Cuanto más veo The Island (2005), más me gusta. Ya es una de mis películas favoritas. Acción, ciencia ficción... Y romance. Para mí, se trata de un film eminentemente romántico, en parte, que no únicamente, porque posee una de las escenas de amor más brillantes que haya visto, algo que nunca habría previsto de un director como Michael Bay, que en Pearl Harbor (2001) y Transformers (2007), perpetra la narración de unas love stories lamentables, especialmente la del triangulo amoroso de Pearl Harbor, tan cursi, tan odioso, que uno desea apagar la televisión cuando lo ve. Es la demostración de que tanto en la guerra como en el amor, el señor Bay es capaz de lo mejor y de lo peor.
En The Island, Jordan Dos Delta (Scarlett Johansson) y Lincoln Seis Echo (Ewan McGregor) no lo saben, pero son dos de los centenares de clones creados por una corporación, mantenidos en unas instalaciones secretas, en el engaño de que la Tierra está contaminada y la esperanza de ser evacuados a una isla segura, paradisíaca, donde la especie humana comenzará la repoblación. Ir a la isla es la ilusión de sus vidas. Claro que, en realidad, los supuestos afortunados que regularmente son transportados a la isla reciben una inyección letal o son gaseados con el fin de extraer sus órganos, que son entregados a los clientes, los donantes del material genético, que desean curar enfermedades, vivir más tiempo, etc. Hay una escena dramática de un parto en el que a la madre, una clon, le ponen la etiqueta identificativa de los cadáveres en los dedos del pie, justo tras dar a luz, y tras dejarla ver a su hijo durante unos instantes, le administran la inyección letal. El bebé es inmediatamente adoptado por la cliente y su marido. Un aborto a la inversa.
El inteligente Lincoln, que alberga sospechas de que algo no funciona bien, descubre lo que se mueve y se da a la fuga al exterior con su preciada Jordan (que ya ha sido señalada para la eliminación), de la que para nosotros, los espectadores, está no muy secretamente enamorado, y con la que conforme a las reglas de régimen interno del complejo, no puede tener contacto físico alguno. Rápidamente, el director de la corporacion, el doctor Merrick (Sean Benn), contrata un equipo de caza liderado por el formidable Albert Laurent, interpretado por Djimon Hounsou, una verdadera escultura negra, un hombre con una planta que haría exclamar de emoción a Leni Riefenstahl durante sus expediciones por África. Laurent es un cazarrecompensas frío, profesional, metódico, aunque tras conocer lo que se está haciendo con los clones en la corporación, tiene dudas sobre la moralidad de su misión. Lo que sigue es la lucha de Jordan Dos y Lincoln Seis por sobrevivir, por burlar a los perseguidores y encontrar a los millonarios patrocinadores que pagaron por los órganos, en la inocencia de que, al hacerles saber la forma en que se consiguen, les ayudarán a denunciar la trama.
Conclusión: Jordan Dos es finalmente capturada por el cazarrecompensas Albert Laurent... No sin antes proporcionarnos (alrededor del minuto 1:42 de este film de 2:16 de duración) el momento y la frase memorables que inspiran este post: "La isla existe. Somos nosotros". O en la versión original: "The island is real. It's us". Con la música que pongo abajo.




















