23 de diciembre de 2011

El mito de Ra Morgana, la hija de la brujería



La fuerza motriz de cualquier historia de fantasía no recae en los monstruos y los artificios que la componen, recae en las personas. Esta es la razón por la que Child of Sorcery (Savage Sword of Conan#29), publicada en mayo de 1978, con guión de Roy Thomas y dibujos de Ernie Chan, es una de las aventuras de Conan que, sin ser del todo redonda, más he disfrutado desde que la leí por primera vez hace la tira de años.

Nuestro cimmerio tiene un papel relativamente secundario; la narradora y verdadera protagonista es una mujer entrada en la cuarentena, con signos de una prematura vejez marchitando su aún bella figura. Está cansada y amargada por una vida inútil de reclusión. Es la suma sacerdotisa de un culto religioso compuesto exclusivamente por mujeres y, mientras medita sobre su existencia, llevan a su presencia a una joven caída en desgracia: Ra Morgana, de cabello negro y ojos azules... la acólita más sagrada de la orden ya que, según la mitología del culto, fue engendrada por un dios que poseyó a su madre.

Ra Morgana es culpable de haber sido sorprendida "en los brazos de un hombre". Ella asegura que le quiere y que desea marcharse con él. ¡Intolerable! Las jerarcas están indignadas, escandalizadas, y piden un castigo ejemplarizante para los amantes, pero la suma sacerdotisa hace valer su autoridad y dispone que será ella quien juzgue y sentencie, porque su criterio es infalible y su voluntad la de la congregación. Ordena que todas salgan de la estancia para que pueda hablar a solas con la "hija de la brujería". Es un diálogo de madre a hija. Después de 20 años, ha llegado la hora de sincerarse. La suma sacerdotisa va a contarle a su hija una verdad que la ayudará a tomar la decisión correcta.

Desde su más temprana juventud, la futura suma sacerdotisa y madre de Ra Morgana, una mujer sin nombre, relata cómo fue instruida en las artes místicas de su religión, dominando algunos poderes mágicos que la volvieron arrogante. Su vanidad se deshizo la noche en que fue raptada por un malvado brujo que, valiéndose de su superioridad de género, su machismo y sus habilidades oscuras, la arrastró hasta su fortaleza y la encarceló con la intención de emplearla en actividades de recreo, por supuesto de naturaleza sexual, una deshonra para el credo de la sacerdotisa, que exige castidad. No obstante, las cadenas del brujo pueden aprisionar su cuerpo, pero no así su espíritu.

La mujer recurrió a sus mermados poderes para caer en éxtasis y proyectar su "yo astral" fuera de los dominios de su carcelero, hacia la oscuridad de la noche, en la búsqueda desesperada de una salvación, ¡de un protector para sí misma! Entonces fue cuando lo vio: "Un hombre trepando por los abismos de las montañas del norte, un bárbaro de melena negra, ojos azules, piel bronceada y cicatrices de muchas batallas". La hechicera se materializó ante él, como una aparición fantasmal, y cuando la espada del bárbaro se interpuso entre ellos más rápido de lo que su vista pudo seguir, supo que había encontrado a la persona adecuada. Le tranquilizó y rogó auxilio, prometiéndole una recompensa de oro y riquezas si la liberaba de las garras del brujo. El guerrero desconfió... aunque seducido por la sugerente forma femenina de la aparición, aceptó la oferta.

Los acontecimientos se precipitaron. El nigromante llegó a la celda en la que retenía a su víctima, dispuesto a satisfacer sus apetitos. Ella le previno: "Mi campeón se acerca". La batalla entre el "campeón" y el pervertido raptor, que es apoyado por una serie de demonios a los que invoca, es la parte menos interesante de la historia, cargada de excesivas criaturas demoníacas de lo más insustanciales. Es una masacre. Contra todo pronóstico desde la perspectiva de su enemigo, el guerrero nórdico se revela invencible. Todos los diablos sucumben a su espada y, en el desenlace, el propio brujo cae mortalmente herido por el acero hyrkanio. La joven es rescatada y llevada a las montañas en los brazos de su campeón. En ese momento, ella olvida todo lo referente a su posición, su destino y su responsabilidad. Sólo existe la pasión de la noche y la crushing gentleness of his embrace.

Al día siguiente, cuando están cerca de los muros del monasterio, el hogar de la sacerdotisa, ella le pide que la espere ahí hasta que pueda sacar subrepticiamente el oro prometido. Esta escena de la despedida es el clímax. Él rechaza su paga y la insta a dejar atrás la triste rutina de su vida, a mandarlo todo "al infierno" e irse con él "al mundo abierto". Ella vacila y le pide que haga una promesa... Una promesa que el bárbaro no podrá cumplir: "Si me voy contigo, ¿estarás siempre conmigo? Podré girarme hacia ti y encontrarte siempre a mi lado". Lo que él puede prometerle es la libertad y la oportunidad de recorrer juntos el mundo, hasta que decidan separarse. Ella no se atreve a dar ese paso y llora cuando, finalmente, se dicen adiós para no volver a verse jamás.

A su lúgubre regreso al monasterio, la sacerdotisa cuenta a las "hermanas" que ha logrado escapar con ayuda de los dioses, y que uno de ellos la ha tomado. Está embarazada. Así se gesta el mito de Ra Morgana, la hija de la brujería y la chica a la que, en el epílogo, su madre da vía libre para tomar el camino que ella se arrepintió de no haber tomado en el pasado.




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