29 de marzo de 2011

There Be Dragons, comunistas, cristianos y nazis en la Guerra Civil

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Gijón (Asturias), 3 de junio de 1939. Los aliados alemanes se preparan para embarcar y regresar victoriosos a la patria


Hay spoilers. There Be Dragons ha estado por debajo de mis expectativas. El prólogo es prometedor, con la voz auténtica del Führer Adolf Hitler embriagando nuestros sentidos, seguida de la de su subordinado Francisco Franco, al tiempo que un texto nos explica de manera escrupulosamente imparcial el contexto de la época y cómo el comunismo y el fascismo se extienden por Europa.

Entramos en el año 1982, el de Naranjito, y en las visicitudes de un periodista que intenta en vano que su padre, un excombatiente de la Guerra Civil Española, le hable de sus experiencias como espía nacional en la vanguardia republicana, así como de su misteriosa relación con Josémaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Saltamos al pasado y he aquí que la historia de los niños Manolo y Josemaría se me hace lenta. Me costó mantener la concentración en el primer tercio del film. Mi mente se ponía a pensar en otras cosas, y eso no es buena señal. Pero cuando se hacen mayores y entran en el seminario mejora algo el ritmo. Los cristianos estarán a gusto. La representación de la Iglesia católica es positiva en general y, la de Escrivá de Balaguer en particular, extraordinaria. Una gran persona que, pese a la ideología compulsiva que condiciona cada acto de su vida, vive sin el odio fanático que caracteriza a enemigos y amigos. Predica con el ejemplo.

Había leído en alguna web que la parte más floja del film es la que transurre durante la guerra, en el segundo tercio, y es exactamente al revés. Las batallas y los acontecimientos que se producen durante y entre ellas no son en absoluto brillantes, pero son lo mejor de lo que hay. En consonancia con la introducción, la narración mantiene un agradable tono neutral, no es apologético ni del bando republicano ni del nacional, y las maldades de unos son compensadas con las maldades de los otros, si bien sospecho que el espectador de derechas quedará un poquito más satisfecho que el de izquierdas. Se pivota sobre la reacción ante el comunismo y el anticlericalismo. Comparto la descripción de las milicias republicanas como hordas imbuidas por la crueldad, y la de los militares españoles como intelectualmente cuadriculados y limitados. Acertada la descripción gráfica de la España de los años 30, triste y atrasada. Los edificios, las habitaciones, los mobiliarios... Lo veía y pensaba que preferiría vivir en una cabaña vikinga en L'Anse aux Meadows. Es una suerte lo mucho que cultural y económicamente ha progresado España.

Un fugaz brote de entusiasmo surgió durante la parte bélica, cuando los republicanos se lamentan de la marcha de la guerra y el factor desequilibrante que supone la ayuda militar de Alemania, ¡el Tercer Reich!, que está proporcionando poder aéreo a los nacionales. —¡El Führer ha venido a socorrernos! —Exclamé, provocando las risas del amigo que me acompañaba. Hay varias escenas de ataques de la aviación aliada contra Madrid y las columnas republicanas, incluidos tanques soviéticos. Los aviones están hechos mediante CGI, con una calidad regular tirando a mala. Creo que son Heinkel He 51 y Messerschmitt Bf 109 de la Legión Cóndor, la fuerza expedicionaria comprometida por el Führer para detener el comunismo en España. Paradójicamente, fue en este tramo de acción donde me llevé la mayor decepción. No voy a decir mentiras: esperaba una gran historia romántica en la que el personaje de Manolo (Wes Bentley, mal), el espía nacional, traicionaría su misión por el amor de la brigadista húngara Idilko (Olga Kurylenko, cómo no), pero nanay, no hay el menor atisbo de escenón como el que sí hay en otra película de Roland Joffé, The Mission (1984), cuando Robert DeNiro descubre que su novia se la está pegando con su hermano, Aidan Quinn. Lo de There Be Dragons no se puede llamar ni triángulo: Idilko está enamorada de una especie de Capitán Unión Soviética, Oriol (Rodrigo Santoro), y desprecia a Manolo. Se puede decir que hasta le da asco. Y a él no se le ocurre otra cosa que esforzarse contumazmente en matarla. Una subtrama que naufraga.

