, lo que es peor, la inversión de alto riesgo que representa, porque el enemigo va a ir a por él y, si tiene suerte y te lo hunde, el coste de la pérdida es colosal.
26 de septiembre de 2011
Enfrentamiento televisivo entre el presidente y el ministro de finanzas
Ya es oficial que Vladimir Putin será el candidato de Rusia Unida en las elecciones presidenciales de marzo de 2012. Ganará y ascenderá un puesto. Dmitry Medvedev lo descenderá y ocupará el puesto de primer ministro que ahora ejerce su amigo y mentor. Son Batman y Robin. Este panorama ha exacerbado las tensiones —relativas al gasto público en general y al de defensa en particular— ya existentes entre Medvedev y Alexei Kudrin, ministro de finanzas y viceprimer ministro, que declaró en los Estados Unidos que no aceptará en un nuevo gobierno ningún puesto subordinado a Medveded.
El Presidente de Rusia ha contraatacado en un meeting celebrado hoy en la ciudad de Dimitrovgrad.
Medvedev.—Si no estás de acuerdo con la política del presidente, sólo te queda una acción que conoces bien: dimitir. Ésta es la propuesta que te hago.
Kudrin.—Tomaré una decisión sobre tu propuesta tras consultar con el primer ministro (Putin).
Medvedev.—Puedes consultar con quien quieras, incluido el primer ministro, pero soy todavía el presidente y la resolución de esta cuestión depende de mí. Necesitas pensarlo rápidamente y darme una respuesta hoy.
Horas después, Kudrin confirmaba que había presentado su dimisión al presidente.
Para que digan que la democracia rusa no es transparente.
En los anillos de Saturno

Cinco satélites de Saturno en una fotografia tomada por la Cassini-Huygens y publicada el 21 de septiembre: Jano, Pandora (el minúsculo junto al anillo), Encélado, Mimas y Rea. Muy probablemente, Encélado posee un océano bajo su corteza de hielo. Posiblemente, Rea lo posee también. Y estas son solamente cinco de las más de 60 lunas de Saturno, la mayor de las cuales, Titán, es casi tan grande como Marte.
18 de septiembre de 2011
Con Lacoste, a caballo, armado y en moto

Arnold Schwarzenegger en un sensacional set de fotografías (gracias a Kalidor de TODOARNOLD) de alrededor de 1985.
Arnold vuelve. Dos ilusionantes proyectos en preproducción: The Last Stand (2013), interpretando a un sheriff que se interpone en el camino hacia México de un importante traficante de drogas; y Captive (?), reemplazando a Robert de Niro en el papel de un arquitecto secuestrado que lucha contra sus captores para huir. Además, lo veremos en The Expendables 2 (2012) con Sylvester Stallone, Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme, John Travolta, Bruce Willis, Nicolas Cage, Jason Statham, Mickey Rourke y Dolph Lundgren. ¡Uf!
Arnold se dejó ver en Los Angeles el 8 de septiembre, en compañía de su hija Katherine Schwarzenegger.
17 de septiembre de 2011
15 de septiembre de 2011
El SLS es feo y está anticuado

No me gusta el Space Launch System, este pedazo de chatarra que ha presentado la NASA, el mecanismo lanzador que, en teoría, deberá propulsar futuras misiones tripuladas a la Luna y Marte. No me gusta porque es una propuesta tecnológicamente desfasada. La cancelación del Ares V, el cohete precedente, se justificó por su elevado precio y su diseño obsoleto, un "Saturn V con esteroides", como lo definió la NASA. Iluso de mí, pensé que este descarte, aunque retrasara mi viejo sueño de ver llegar al hombre a Marte, supondría un paso adelante en el desarrollo de nuevos sistemas de lanzamiento como raíles electromagnéticos y aviones-cohete de una sola etapa para alcanzar la órbita, y de cohetes nucleares o de plasma (como el VASIMIR) para el salto interplanetario. Una revolución. Pero nada de esto. El consuelo que me queda es que, probablemente, el SLS también será cancelado por Mitt Romney, Rick Perry, o Barack Obama si sale reelegido.
Por una vez, me quedo con el análisis de un político, el representante republicano Dana Rohrabacher: "Today, NASA announced its new design for a deep space exploration system, including a new ‘monster rocket’ based on 40-year-old Space Shuttle technology in an attempt to recapture the glory days of the Apollo Saturn V. To meet the challenges of the 21st century we need bold, creative thinking and new technology development, like on-orbit fuel depots. Nostalgic rocketry is not how great nations invent their future. There's nothing new or innovative in this approach, especially its astronomical price tag, and that's the real tragedy. Unfortunately, after a number of years, perhaps during development or after just a few flights like [the Saturn V], budget pressures will bring this program to an end. Jobs that some politicians are bragging today about saving will be gone, while the new jobs based on new technologies and new enterprises will remain uncreated, because we chose repeating the past over inventing the future."
Como dijo Lord Humungus: "Estoy profundamente decepcionado".
14 de septiembre de 2011
Mis villanos favoritos en la gran pantalla
Adoro a los villanos de cine. Casi siempre deseo que se salgan con la suya o, en el peor de los casos, que no les pase nada malo. ¿Es así porque me considero un villano? No. La vida es compleja y mis impulsos me colocan a medio camino entre el héroe y el villano. Sería capaz de lo mejor, y sería capaz de lo peor. Todo dependería de las circunstancias.
Como en mi artículo anterior sobre mis amores favoritos en la gran pantalla, me limitaré a repasar los villanos que he visto única y exclusivamente en la sala de cine. Y como en mi artículo sobre los amores, debo empezar por una reposición.
Echaba a rodar la década de los 80 cuando tuve la oportunidad de ver Giant (1956). Gran historia sobre la ganadería, el petróleo, la pobreza y la riqueza en Texas, en la primera mitad del siglo XX. Uno de los personajes, concretamente cuando ya es algo viejo y alcohólico, me entusiasmó y me hizo reír a carcajadas. Me refiero a Jett Rink (James Dean), el don nadie que por una pequeña herencia, la ambición y la casualidad, acabó superando en poder al engreído de su jefe. Es discutible catalogar a Rink de villano, pero aceptémoslo como tal porque así se pretende que lo sea en la parte final del film.
Otra reposición que vi por aquellas fechas, Ben-Hur (1956) y el formidable tribuno Messala (Stephen Boyd). Aquí es pertinente interrogarse: ¿es Messala un villano? Judah Ben-Hur es duro, extremadamente duro en su rechazo a colaborar en la identificación de insurgentes. Podría haberse negado sin atacar de esa forma a Roma. Entiendo la decepción de Messala y sus acciones posteriores contra su antiguo amigo, si bien no debió tratar así a la familia de éste, la misma que tanto "le quería". Quizá por estas tribulaciones interiores, Messala es un villano de altura. Además, tiene algo en su presencia física, una figura atlética y noble. Cuando está en pantalla lo disfrutas a tope y te regala escenas extraordinarias. "Druso, soñé con mandar esta guarnición desde que era niño, y ahora la mando. La vida ha corrido".
The Empire Strikes Back (1980) consolida a Darth Vader (David Prowse-James Earl Jones) como una de las fuerzas motrices de la saga. Sin embargo, lo mejor estaba por llegar.
En Excalibur (1981), confieso que Mordred (Robert Addie) me dio miedo. Un personaje siniestro. Nada de mi agrado.
¿Qué voy a contar de Blade Runner (1982) y Rutger Hauer como Roy Batty? Sobre esta obra maestra no se puede decir nada. Ya está todo dicho.
Amigos, un instante de atención porque ahora hablo del villano que más miedo me ha causado jamás. Tan grande era mi temor, que cuando apareció por primera vez en la pantalla quería desaparecer, esconderme detrás de las butacas. Su nombre es Darkness (Tim Curry), de Legend (1985). Por lo demás, un tipo romántico y con buen gusto. Me cayó muy bien.
Return of the Jedi (1983). Un hito en la historia del cine. He aquí el momento de la solemnidad, del respeto y de inclinar mi cabeza ante la magnificencia del Emperador Palpatine (Ian McDiarmid), una persona mala mala mala y un villano bueno bueno bueno. "Con el tiempo, tú me llamarás maestro".
Arnold Schwarzenegger es el Terminator en The Terminator (1984). El Terminator no se detendrá ante nada hasta ver cumplido su objetivo.
Me consta que no soy el único al que le ha pasado: McFee (Danny Glover) acojona en Witness (1985). Huyo corriendo si me tengo que liar a tiros o puñetazos con él... Esto habla en favor del actor.
¿Se puede uno enamorar (heterosexualmente hablando) de un asesino en serie que mata mujeres y niños? Se puede. Estoy enamorado de John Ryder (Rutger Hauer), en The Hitcher (1986). La escena del camión es salvaje.
Olvidad a Connor MacLeod. Olvidad a Ramírez. Olvidad el Premio. La virtud de Highlander (1986) es el Kurgan (Clancy Brown), el más fuerte de todos los inmortales. Qué me decís de su terrorífica aparición en el campo de batalla, sobre un caballo, y de sus primeras palabras: "Hay uno llamado Connor entre ellos...". Se te pone la piel de gallina. ¿Y la escena en la iglesia, cuando se ríe del cura y las monjas? Villano de cinco estrellas.
En Predator (1987) hay que reconocer el suspense que provoca el depredador (Kevin Peter Hall). Terror. Vamos a morir todos... Uno de los mejores personajes del cine de ciencia ficción.
En Wall Street (1987) ya sabéis lo que tenemos. El señor Gordon Gekko (Michael Douglas) es probablemente el personaje que más he envidiado en mi vida. No admirado. Envidiado... Es el matiz. El trabajo de Douglas es de 10/10. ¿Pero por qué le he puesto como villano? Gekko es un héroe, un ejemplo. Votadle y acabará con el Estado de bienestar y los cheques sin fondo que extienden los estados. Votadle y nos sacará de la crisis. "La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena". Los sindicalistas de Blue Star Airlines no entendían a un hombre que pensaba a otro nivel, en varias dimensiones.
En 1492: Conquest of Paradise (1992) es justo mencionar a Adrián de Mújica (Michael Wincott), el orgulloso noble que se rebela contra Cristobal Colón.
El Hauptsturmführer Amon Goeth (Ralph Fiennes), en Schindler's List (1993), cumple su trabajo de matar judíos u obligarlos a trabajar para el Reich. La ley es la ley. Esto no solamente era la legalidad vigente, sino lo políticamente correcto en la mayoría de los países europeos de la época. El genocidio es consustancial a la naturaleza humana. Goeth lo hace muy bien, pero lo que me disgusta es el trato que da a su criada judía. Me esperaba otra cosa, digamos una excepcionalidad... y respecto al film, me sigue resultado algo pesado.
En mi opinión, el mejor villano de todos los tiempos es el general Bethlehem (Will Patton), en The Postman (1997). Nunca he visto nada igual. Un vendedor de fotocopiadoras que tras la Tercera Guerra Mundial se hace a sí mismo en una lucha darwiniana por la jerarquía y la supervivencia. Un caudillo militar, un filósofo y un artista. También un hombre despiadado: «Éramos un país poderoso en su momento. ¿Sabes por qué era poderoso? Porque podíamos. Hasta que llegaron los débiles. Los que decían "no debe" lo arruinaron. Pero yo voy a haceros fuertes de nuevo. Yo seré el nuevo padre de la patria. ¿Y sabéis por qué voy a ser yo? Porque puedo».
Un caso curioso es Air Force One (1997) y sus dos villanos, el general Ivan Radek (Jürgen Prochnow) y su soldado Ivan Korshunov (Gary Oldman). El primero es hasta entrañable, un gobernante genocida que vive a cuerpo de rey en un palacio, en no sé qué república exsoviética. El segundo es un auténtico canalla, un tipo miserable que, como le señala el Presidente de los Estados Unidos (Harrison Ford), no conoce el honor entre soldados. Soberbio Oldman. Korshunov es de los pocos villanos al que he deseado acribillar a tiros personalmente. Otro, quizá aún peor, es el secuestrador interpretado por J.T. Walsh en Breakdown (1996)
En Gladiator (2000), saludo el buen hacer de Joaquin Phoenix como Cómodo, en este caso un villano que aunque débil, cobarde y traumatizado por las experiencias de su vida, es peligroso.
Fuerza, velocidad, agilidad, astucia, valor, determinación e instinto asesino. Conviene tenerlo como amigo, no como enemigo. No te opongas a la voluntad del general Thade (Tim Roth), en Planet of the Apes (2001). De él se dice: "No conoces a Thade. Seguirá yendo a por ti pase lo que pase. Pase lo que pase". Y él dice: "Ese humano me ha mirado...". Thade es capaz de desafiar, e intentar matar, hasta a los dioses de su cultura. Impresionante la escena en que su padre le revela que, en el pasado, los humanos gobernaban a los simios. Thade, aun sabiendo que su padre no le miente, se resiste a creer tamaña herejía: "¡Eso es imposible!". Un personaje de película, y valga la redundancia.
La reciente Watchmen (2009) tiene varios personajes sobresalientes, pero ninguno me encaja en la categoría de villano.
Concluión: mis villanos favoritos, por este orden, son el general Bethlehem, el magnate de las finanzas Gordon Gekko, y el Emperador Palpatine. Estos papeles habrían merecido el Oscar para Will Patton, Michael Douglas e Ian McDiarmid respectivamente.
Como en mi artículo anterior sobre mis amores favoritos en la gran pantalla, me limitaré a repasar los villanos que he visto única y exclusivamente en la sala de cine. Y como en mi artículo sobre los amores, debo empezar por una reposición.
Echaba a rodar la década de los 80 cuando tuve la oportunidad de ver Giant (1956). Gran historia sobre la ganadería, el petróleo, la pobreza y la riqueza en Texas, en la primera mitad del siglo XX. Uno de los personajes, concretamente cuando ya es algo viejo y alcohólico, me entusiasmó y me hizo reír a carcajadas. Me refiero a Jett Rink (James Dean), el don nadie que por una pequeña herencia, la ambición y la casualidad, acabó superando en poder al engreído de su jefe. Es discutible catalogar a Rink de villano, pero aceptémoslo como tal porque así se pretende que lo sea en la parte final del film.