El tercio final del film es malo sin paliativos. La defunción del anciano Manolo (Wes Bentley penosamente maquillado) aburre a las piedras y parece una parodia de la muerte y transformación de David Bowman en 2001 (1968). Hay un supuesto dramatismo y sentimentalismo en este epílogo que no pasa de comedia aburrida para mí. Me entraba una risa cínica. La mejor interpretación del film corre a cargo de Charlie Cox como Escrivá de Balaguer, pero Joffé vive horas bajas y no sabe sacarle partido. Lo malogra. Te derrota el sopor. Se ha dicho que There Be Dragons es propaganda del Opus Dei y quizá esa haya sido la intención, pero el mal hacer de Joffé (director y escritor) no nos deja ni un todo ni una parte de exaltación del cristianismo que consiga conmover al escéptico, como por ejemplo borda y desborda Michael Anderson en la genial y también político-religiosa The Shoes of the Fisherman (1968), con Anthony Quinn. Si una película es la suma de sus escenas memorables, la cuenta de There Be Dragons me sale cero. Pero si una película es la calificación de su plenitud, la nota que me sale es de 5/10. Mediocre. ¡Aunque con Kurylenko!

La Guerra Civil Española, desde la distancia, me despierta sentimientos encontrados. Por un lado la barbarie del comunismo y la muerte de la propiedad privada que significaría, y por el otro la involución cultural del cristianismo que nos retrotrae al medievo y la inquisición. Hay que elegir el mal menor y, en mi opinión, los individuos son más libres (o mejor dicho menos esclavos) en una dictadura nacionalcatólica con una noción rudimentaria de libre empresa, que en una dictadura del proletariado que gobierna mediante el terror y la confiscación de bienes, claro que se podría matizar que no todos los beligerantes del bando nacional luchaban para establecer una dictadura sino contra las expropiaciones y un régimen de origen democrático pero deslegitimado e inviable, como el de Salvador Allende. Forzado a elegir, habría apoyado a Francisco Franco y, por encima de él, a los aliados alemanes con la cruz esvástica. El nazismo se alió con el cristianismo por conveniencia, para combatir al enemigo común. Quien diga lo contrario está calumniando a Hitler. El Führer no quería saber nada de las leyendas asiáticas y, como su círculo interno sabía bien, pensaba ajustar cuentas con las iglesias cristianas tras el final de una guerra mundial en la que Alemania debía salir victoriosa. Salió mal y se retrasó lo inevitable.


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Hamburgo, 9 de junio de 1939. El Reichsmarschall Hermann Göring recibe a los muchachos de la Legión Cóndor a su regreso de España

27 de marzo de 2011

CQC le pone las gafas a Schwarzenegger



En Brasil, mientras le recuerdan el documental Carnival in Rio (1983).

24 de marzo de 2011

Están trabajando en algo en Brasil

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Arnold Schwarzenegger y James Cameron en una fotografía tomada hoy en Brasil, con los indios kayapo. Puede que estén trabajando en un documental sobre la naturaleza.

Olga Kurylenko y la Guerra Civil Española



Estreno en Madrid de There Be Dragons, el 23 de marzo de 2011. Atención a las dos primeras fotografías. ¡Qué fantástica provocación!

There Be Dragons es una historia de la Guerra Civil Española. Olga Kurylenko interpreta a una comunista húngara de las Brigadas Internacionales que, según la sinopsis que he leído, se halla en el centro de una pugna amorosa y política en la que juegan un papel Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei. Puede estar bien. El director es Roland Joffé.

21 de marzo de 2011

Para animar a los muchachos que están bombardeando Libia



Con Voices That Care (1991), artistas y deportistas aliados expresaron su apoyo a las tropas americanas involucradas en la Operation Desert Storm. Entre los intérpretes destacan dos nombres por calidad: Celine Dion y Michael Bolton. Entre los figurantes Mike Tyson, Michael Jordan, Kevin Costner, Kurt Russell, Tommy Lee Jones, Will Smith, Michelle Pfeiffer, Brooke Shields y muchos más.