Otra reposición que vi por aquellas fechas, Ben-Hur (1956) y el formidable tribuno Messala (Stephen Boyd). Aquí es pertinente interrogarse: ¿es Messala un villano? Judah Ben-Hur es duro, extremadamente duro en su rechazo a colaborar en la identificación de insurgentes. Podría haberse negado sin atacar de esa forma a Roma. Entiendo la decepción de Messala y sus acciones posteriores contra su antiguo amigo, si bien no debió tratar así a la familia de éste, la misma que tanto "le quería". Quizá por estas tribulaciones interiores, Messala es un villano de altura. Además, tiene algo en su presencia física, una figura atlética y noble. Cuando está en pantalla lo disfrutas a tope y te regala escenas extraordinarias. "Druso, soñé con mandar esta guarnición desde que era niño, y ahora la mando. La vida ha corrido".
The Empire Strikes Back (1980) consolida a Darth Vader (David Prowse-James Earl Jones) como una de las fuerzas motrices de la saga. Sin embargo, lo mejor estaba por llegar.
En Excalibur (1981), confieso que Mordred (Robert Addie) me dio miedo. Un personaje siniestro. Nada de mi agrado.
¿Qué voy a contar de Blade Runner (1982) y Rutger Hauer como Roy Batty? Sobre esta obra maestra no se puede decir nada. Ya está todo dicho.
Amigos, un instante de atención porque ahora hablo del villano que más miedo me ha causado jamás. Tan grande era mi temor, que cuando apareció por primera vez en la pantalla quería desaparecer, esconderme detrás de las butacas. Su nombre es Darkness (Tim Curry), de Legend (1985). Por lo demás, un tipo romántico y con buen gusto. Me cayó muy bien.
Return of the Jedi (1983). Un hito en la historia del cine. He aquí el momento de la solemnidad, del respeto y de inclinar mi cabeza ante la magnificencia del Emperador Palpatine (Ian McDiarmid), una persona mala mala mala y un villano bueno bueno bueno. "Con el tiempo, tú me llamarás maestro".
Arnold Schwarzenegger es el Terminator en The Terminator (1984). El Terminator no se detendrá ante nada hasta ver cumplido su objetivo.
Me consta que no soy el único al que le ha pasado: McFee (Danny Glover) acojona en Witness (1985). Huyo corriendo si me tengo que liar a tiros o puñetazos con él... Esto habla en favor del actor.
¿Se puede uno enamorar (heterosexualmente hablando) de un asesino en serie que mata mujeres y niños? Se puede. Estoy enamorado de John Ryder (Rutger Hauer), en The Hitcher (1986). La escena del camión es salvaje.
Olvidad a Connor MacLeod. Olvidad a Ramírez. Olvidad el Premio. La virtud de Highlander (1986) es el Kurgan (Clancy Brown), el más fuerte de todos los inmortales. Qué me decís de su terrorífica aparición en el campo de batalla, sobre un caballo, y de sus primeras palabras: "Hay uno llamado Connor entre ellos...". Se te pone la piel de gallina. ¿Y la escena en la iglesia, cuando se ríe del cura y las monjas? Villano de cinco estrellas.
En Predator (1987) hay que reconocer el suspense que provoca el depredador (Kevin Peter Hall). Terror. Vamos a morir todos... Uno de los mejores personajes del cine de ciencia ficción.
En Wall Street (1987) ya sabéis lo que tenemos. El señor Gordon Gekko (Michael Douglas) es probablemente el personaje que más he envidiado en mi vida. No admirado. Envidiado... Es el matiz. El trabajo de Douglas es de 10/10. ¿Pero por qué le he puesto como villano? Gekko es un héroe, un ejemplo. Votadle y acabará con el Estado de bienestar y los cheques sin fondo que extienden los estados. Votadle y nos sacará de la crisis. "La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena". Los sindicalistas de Blue Star Airlines no entendían a un hombre que pensaba a otro nivel, en varias dimensiones.
En 1492: Conquest of Paradise (1992) es justo mencionar a Adrián de Mújica (Michael Wincott), el orgulloso noble que se rebela contra Cristobal Colón.
El Hauptsturmführer Amon Goeth (Ralph Fiennes), en Schindler's List (1993), cumple su trabajo de matar judíos u obligarlos a trabajar para el Reich. La ley es la ley. Esto no solamente era la legalidad vigente, sino lo políticamente correcto en la mayoría de los países europeos de la época. El genocidio es consustancial a la naturaleza humana. Goeth lo hace muy bien, pero lo que me disgusta es el trato que da a su criada judía. Me esperaba otra cosa, digamos una excepcionalidad... y respecto al film, me sigue resultado algo pesado.
En mi opinión, el mejor villano de todos los tiempos es el general Bethlehem (Will Patton), en The Postman (1997). Nunca he visto nada igual. Un vendedor de fotocopiadoras que tras la Tercera Guerra Mundial se hace a sí mismo en una lucha darwiniana por la jerarquía y la supervivencia. Un caudillo militar, un filósofo y un artista. También un hombre despiadado: «Éramos un país poderoso en su momento. ¿Sabes por qué era poderoso? Porque podíamos. Hasta que llegaron los débiles. Los que decían "no debe" lo arruinaron. Pero yo voy a haceros fuertes de nuevo. Yo seré el nuevo padre de la patria. ¿Y sabéis por qué voy a ser yo? Porque puedo».
Un caso curioso es Air Force One (1997) y sus dos villanos, el general Ivan Radek (Jürgen Prochnow) y su soldado Ivan Korshunov (Gary Oldman). El primero es hasta entrañable, un gobernante genocida que vive a cuerpo de rey en un palacio, en no sé qué república exsoviética. El segundo es un auténtico canalla, un tipo miserable que, como le señala el Presidente de los Estados Unidos (Harrison Ford), no conoce el honor entre soldados. Soberbio Oldman. Korshunov es de los pocos villanos al que he deseado acribillar a tiros personalmente. Otro, quizá aún peor, es el secuestrador interpretado por J.T. Walsh en Breakdown (1996)
En Gladiator (2000), saludo el buen hacer de Joaquin Phoenix como Cómodo, en este caso un villano que aunque débil, cobarde y traumatizado por las experiencias de su vida, es peligroso.
Fuerza, velocidad, agilidad, astucia, valor, determinación e instinto asesino. Conviene tenerlo como amigo, no como enemigo. No te opongas a la voluntad del general Thade (Tim Roth), en Planet of the Apes (2001). De él se dice: "No conoces a Thade. Seguirá yendo a por ti pase lo que pase. Pase lo que pase". Y él dice: "Ese humano me ha mirado...". Thade es capaz de desafiar, e intentar matar, hasta a los dioses de su cultura. Impresionante la escena en que su padre le revela que, en el pasado, los humanos gobernaban a los simios. Thade, aun sabiendo que su padre no le miente, se resiste a creer tamaña herejía: "¡Eso es imposible!". Un personaje de película, y valga la redundancia.
La reciente Watchmen (2009) tiene varios personajes sobresalientes, pero ninguno me encaja en la categoría de villano.
Concluión: mis villanos favoritos, por este orden, son el general Bethlehem, el magnate de las finanzas Gordon Gekko, y el Emperador Palpatine. Estos papeles habrían merecido el Oscar para Will Patton, Michael Douglas e Ian McDiarmid respectivamente.
13 de septiembre de 2011
Mis amores favoritos en la gran pantalla
Con este artículo hago un recorrido cronológico por mi filmografía como espectador y por las actrices que más me han gustado en sus papeles, que más he amado o deseado cuando las he visto en la sala de cine. Por consiguiente, no cuentan hallazgos en televisión, vídeo, revistas o Internet. Solamente en cine. No estarán todas las que son, alguna se me pasará por alto, pero serán todas las que están. Las etiqueto como ROMÁNTICO o SEXUAL en función del interés principal, que lógicamente no es excluyente. Como prólogo, precisar que comencé a ir al cine a finales de los 70, y que en dos películas fundamentales en mi vida como Star Wars (1977) y Superman (1978) no sentí nada especial por sus protagonistas, Carrie Fisher y Margot Kidder. Les habría dicho que sí como quien dice que no.
Inicio. A comienzos de los 80, no podría determinar el año con exactitud, fui a ver una reposición de Doctor Zhivago (1965), un film maravilloso en el que me enamoré platónicamente de Julie Christie como Lara Antipova. No debe extrañar. Los cuatro personajes masculinos principales (los de Omar Sharif, Rod Steiger, Tom Courtenay y Alec Guinness) también se enamoran de ella. ¡Y como uno de ellos, yo quería escribir poemas a Lara! Con ella desearías pasarte todo el invierno en aquella cabaña de Varykino. (ROMÁNTICO).
Paso al primer estreno, Return of the Jedi (1983), y al subidón, esta vez sí, con Carrie Fisher, Leia, como esclava del gran alabado Jabba the Hutt. Jabba tenía gusto para el vestuario de sus esclavas. Mi sanción solemne de la esclavitud. (SEXUAL)
Segundo flechazo en el cine: The NeverEnding Story (1984) y Tami Stronach como la emperatriz infantil. Acabé deprimido por no poder vivir con ella y con el bondadoso monstruo comedor de rocas (otro monstruo, el lobo Gmork, es candidato al título del personaje que más miedo me haya dado jamás) en Fantasía. (ROMÁNTICO).
No se puede decir que Helen Mirren esté guapa como la capitán Tanya Kirbuk en 2010 (1984), una de mis películas favoritas. Sí se puede decir que, fuera por su acento o por Crom sabe el qué, la fría oficial soviética que ordena y manda a sus subordinados me cazó. Y al final revela su corazoncito... (ROMÁNTICO).
Romancing the Stone (1984) y Kathleen Turner como la alocada escritora Joan Wilder. Michael Douglas debería haber forzado la situación en la noche que pasaron en el viejo avión de los narcotraficantes hallado en la selva. La película en sí me gustó mucho. (SEXUAL).
Once Upon a Time in America (1984). Un nombre, Jennifer Connelly, y dos palabras, joven Deborah. (ROMÁNTICO)
Catherine Mary Stewart es Maggie Gordon, la novia del tontorrón protagonista en la entrañable The Last Starfighter (1984). La novia ideal para los adolescentes. (ROMÁNTICO).
En Pale Rider (1985), el western de Clint Eastwood, hay una "anomalía en Matrix", Sydney Penny como Megan Wheeler, una chica fabulosamente bella. Si yo fuera el predicador, habría aprovechado mi oportunidad, no me habría podido resistir. (ROMÁNTICO).
Twins (1988), con Arnold Schwarzenegger y esa Kelly Preston, Marnie Mason, con minifalda... (SEXUAL).
He de ser franco con Hot Shots! Part Deux (1993) y Brenda Bakke como la agente Michelle Rodham Huddleston. Experimenté un terremoto sexual. Es que sus piernas... cómo será que hay una escena, una cena en la Casa Blanca o no sé dónde, en la que un señor mayor que está junto a su mujer le dice: "Está usted buenísima". ¡Jajajaja! (SEXUAL).
Cuando vi GoldenEye (1995) y a Izabella Scorupco como Natalya Simonova, mi novia de entonces se enfadó por mi continua apología de la belleza de la actriz sueca de origen polaco. Para mí, es la chica Bond más guapa de todas. (ROMÁNTICO).
Una película mala pero entretenidilla. Una mujer de otro planeta. Species (1995) y Natasha Henstridge como la alienígena Sil. Escandaloso. (SEXUAL).
En BraveHeart (1995) me partió el corazón el asesinato de Murron, el personaje de Catherine McCormack. Una canallada hacerle eso a una mujer tan bonita. (ROMÁNTICO).
He aquí a Elizabeth Hurley como Vanessa Kensington en Austin Powers: International Man of Mystery (1997). Hurley es divertida y está increíblemente delgada y sexy. (ROMÁNTICO)
Gladiator (2000) y Connie Nielsen como Lucilla. ¿A quién no le gusta una mujer así? ¿No soy compasivo? (ROMÁNTICO).
Halle Berry, Rebecca Romijn... en X-Men (2000) y sus secuelas hay para hacer un reparto marxista de la riqueza en forma de belleza, pero mis ojos se van hacia Jean Grey, el personaje algo triste e inescrutable de Famke Janssen. Es fascinante. Como dice Lobezno, es "nuestra Jean". (ROMÁNTICO).
En Hulk (2003) vuelvo a caer rendido a los pies de Jennifer Connelly como Betty Ross. (ROMÁNTICO). Hace unos días he visto a Connelly en House of Sand and Fog (2003) y otra vez he quedado sin energía en los escudos.
Con Olga Kurylenko como Camille Montes, en Quantum of Solace (2008), no hay lugar para pensamientos sentimentaloides, visiones de cenas, paseos a la luz de la Luna ni tonterías por el estilo. La ves y sólo puedes pensar en quitarle lo que lleve puesto. (SEXUAL).
De momento, no me viene nada más a la mente, aunque seguro que me olvido de alguien.
— ¿Con quién te irías a una cena formal? Lara Antipova (Christie).
— ¿Con quién te irías de borrachera? Vanessa Kensington (Hurley).
— ¿Con quién tendrías relaciones sexuales consentidas? Jean Grey (Janssen).
— ¿Con quién tendrías relaciones sexuales semiconsentidas? Michelle Rodham (Bakke) y Camille Montes (Kurylenko).
Para concluir, debo formularme la siguiente pregunta: ¿cuál habría sido el personaje no visto en el cine que, de haberlo visto en su momento, más me habría perturbado? La mejor respuesta que se me ocurre en este momento es Emmeline, Brooke Shields en The Blue Lagoon (1980). Es un ángel bronceado.
Inicio. A comienzos de los 80, no podría determinar el año con exactitud, fui a ver una reposición de Doctor Zhivago (1965), un film maravilloso en el que me enamoré platónicamente de Julie Christie como Lara Antipova. No debe extrañar. Los cuatro personajes masculinos principales (los de Omar Sharif, Rod Steiger, Tom Courtenay y Alec Guinness) también se enamoran de ella. ¡Y como uno de ellos, yo quería escribir poemas a Lara! Con ella desearías pasarte todo el invierno en aquella cabaña de Varykino. (ROMÁNTICO).
Paso al primer estreno, Return of the Jedi (1983), y al subidón, esta vez sí, con Carrie Fisher, Leia, como esclava del gran alabado Jabba the Hutt. Jabba tenía gusto para el vestuario de sus esclavas. Mi sanción solemne de la esclavitud. (SEXUAL)
Segundo flechazo en el cine: The NeverEnding Story (1984) y Tami Stronach como la emperatriz infantil. Acabé deprimido por no poder vivir con ella y con el bondadoso monstruo comedor de rocas (otro monstruo, el lobo Gmork, es candidato al título del personaje que más miedo me haya dado jamás) en Fantasía. (ROMÁNTICO).