18 de marzo de 2011

Teléfono rojo, volamos hacia Libia

El mundo nos enseña constantemente que su naturaleza es impredecible. A finales de febrero pensaba que la caída de Muammar Gaddafi era inminente, que su régimen estaba al borde del colapso, pero la realidad me demostró lo contrario: Gaddafi resistió, contraatacó y, observando la recuperada chulería de su hijo predilecto, ayer concluí que las fuerzas sublevadas tenían las horas contadas ante el avance del Ejército libio y la aparente improbabilidad de una intervención armada mientras la atención internacional está fijada en la magnificada crisis de Japón, que quiera Crom no suponga que Europa y los Estados Unidos pierdan el tren del desarrollo nuclear en beneficio de Rusia y China. Me equivoqué y, con la abstención de los gigantes mencionados, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una resolución que autoriza el uso de la fuerza contra el régimen del loco coronel, que ha sellado su destino con esta nada velada amenaza: "Atacaré los aviones de pasajeros". Hay que ir a por él. A riesgo de volver a equivocarme, estoy convencido de que la decisión de remover a Gaddafi ya es firme y no tiene marcha atrás. El descrédito que supondría su permanencia en el poder se me antoja inconcebible. Los eufemismos de la ONU han entrado en juego: se van a utilizar todos los medios que sean necesarios.

Tiempo para repartir tortazos. En los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia e Italia recaerá el peso de las operaciones militares de envergadura. Canadá y Noruega van a enviar aviones F-18 y F-16; los Rafale y Eurofighter de Francia y Reino Unido constituirán la punta de lanza del ataque. ¡España haría no mal sino fatal relegándose a un papel secundario, a proporcionar únicamente apoyo logísitico! No se puede consentir. No se puede tirar el dinero que hemos gastado en equipamiento moderno. Hay que movilizar al menos una de las fragatas Álvaro de Bazán y, con la condición de que se le permita entrar en combate y disparar contra algo, poner a disposición de los aliados un escuadrón de nuestros propios cazabombarderos Eurofighter. ¡Se acabaron las disputas partidistas! Si actúan con intrepidez, estoy con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y con la ministra Carme Chacón. Confío en el sentido de Estado de Mariano Rajoy, aunque temo que alguno de los políticos-robot del PP de la clase de María Dolores de Cospedal o Esteban González Pons aparezcan en televisión con reticencias estúpidas y una actitud vergonzante del estilo de la de los socialistas cuando están en la oposición. Hay poco que perder y no poco que ganar. Es una campaña contra un supervillano cuyas fuerzas son muy inferiores a las nuestras. Europa vencerá y se beneficiará en la forma de un protectorado en Libia y mejores condiciones en los contratos de importación de gas y petróleo, algo que Gaddafi había prometido a Rusia y China si bloqueaban la resolución en la ONU.

Caballeros, la acción en Libia está a punto de caramelo. Si las fuentes diplomáticas están en lo cierto, la ofensiva puede comenzar en cualquier momento, hoy mismo. Desgraciadamente y por razones de política interna, hemos perdido a Angela Merkel. La alemana está aislada y radicalizada en las cuestiones de Libia y Japón. Me ha decepcionado. Habría disfrutado muchísimo con la Luftwaffe maniobrando una vez más por los cielos del norte de África, en esta ocasión codo con codo con los británicos y americanos, pero no podrá ser. ¡Seguimos adelante! Un saludo al comandante supremo Barack Obama y a los líderes europeos David Cameron, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi. Ellos conducirán la campaña a una conclusión favorable a nuestros intereses. Recordemos que el Primer Ministro Británico siempre ha creído en esta guerra y no ha cesado en sus esfuerzos por desencadenarla. Pienso que los planificadores militares prevén deserciones masivas en cuanto las primeras bombas destruyan los aeródromos, centros de mando y demás objetivos militares. Ojalá sea posible capturar con vida al "rey de reyes". Después de Osama bin Laden, que es el indiscutible número 1, Muammar Gaddafi es el estadista contemporáneo que más ilusión me provoca imaginarlo bajo la custodia de tropas de la NATO. ¿Qué hará cuando se vea perdido? ¿Huirá a esconderse al desierto como Sadam Hussein, se suicidará en su bunker como Adolf Hitler o se entregará como Napoleon Bonaparte? ¡Quién sabe! Como he expresado alguna vez, yo me inclinaría por el romanticismo de un epílogo teatral, la huida a un reducto nacional, el equivalente libio de la Masadá de los judíos en la guerra contra Roma, o la —nunca utilizada— Fortaleza Alpina (Alpenfestung) de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. En definitiva, una ciudadela en la que caer junto a tus seres queridos y tu guardia pretoriana.