No se puede decir que Helen Mirren esté guapa como la capitán Tanya Kirbuk en 2010 (1984), una de mis películas favoritas. Sí se puede decir que, fuera por su acento o por Crom sabe el qué, la fría oficial soviética que ordena y manda a sus subordinados me cazó. Y al final revela su corazoncito... (ROMÁNTICO).
Romancing the Stone (1984) y Kathleen Turner como la alocada escritora Joan Wilder. Michael Douglas debería haber forzado la situación en la noche que pasaron en el viejo avión de los narcotraficantes hallado en la selva. La película en sí me gustó mucho. (SEXUAL).
Once Upon a Time in America (1984). Un nombre, Jennifer Connelly, y dos palabras, joven Deborah. (ROMÁNTICO)
Catherine Mary Stewart es Maggie Gordon, la novia del tontorrón protagonista en la entrañable The Last Starfighter (1984). La novia ideal para los adolescentes. (ROMÁNTICO).
En Pale Rider (1985), el western de Clint Eastwood, hay una "anomalía en Matrix", Sydney Penny como Megan Wheeler, una chica fabulosamente bella. Si yo fuera el predicador, habría aprovechado mi oportunidad, no me habría podido resistir. (ROMÁNTICO).
Twins (1988), con Arnold Schwarzenegger y esa Kelly Preston, Marnie Mason, con minifalda... (SEXUAL).
He de ser franco con Hot Shots! Part Deux (1993) y Brenda Bakke como la agente Michelle Rodham Huddleston. Experimenté un terremoto sexual. Es que sus piernas... cómo será que hay una escena, una cena en la Casa Blanca o no sé dónde, en la que un señor mayor que está junto a su mujer le dice: "Está usted buenísima". ¡Jajajaja! (SEXUAL).
Cuando vi GoldenEye (1995) y a Izabella Scorupco como Natalya Simonova, mi novia de entonces se enfadó por mi continua apología de la belleza de la actriz sueca de origen polaco. Para mí, es la chica Bond más guapa de todas. (ROMÁNTICO).
Una película mala pero entretenidilla. Una mujer de otro planeta. Species (1995) y Natasha Henstridge como la alienígena Sil. Escandaloso. (SEXUAL).
En BraveHeart (1995) me partió el corazón el asesinato de Murron, el personaje de Catherine McCormack. Una canallada hacerle eso a una mujer tan bonita. (ROMÁNTICO).
He aquí a Elizabeth Hurley como Vanessa Kensington en Austin Powers: International Man of Mystery (1997). Hurley es divertida y está increíblemente delgada y sexy. (ROMÁNTICO)
Gladiator (2000) y Connie Nielsen como Lucilla. ¿A quién no le gusta una mujer así? ¿No soy compasivo? (ROMÁNTICO).
Halle Berry, Rebecca Romijn... en X-Men (2000) y sus secuelas hay para hacer un reparto marxista de la riqueza en forma de belleza, pero mis ojos se van hacia Jean Grey, el personaje algo triste e inescrutable de Famke Janssen. Es fascinante. Como dice Lobezno, es "nuestra Jean". (ROMÁNTICO).
En Hulk (2003) vuelvo a caer rendido a los pies de Jennifer Connelly como Betty Ross. (ROMÁNTICO). Hace unos días he visto a Connelly en House of Sand and Fog (2003) y otra vez he quedado sin energía en los escudos.
Con Olga Kurylenko como Camille Montes, en Quantum of Solace (2008), no hay lugar para pensamientos sentimentaloides, visiones de cenas, paseos a la luz de la Luna ni tonterías por el estilo. La ves y sólo puedes pensar en quitarle lo que lleve puesto. (SEXUAL).
De momento, no me viene nada más a la mente, aunque seguro que me olvido de alguien.
— ¿Con quién te irías a una cena formal? Lara Antipova (Christie).
— ¿Con quién te irías de borrachera? Vanessa Kensington (Hurley).
— ¿Con quién tendrías relaciones sexuales consentidas? Jean Grey (Janssen).
— ¿Con quién tendrías relaciones sexuales semiconsentidas? Michelle Rodham (Bakke) y Camille Montes (Kurylenko).
Para concluir, debo formularme la siguiente pregunta: ¿cuál habría sido el personaje no visto en el cine que, de haberlo visto en su momento, más me habría perturbado? La mejor respuesta que se me ocurre en este momento es Emmeline, Brooke Shields en The Blue Lagoon (1980). Es un ángel bronceado.
11 de septiembre de 2011
Megan Fox en el Toronto International Film Festival
Antes de ayer, con su marido Brian Austin Green y unos zapatos feos. Mejor otros mostrando las uñas pintadas de rojo.
Bajo fuerte presión de la reacción feminista, Megan Fox ha dejado la dieta vegetariana que tan buenos resultados le estaba dando. Ahora come "un poco de todo". Ha engordado un poco, ha empeorado un poco, pero sigue siendo un mucho.
10 de septiembre de 2011
La política de defensa en los aniversarios del 11-S y Patrick Swayze
Mañana es el décimo aniversario del 11-S, el múltiple ataque terrorista contra los Estados Unidos.
Aquél fue uno de los días más intensos en las vidas de millones de personas en todo el mundo. También para mí, que tras comer con un amigo, me puse a ver el telediario de las 15:00 y me encontré con el World Trade Center en llamas y la confusión sobre lo que había ocurrido. Las primeras noticias hablaban de un pequeño avión y un accidente. Con el impacto del segundo avión, el Flight 175 contra la South Tower, en un cielo despejado, quedó patente que la casualidad era demasiado grande y que nos encontrábamos ante un ataque terrorista. Mi estado era de shock. Mi adrenalina estaba por las nubes y sabía que estaba viviendo un hecho histórico, un segundo Pearl Harbor, con todas las distancias que se pueden trazar.
Sentimientos que me embargaron:
1.º Suspensión de la incredulidad. Las noticias empeoraban y se hablaba de nuevos aviones secuestrados. Cuando aparecieron imágenes del Pentagon en llamas ya fue demasiado. Si inmediatamente me dicen que Godzilla ha emergido del Pacífico y está atacando Los Angeles, creer no me lo creo, pero casi.
2.º Compasión por las víctimas. Ver a la gente tirándose por las ventanas fue horrible. Me emocioné. Algunos saltaban huyendo del humo, para no asfixiarse, y otros lo hacían casi desnudos o con la ropa hecha jirones, literalmente ardiendo.
3.º Conjeturas sobre la autoría del ataque. Aquí no tenía la menor duda: habían sido los de siempre, los activistas musulmanes. Sólo se trataba de discriminar exactamente quiénes. Osama bin Laden me era sobradamente conocido. El sospechoso número 1 para casi todos.
4.º Sed de venganza en el frente interno. El anhelo de una Kristallnacht contra la comunidad islámica radical de América y nuestra Europa. Nada contra los árabes que van a lo suyo y no se meten con nadie, eso por supuesto, pero deseaba acciones punitivas espontáneas contra los militantes islámicos que tienen fe verdadera y conspiran para matarnos aquí, en el Primer Mundo. Soñaba con la visión de mezquitas ardiendo y patrullas ciudadanas disparando sus fusiles de asalto contra los filoterroristas.
5.º Ilusión ante la segura represalia militar de George W. Bush. Ante la magnitud de la destrucción, ante el tamaño de la afrenta, creía que se produciría en cuestión de horas o días un contraataque nuclear limitado contra objetivos en Afganistán o algún otro país indeterminado. El uso de armamento nuclear contra blancos de escaso valor tendría un significado esencialmente simbólico. Paradójicamente, Bush había llegado a la White House con un programa político de aislamiento en política exterior, en contraposición al de intervencionismo y construcción de estados (State-building) de Al Gore.