Sigamos los acontecimientos.

17 de marzo de 2011

De las aventuras americanas del primer secretario Khrushchev

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¡He aquí una buena foto para compartir! Unión Soviética, embajada de los Estados Unidos en Moscú, 4 de julio de 1961. El Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Khrushchev, saluda a la mujer e hijas del embajador Llewellyn Thompson. De las medallas que lleva el líder de la clase trabajadora, quizá una sea por su actuación como comisario político durante la Batalla de Stalingrado, un papel mostrado de pasada en el film Enemy at the Gates (2001), en el que Bob Hoskins interpreta a Khrushchev. Mirad... Las niñas parece que tengan miedo de que las coma el comunista.

Dos años antes, en septiembre de 1959 e invitado por Dwight Eisenhower, Khrushchev viajó a los Estados Unidos y estuvo en la tierra de Hollywood, California, acompañado de su tercera mujer (en una actitud que le honra, Khrushchev se negó a que el ataúd de su primera mujer, fallecida de tifus, entrara en la iglesia de Kalinovka camino del cementerio), la desfavorecida Nina Petrovna Kukharchuk, en absoluto representante de la belleza de las mujeres más favorecidas del mundo. El calvo y pequeño hombre ruso aterrizó en Los Angeles y conoció a muchas estrellas de cine: Kirk Douglas, Tony Curtis, Edward G. Robinson, Marilyn Monroe, Bob Hope, Deborah Kerr, Kim Novak, Gregory Peck, Rita Hayworth, Ginger Rogers, Judy Garland, Jean Simmons, Henry Fonda, Elizabeth Taylor o la por estas fechas moribunda Zsa Zsa Gabor.

Burro y patán, Khrushchev era bien conocido en círculos diplomáticos por sus escasas habilidades sociales y por incomodar a los anfitriones, que pese a sus esfuerzos por agradarle, se encontraban con declaraciones extemporáneas sobre la fortaleza del comunismo y cómo éste pronto enterraría a los Estados Unidos y demás potencias capitalistas. Fanfarronadas que enrarecían el ambiente sin necesidad. Por consiguiente, fue una relativa sorpresa lo que sucedió cuando Twentieth Century Fox invitó a Khrushchev al rodaje de la película Can-Can, protagonizada por Frank Sinatra y Shirley MacLaine, reconocibles en las fotografías inferiores. A su entrada al estudio, los artistas no subvencionados brindaron al primer secretario un aplauso que, según Los Angeles Times, fue "friendly but not vociferous". Las salidas de tono del invitado se produjeron poco después, en la comida que se preparó en su honor.

La cosa no empezó bien. Ya en ruta hacia el Paris Café, el líder soviético se quejó de la cantidad de coches ocupados por una sola persona y del "despilfarro" que esto suponía (socialismo es igual a racionamiento). Pero la buena comida no la despreció. Bien alimentado y tras los postres, Khrushchev le enseñó fotografías de sus nietos a David Niven y narró historias de sus andanzas durante la Guerra Civil Rusa y la Segunda Guerra Mundial. También bromeó con Gary Cooper mientras Charlton Heston intercambiaba impresiones con el escritor soviético Mikhail Sholokhov. Luego, Khrushchev se dirigió de forma descortés a los atónitos artistas: "¿Qué país tiene el mejor ballet? ¿El vuestro? No tenéis ni un teatro de ópera y ballet permanente. Vuestros teatros prosperan gracias a lo que reciben de la gente rica. En nuestro país es el Estado el que da el dinero, y el mejor ballet es el de la Unión Soviética. Es nuestro orgullo". No contento con ello, entró visiblemente en cólera cuando le comunicaron que no visitaría Disneyland porque la policía no podría garantizar su seguridad allí. "¡Es inconcebible! ¿Cómo le explico esto a mi gente", bramó.

Ronald Reagan fue uno de los pocos actores que declinó la invitación a la comida.

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Kate Middleton en bikini

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El príncipe se está poniendo las botas (no han esperado a estar casados).

El amanecer de Mariah Carey

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Las fotografías uno a cinco son de 1989-1991; la última no lo sé con exactitud, pero es de los 90. Es el amanecer de Mariah Carey. Del ocaso mejor no hablamos. Este blog lo leen niños y debo bloquear los contenidos inadecuados.

Los buenos años de Juliette Lewis

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En las fotografías de 1991-1992, Juliette Lewis con su entonces novio, el hombre más deseado de la Tierra.

12 de marzo de 2011

Teaser trailer de Conan


Houston, tenemos un teaser trailer de Conan the barbarian (2011). Cero patatero en creatividad, es excesivamente convencional y el tono grandilocuente del narrador resulta sonrojante, pero hay una cosa que no me disgusta y otra que hasta promete: Jason Momoa blandiendo la espada y la música de Tyler Bates (Watchmen y 300). Como conclusión, todavía hay que esperar al primer trailer oficial para realizar una predicción algo fundamentada. Hasta entonces: "I live, I love, I slay and I'm content".

8 de marzo de 2011

¿A quién ama Gilbert Grape?

He visto por primera vez What's Eating Gilbert Grape (1993), dirigida por Lasse Hallström y protagonizada por Johnny Depp. Me ha parecido bastante modesta, de andar por casa (televisión), pero me apetece escribir algo sobre ella porque trata sobre una de mis fobias personales: la obesidad de algunas personas.

Gilbert Grape (Depp) es un noble muchacho de pueblo que, tras el suicidio de su padre, se convierte en el cabeza de familia (foto) y cuida de sus dos hermanas; de su hermano Arnie (Leonardo DiCaprio), retrasado mental; y de su madre Bonnie, una gorda tan gorda que apenas es capaz de desplazarse unos metros por sí misma. Gilbert trabaja haciendo horas extras en una pequeña tienda de comestibles cuyo futuro se encuentra amenazado por el progreso: la instalación de un centro comercial moderno y un establecimiento de comida rápida. Los amigos de Gilbert le animan a digievolucionar y buscar trabajo en estos sitios, pero él se niega y se mantiene leal a su empleador.

El lío con una mujer casada interpretada por Mary Steenburgen, que ha cambiado muy poco de los 40 años que tenía entonces a los casi 60 que tiene ahora, es el único divertimento en la aburrida vida de Gilbert, al menos hasta la llegada de Becky (Juliette Lewis, novia de Brad Pitt en aquella época), una chica que está accidentalmente de paso por la ciudad y que es ese "algo nuevo" que él espera. Se entabla una relación de tipo sentimental entre Gilbert y Becky, despertando los celos de la madura amante de aquél. La parte romántica del film no va muy allá y pasa sin pena ni gloria. El punto fuerte se haya en la relación de Gilbert con su hermano Arnie y su madre-dinosaurio Bonnie.

A grandes rasgos, lo que yo veo que le falta a Gilbert Grape es fuerza de carácter para enfrentarse a la vida y los problemas familiares. Hay veces en las que un hombre debe dar un puñetazo sobre la mesa. Gilbert es demasiado indulgente la mayoría de las veces. No obstante, me he sentido identificado con el trato cariñoso que le da al joven Arnie, que está tan consentido que te hace perder los nervios. Sólo necesita un poco de mano dura porque es obvio que puede aprender a portarse mejor si se le aprietan los tornillos. Debo decir que aunque no suelen impresionarme demasiado las interpretaciones de personajes subnormales, DiCaprio está sensacional y fue nominado al Oscar con motivo.

Lo de la madre de los hermanitos es harina de otro costal. Tiene delito. La actriz Darlene Cates, una depravada en la vida real, interpreta sin problemas a esta mujer que, se supone, fue bella y simpática en la juventud, pero que a la muerte de su marido cayó en una depresión, se recluyó en casa e incrementó su masa hasta convertirse en lo que sus avergonzados hijos llaman "una ballena", un ser inmundo del que todo el mundo en el pueblo de Endora se ríe. He aquí la problemática social que nos presenta el film, la de las personas que, por propia voluntad, hacen la vida difícil a sus familiares. Bonnie es la primera y última responsable de su degeneración, si bien, Gilbert no está exento de una parte de la culpa por abastecerla y por no adoptar la única medida realmente efectiva con estos viciosos: la privación de alimentos.