6.º Satisfacción por las implicaciones en el conflicto de Palestina. La masa musulmánica que ocupa Palestina salió a las calles a celebrar la masacre. Yasser Arafat trató de contenerlos, pero no pudo. Interpreté que esto fortalecería la posición del pueblo más fuerte en los territorios en disputa. Determiné que nos acercaba a la lucha armada y una solución duradera. Hay que alinearse con los fuertes, no con los débiles. Es algo de sentido común.
7.º Decepción con el comportamiento de la oposición socialista en Europa (que no con los gobiernos socialistas en Europa). Este sentimiento de pesar es posterior, ya semanas y meses después. Los progresistas nos mintieron. Enfatizaron la necesidad de potenciar las actividades de los servicios de inteligencia frente a las operaciones puramente militares, pero cuando llegó la hora de la verdad, la hora de apoyar a la CIA, el Mossad y las agencias de países árabes amigos, pusieron el grito en el cielo por algunos asesinatos selectivos o por el transporte de criminales de guerra en jets de lujo. ¡Sinvergüenzas!
El resto, es historia.
¿Se podrían haber hecho las cosas mejor? Siempre se pueden hacer mejor. Retrospectivamente, pienso que las campañas Enduring Freedom e Iraqui Freedom fueron excelentes, unas victorias a bajo coste, pero la presencia militar —más allá del establecimiento de bases permanentes— en Afganistán e Irak ha sido excesiva, especialmente la involucración en el orden público y la administración de estos países. Ha generado mucho desgaste político, económico y relativamente humano. Hay que revaluar esta estrategia. La tecnología es nuestra gran baza. ¿Por qué invadir un país cuando podemos destruir su gobierno y su economía desde el aire? En Libia no se ha empleado un digamos poder aéreo abrumador, ha costado un poco más de tiempo, pero al final se ha conseguido destronar al Rey de Reyes dejando a los rebeldes el protagonismo de la ofensiva terrestre.
En la coyuntura económica actual, las United States Armed Forces están sufriendo recortes de presupuesto y de programas de armamento que, de entrada, no me parecen mal. El territorio continental de los Estados Unidos es inexpugnable en la práctica. No hay que preocuparse por él. Se debe ahorrar en vehículos blindados y en personal. ¡Recortes sociales! También hay que cerrar bases ociosas en el extranjero (¿qué pintan los americanos en Alemania a esta alturas?) y centrarse en el desarrollo de nuevos medios para proyectar la fuerza en el exterior, nuevos misiles balísticos y de crucero, y aviones no tripulados subsónicos e hipersónicos con alcance intercontinental. Hay que sostener caiga quien caiga la hegemonía en los océanos, pero cuestionar la vigencia de los costosísimos y vulnerables superportaaviones. Menos portaaviones y más submarinos lanzamisiles y cruceros con drones. Ahorrar costes y maximizar beneficios. Miniaturización y sofisticación. Hay que deshumanizar las guerras del futuro introduciendo robots y retirando personas. Cancelaría sin remordimientos (bueno, con alguno...) la nueva clase de superportaaviones Gerald R. Ford. Por el coste de uno de estos buques puedes adquirir más de una docena de submarinos Virginia.
A todo esto, el miércoles es el segundo aniversario de la muerte de Patrick Swayze y no hay fecha de estreno para Red Dawn (2011), remake del Red Dawn (1984) dirigido por John Milius. En la nueva versión, Chris Hemsworth interpreta a Jed Eckert, el jefe de los muchachos, el mismo personaje que Swayze en los 80. Vamos a ser honestos: la película pinta muy pero que muy mal. Tienen tan poca confianza en ella que, ante las críticas de algunos medios de comunicación chinos, ha sido modificada en posproducción para sustituir a los invasores de America. Originalmente eran chinos. Ahora son norcoreanos. ¡Los manda el querido líder Kim Jong-il! Es evidente que cambios tan caprichosos restan credibilidad al film. Uno puede consolarse o engañarse pensando que la producción de Casablanca (1942) fue un caos y, contra viento y marea, surgió una gran película. Lo cierto es que titulándose Amanecer Rojo, esta película tendría verdadero sentido conservando el escenario en que se concibió, ambientada en la Guerra Fría y luchando contra la Unión Soviética y sus aliados. Ni China ni —no digamos ya— Corea del Norte pueden ejecutar un asalto anfibio en los Estados Unidos. No tienen con qué y, aunque lo tuvieran, sería inverosímil que burlaran a la USN y alcanzaran la Costa Pacífica, casi tanto como que vencieran la resistencia interna del US ARMY (y de la inagotable milicia) y penetraran en el país. No se puede tomar en serio. La URSS sería otra cosa. Los soviéticos sí podrían lanzar divisiones aerotransportadas contra Alaska y afianzar un ejército de invasión a tener en cuenta, al menos temporalmente. Sería verosímil.
Aquél fue uno de los días más intensos en las vidas de millones de personas en todo el mundo. También para mí, que tras comer con un amigo, me puse a ver el telediario de las 15:00 y me encontré con el World Trade Center en llamas y la confusión sobre lo que había ocurrido. Las primeras noticias hablaban de un pequeño avión y un accidente. Con el impacto del segundo avión, el Flight 175 contra la South Tower, en un cielo despejado, quedó patente que la casualidad era demasiado grande y que nos encontrábamos ante un ataque terrorista. Mi estado era de shock. Mi adrenalina estaba por las nubes y sabía que estaba viviendo un hecho histórico, un segundo Pearl Harbor, con todas las distancias que se pueden trazar.
Sentimientos que me embargaron:
1.º Suspensión de la incredulidad. Las noticias empeoraban y se hablaba de nuevos aviones secuestrados. Cuando aparecieron imágenes del Pentagon en llamas ya fue demasiado. Si inmediatamente me dicen que Godzilla ha emergido del Pacífico y está atacando Los Angeles, creer no me lo creo, pero casi.
2.º Compasión por las víctimas. Ver a la gente tirándose por las ventanas fue horrible. Me emocioné. Algunos saltaban huyendo del humo, para no asfixiarse, y otros lo hacían casi desnudos o con la ropa hecha jirones, literalmente ardiendo.
3.º Conjeturas sobre la autoría del ataque. Aquí no tenía la menor duda: habían sido los de siempre, los activistas musulmanes. Sólo se trataba de discriminar exactamente quiénes. Osama bin Laden me era sobradamente conocido. El sospechoso número 1 para casi todos.
4.º Sed de venganza en el frente interno. El anhelo de una Kristallnacht contra la comunidad islámica radical de América y nuestra Europa. Nada contra los árabes que van a lo suyo y no se meten con nadie, eso por supuesto, pero deseaba acciones punitivas espontáneas contra los militantes islámicos que tienen fe verdadera y conspiran para matarnos aquí, en el Primer Mundo. Soñaba con la visión de mezquitas ardiendo y patrullas ciudadanas disparando sus fusiles de asalto contra los filoterroristas.
5.º Ilusión ante la segura represalia militar de George W. Bush. Ante la magnitud de la destrucción, ante el tamaño de la afrenta, creía que se produciría en cuestión de horas o días un contraataque nuclear limitado contra objetivos en Afganistán o algún otro país indeterminado. El uso de armamento nuclear contra blancos de escaso valor tendría un significado esencialmente simbólico. Paradójicamente, Bush había llegado a la White House con un programa político de aislamiento en política exterior, en contraposición al de intervencionismo y construcción de estados (State-building) de Al Gore.
6.º Satisfacción por las implicaciones en el conflicto de Palestina. La masa musulmánica que ocupa Palestina salió a las calles a celebrar la masacre. Yasser Arafat trató de contenerlos, pero no pudo. Interpreté que esto fortalecería la posición del pueblo más fuerte en los territorios en disputa. Determiné que nos acercaba a la lucha armada y una solución duradera. Hay que alinearse con los fuertes, no con los débiles. Es algo de sentido común.
7.º Decepción con el comportamiento de la oposición socialista en Europa (que no con los gobiernos socialistas en Europa). Este sentimiento de pesar es posterior, ya semanas y meses después. Los progresistas nos mintieron. Enfatizaron la necesidad de potenciar las actividades de los servicios de inteligencia frente a las operaciones puramente militares, pero cuando llegó la hora de la verdad, la hora de apoyar a la CIA, el Mossad y las agencias de países árabes amigos, pusieron el grito en el cielo por algunos asesinatos selectivos o por el transporte de criminales de guerra en jets de lujo. ¡Sinvergüenzas!
El resto, es historia.
¿Se podrían haber hecho las cosas mejor? Siempre se pueden hacer mejor. Retrospectivamente, pienso que las campañas Enduring Freedom e Iraqui Freedom fueron excelentes, unas victorias a bajo coste, pero la presencia militar —más allá del establecimiento de bases permanentes— en Afganistán e Irak ha sido excesiva, especialmente la involucración en el orden público y la administración de estos países. Ha generado mucho desgaste político, económico y relativamente humano. Hay que revaluar esta estrategia. La tecnología es nuestra gran baza. ¿Por qué invadir un país cuando podemos destruir su gobierno y su economía desde el aire? En Libia no se ha empleado un digamos poder aéreo abrumador, ha costado un poco más de tiempo, pero al final se ha conseguido destronar al Rey de Reyes dejando a los rebeldes el protagonismo de la ofensiva terrestre.
En la coyuntura económica actual, las United States Armed Forces están sufriendo recortes de presupuesto y de programas de armamento que, de entrada, no me parecen mal. El territorio continental de los Estados Unidos es inexpugnable en la práctica. No hay que preocuparse por él. Se debe ahorrar en vehículos blindados y en personal. ¡Recortes sociales! También hay que cerrar bases ociosas en el extranjero (¿qué pintan los americanos en Alemania a esta alturas?) y centrarse en el desarrollo de nuevos medios para proyectar la fuerza en el exterior, nuevos misiles balísticos y de crucero, y aviones no tripulados subsónicos e hipersónicos con alcance intercontinental. Hay que sostener caiga quien caiga la hegemonía en los océanos, pero cuestionar la vigencia de los costosísimos y vulnerables superportaaviones. Menos portaaviones y más submarinos lanzamisiles y cruceros con drones. Ahorrar costes y maximizar beneficios. Miniaturización y sofisticación. Hay que deshumanizar las guerras del futuro introduciendo robots y retirando personas. Cancelaría sin remordimientos (bueno, con alguno...) la nueva clase de superportaaviones Gerald R. Ford. Por el coste de uno de estos buques puedes adquirir más de una docena de submarinos Virginia.
A todo esto, el miércoles es el segundo aniversario de la muerte de Patrick Swayze y no hay fecha de estreno para Red Dawn (2011), remake del Red Dawn (1984) dirigido por John Milius. En la nueva versión, Chris Hemsworth interpreta a Jed Eckert, el jefe de los muchachos, el mismo personaje que Swayze en los 80. Vamos a ser honestos: la película pinta muy pero que muy mal. Tienen tan poca confianza en ella que, ante las críticas de algunos medios de comunicación chinos, ha sido modificada en posproducción para sustituir a los invasores de America. Originalmente eran chinos. Ahora son norcoreanos. ¡Los manda el querido líder Kim Jong-il! Es evidente que cambios tan caprichosos restan credibilidad al film. Uno puede consolarse o engañarse pensando que la producción de Casablanca (1942) fue un caos y, contra viento y marea, surgió una gran película. Lo cierto es que titulándose Amanecer Rojo, esta película tendría verdadero sentido conservando el escenario en que se concibió, ambientada en la Guerra Fría y luchando contra la Unión Soviética y sus aliados. Ni China ni —no digamos ya— Corea del Norte pueden ejecutar un asalto anfibio en los Estados Unidos. No tienen con qué y, aunque lo tuvieran, sería inverosímil que burlaran a la USN y alcanzaran la Costa Pacífica, casi tanto como que vencieran la resistencia interna del US ARMY (y de la inagotable milicia) y penetraran en el país. No se puede tomar en serio. La URSS sería otra cosa. Los soviéticos sí podrían lanzar divisiones aerotransportadas contra Alaska y afianzar un ejército de invasión a tener en cuenta, al menos temporalmente. Sería verosímil.
8 de septiembre de 2011
Twitter, la anorexia y la malévola acusación contra la teniente O'Neil
Mediante cartas de extorsión, el Ministerio de Sanidad de Leire Pajín, esa socialista nutrida, ha exigido a Twitter que cierre las cuentas de las personas que rechazan o condenan a las gordas y que tratan de auxiliar a las víctimas de la gula, concienciándolas para que dejen de comer y hagan ejercicio. Pajín tiene un pelotón de hembristas rastreando Twitter y bombardeando a la Unidad de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil con estupideces. La prohibición, siempre la prohibición, el sinónimo de socialismo. ¿Qué es lo que las obesas feministas quieren prohibir? La Cadena SER nos da un ejemplo de expresión a tipificar como "inaceptable", el de una viciosa crónica que desea rehabilitarse: "Mi hermana es muy delgada y yo soy una ballena, me doy asco". Si lo dice será por algo. Seguro que es cierto y da asco. Pero para solucionar un problema, lo primero es reconocer el problema, y esta usuaria de Twitter ha dado un primer paso, una salida positiva hacia la delgadez, la autoestima, la atención masculina y una vida mejor.
Al grano. Definición de anorexia en el diccionario de la Real Academia Española: "Falta anormal de ganas de comer, dentro de un cuadro depresivo, por lo general en mujeres adolescentes, y que puede ser muy grave". ¿Quién en su sano juicio puede "promover" eso? ¿Quién desea que las mujeres estén deprimidas y en estado muy grave? ¡Obviamente nadie! No obstante, el lobby subvencionado de focas feministas no tiene escrúpulos éticos y, sistemáticamente, afirma con descaro que quienes fomentan la belleza y hieren el amor propio de las gordas con la verdad, enfrentándolas al hecho de que sólo mediante la privación de alimentos podrán ser guapas, están haciendo "apología de la anorexia". Es una denuncia deshonesta, como la malévola acusación (de lesbiana) contra la teniente O'Neil para expulsarla de los Navy SEALs.