En un par de escenas y recordando las historias que hace años me contaron mi exnovia y mi extrenador, que respectivamente tenían una amiga y una novia con familiares decrépitos agobiándoles en casa, sospeché que la trama giraría hacia el asesinato de Bonnie por parte de sus hijos. La amiga de mi exnovia estaba deseando que su abuela muriera o alguien la matara (yo expliqué que si sufriera una buena caída al salir del ascensor probablemente no sobreviviría) para hacer una fiesta de despedida con las primas. Pero me equivoqué, nadie intenta matar a Bonnie, e incluso cerca del final, Gilbert reúne el valor para presentarle a su novia Becky, que por supuesto ha sido advertida de lo que se va a encontrar. "Yo no siempre fui así", acierta a decir Bonnie. Es un instante ofensivo para el espectador sensible.

Felizmente, Bonnie muere poco después de causas naturales, a resultas del esfuerzo que realiza para subir las escaleras de su casa. Hay que llamar a una grúa y a la Guardia Nacional para sacarla de la cama, pero los hermanos queman la casa —con su madre dentro— antes de la operación de extracción, con la supuesta intención de que así nadie se ría de ella. En realidad, más parece una ceremonia de liberación en la que se representa la incineración de un pasado triste, plagado de malos recuerdos, y el nacimiento de una vida más esperanzadora. Tras la conmoción del momento y mientras contemplan las llamas, se interpreta que los cuatro hermanos se sienten aliviados al deshacerse de su madre.

Nada más que contar. Una película que se puede ver una vez y a la que doy un 6/10. Lo mejor, el papel de Leonardo DiCaprio, brillante durante todo el metraje y magistral en la escena en que se encuentra a Bonnie muerta y no comprende lo que sucede. La moraleja: no hay que dejar que nadie amargue nuestra existencia. La gente debe buscar la felicidad y destruir o rodear cualquier cosa o persona que se interponga en su camino. No hay que permitir que nadie se aproveche de nosotros.

Otras películas de Johnny Depp que he visto en las últimas semanas, también por primera vez, son Edward Scissorhands (1990), atroz, no me extraña que nunca quisiera verla; From Hell (2001), floja, él guapísimo; y Public Enemies (2001), que te deja con la sensación de que podría haber dado más de sí, aunque el romance entre Depp y Marion Cotillard funciona muy bien.

Payasadas de Victoria Justice

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6 de marzo de 2011

Remontando a Ben Johson en los Commonwealth Games



Es el año 1982 y se disputa la final de los 100 metros de los Commonwealth Games de Brisbane, Australia. Son nueve calles. Los hombres a seguir son dos atletas de pura fuerza bruta, el poder emergente Ben Johnson de Canadá, por calle número 7; y el campeón olímpico Allan Wells del Reino Unido, por la calle número 8. Wells compite en representación de Escocia ya que, en los Commonwealth Games, el Reino Unido lleva por separado a las selecciones deportivas de Escocia, Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra (las "Home Nations").

En la salida y los primeros apoyos, Johnson y Wells se mantienen parejos; la aceleración del canadiense comienza a distanciarlo aproximadamente a partir de los 20 metros, pero Wells reacciona sobre los 50 metros e inicia una remontada que le lleva a capturar y superar (foto de la llegada) al futuro dominador de la prueba reina del atletismo. Wells oro con 10.02 ventosos (no sé la velocidad exacta del viento); Johnson plata con 10.05; Cameron Sharp (Escocia) bronce con 10.07. Como se puede apreciar, la técnica de Johnson era bastante mejor que la de Wells, que pese a derrochar energía, se impone por su mayor resistencia a la velocidad. En 1982 y desde el año anterior, el más rápido en la distancia era Carl Lewis (10.00 en 1981 y 1982).

5 de marzo de 2011

Diez sobre diez

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Victoria Justice en los premios de la organización racista NAACP, en el Shrine Auditorium de Los Angeles, el 4 de marzo de 2011. 10/10.