El trasfondo es ideológico, un frente de batalla en el que debemos luchar mediante todos los medios legales que sean necesarios. No podemos tolerar que el socialismo ultra nos silencie y que las opiniones políticamente correctas deban ser compartidas por imperativo legal. Me niego. Me declaro en rebeldía. Hay que contraargumentar y poner de manifiesto la vileza de estas miembras repugnantes. Las feministas son feas y odian a los hombres con gusto y a las mujeres delgadas, a las mujeres que son sexualmente competitivas y que, a raíz de ello, son discriminadas positivamente en todos los ámbitos profesionales y personales de la vida real. Una discriminación positiva que se produce en un régimen de libertad, sin reglas ni imposiciones de una autoridad, algo que, no hace falta que señale, las feministas detestan casi tanto como a la anónima y bella modelo que está dichosa tras haber firmado un contrato para salir anunciando un BMW. Canallas.
Twitter también se niega. Aplaudamos su respuesta a las cartas de extorsión del Ministerio de Sanidad: "Twitter cree firmemente en la importancia de la libertad de expresión y trabaja para preservarla. Limitar esta libertad en cualquier herramienta social podría producir el resultado adverso de que lo que normalmente se permite en el mundo real se restrinja online. Nos oponemos firmemente a esto, puesto que podría causar en la práctica conflictos con la libertad de expresión". ¡Así se habla! En España no son delito ni la falsa apología de la anorexia, ¡ni la verdadera apología de la misma!, aunque si lo fueran, yo las seguiría reclamando amparándome en la libertad de expresión y opinión. Las leyes están para cumplirse, pero también para cuestionarse cuando se quiera. El comercio de drogas puede ser ilegal hoy, pero opinar que es legítimo y que hay que legalizarlo es perfectamente legal, como no podía ser de otra manera. El conservadurismo radical tiene una agenda oculta para establecer la obligatoriedad de sus preceptos morales. La del progresismo radical es pública. Estas desfavorecidas no se cortan un pelo. La ralea sobrealimentada no va a dictar qué debemos pensar, qué debemos decir, qué debemos escribir, qué debemos comer, o qué peso o edad deben tener las mujeres que nos atraigan sexualmente. Para mí, la relación estatura-peso ideal es de 160 cm/45 kg, 173 cm/50 kg. Estoy dispuesto a declararlo en comisaria, en la Audiencia Nacional o en la Corte Penal Internacional de La Haya. Lo digo porque, por la doctrina apologética de la belleza femenina y masculina de mi blog, siento que el plan socialista para censurar Internet me afecta. Me siento amenazado.
Muchos no sabréis que, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la marcha de la guerra se puso contra Alemania y el pueblo comenzó a sufrir escasez, Joseph Goebbels desató una campaña contra los salones de belleza y las tiendas de lujo. El Führer Adolf Hitler le obligó a rectificar: "No hay necesidad de que la mujer se ponga fea".
Al grano. Definición de anorexia en el diccionario de la Real Academia Española: "Falta anormal de ganas de comer, dentro de un cuadro depresivo, por lo general en mujeres adolescentes, y que puede ser muy grave". ¿Quién en su sano juicio puede "promover" eso? ¿Quién desea que las mujeres estén deprimidas y en estado muy grave? ¡Obviamente nadie! No obstante, el lobby subvencionado de focas feministas no tiene escrúpulos éticos y, sistemáticamente, afirma con descaro que quienes fomentan la belleza y hieren el amor propio de las gordas con la verdad, enfrentándolas al hecho de que sólo mediante la privación de alimentos podrán ser guapas, están haciendo "apología de la anorexia". Es una denuncia deshonesta, como la malévola acusación (de lesbiana) contra la teniente O'Neil para expulsarla de los Navy SEALs.
El trasfondo es ideológico, un frente de batalla en el que debemos luchar mediante todos los medios legales que sean necesarios. No podemos tolerar que el socialismo ultra nos silencie y que las opiniones políticamente correctas deban ser compartidas por imperativo legal. Me niego. Me declaro en rebeldía. Hay que contraargumentar y poner de manifiesto la vileza de estas miembras repugnantes. Las feministas son feas y odian a los hombres con gusto y a las mujeres delgadas, a las mujeres que son sexualmente competitivas y que, a raíz de ello, son discriminadas positivamente en todos los ámbitos profesionales y personales de la vida real. Una discriminación positiva que se produce en un régimen de libertad, sin reglas ni imposiciones de una autoridad, algo que, no hace falta que señale, las feministas detestan casi tanto como a la anónima y bella modelo que está dichosa tras haber firmado un contrato para salir anunciando un BMW. Canallas.
Twitter también se niega. Aplaudamos su respuesta a las cartas de extorsión del Ministerio de Sanidad: "Twitter cree firmemente en la importancia de la libertad de expresión y trabaja para preservarla. Limitar esta libertad en cualquier herramienta social podría producir el resultado adverso de que lo que normalmente se permite en el mundo real se restrinja online. Nos oponemos firmemente a esto, puesto que podría causar en la práctica conflictos con la libertad de expresión". ¡Así se habla! En España no son delito ni la falsa apología de la anorexia, ¡ni la verdadera apología de la misma!, aunque si lo fueran, yo las seguiría reclamando amparándome en la libertad de expresión y opinión. Las leyes están para cumplirse, pero también para cuestionarse cuando se quiera. El comercio de drogas puede ser ilegal hoy, pero opinar que es legítimo y que hay que legalizarlo es perfectamente legal, como no podía ser de otra manera. El conservadurismo radical tiene una agenda oculta para establecer la obligatoriedad de sus preceptos morales. La del progresismo radical es pública. Estas desfavorecidas no se cortan un pelo. La ralea sobrealimentada no va a dictar qué debemos pensar, qué debemos decir, qué debemos escribir, qué debemos comer, o qué peso o edad deben tener las mujeres que nos atraigan sexualmente. Para mí, la relación estatura-peso ideal es de 160 cm/45 kg, 173 cm/50 kg. Estoy dispuesto a declararlo en comisaria, en la Audiencia Nacional o en la Corte Penal Internacional de La Haya. Lo digo porque, por la doctrina apologética de la belleza femenina y masculina de mi blog, siento que el plan socialista para censurar Internet me afecta. Me siento amenazado.
Muchos no sabréis que, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la marcha de la guerra se puso contra Alemania y el pueblo comenzó a sufrir escasez, Joseph Goebbels desató una campaña contra los salones de belleza y las tiendas de lujo. El Führer Adolf Hitler le obligó a rectificar: "No hay necesidad de que la mujer se ponga fea".
5 de septiembre de 2011
Mientras tanto, en una granja abandonada de Canada...

Unos fans viajan a la tierra sagrada en la que se rodó uno de mis diálogos cinematográficos favoritos, porque las películas memorables deben tener frases memorables. Jim Bowers, responsable de la fantástica web CapedWonder, ha viajado a Canada y a las localidades de Barons y Blackie, en Alberta, donde están el colegio y la granja de Smallville, respectivamente. Por si algún despistado no se ha dado cuenta, estoy hablando de las localizaciones de Superman (1978). En las fotos tenéis el colegio donde los chicos se ríen de Clark Kent; el cruce donde Clark se divierte superando al tren con su velocidad; la granja de los Kent, sus padres adoptivos; y el cementerio donde se entierra a Jonathan Kent. Patrimonio cultural de la humanidad.
"He llegado a una conclusión, hijo. Tú estás aquí por alguna razón. No sé cuál ni quién decidió enviarte. Puede obedecer a... la verdad, no lo sé, pero sí te aseguro una cosa: no estás aquí para meter goles".
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