Los submarinos involucrados en estos ensayos son de última generación.
Hay que empezar por la Royal Navy y el HMS Astute, que se encuentra en el Golfo de México probando sus sistemas. En el vídeo de ITN, el Astute efectúa el lanzamiento de misiles de crucero Tomahawk, ya empleados por la Royal Navy durante las guerras de Afganistán, Irak y Libia. El Astute es el submarino que en 2010 sufrió el vergonzoso incidente de quedar varado en aguas escocesas. Durante la operación de rescate, el Astute colisionó con uno de los remolcadores y resultó ligeramente dañado. El comandante fue relevado de su puesto.
Aunque los portaaviones son técnicamente insustituibles en tareas de apoyo aéreo cercano, su concurso en el bombardeo de blancos fijos es cada vez menos relevante, pues este servicio pueden realizarlo misiles de crucero desde buques o submarinos, o bombarderos postestratégicos en servicio o, sobre todo, en desarrollo, y estoy pensando en el Next-Generation Bomber de la USAF. Es por ello que al día de hoy y contra mis propios sentimientos, soy partidario de una retirada paulatina de los portaaviones convencionales y una apuesta por la compra masiva de misiles de crucero y aviones no tripulados basados en tierra o embarcados.
Tras las —relativamente— malas experiencias de Irak y Afganistán, y el cómodo tiro al plato en Libia, las campañas militares del mañana tienen que basarse en el pilar de la superioridad tecnológica y la guerra aérea y marítima, recortando el papel de los ejércitos de tierra, reduciéndolos, una reordenación de la que se habla últimamente en el USDOD. Menos invasiones, menos nation-building (tal y como George W. Bush lo estipuló en su programa electoral de 2000, aunque los acontecimientos le hicieran rectificar), y más empleo de la aviación y el bombardeo de forma masiva y discriminada. Y lo mejor de todo es que saldrá mucho más barato.
Para desnuclearizar Irán no hacen falta intervenciones terrestres que, demostrado está, a la larga se vuelven impopulares. Hay que ceder el protagonismo a las máquinas que vuelan, navegan y se sumergen. Ellas pueden hacer el trabajo en poco tiempo, con bajos costes y bajos riesgos. Las bombas inteligentes y los misiles dirigidos van a poner a Irán de rodillas. Mitt Romney ha proclamado estar listo para la guerra. La cercanía de las elecciones y la necesidad de ofrecer una imagen de fortaleza, presionan a Barack Obama en favor de la guerra. En un ámbito diferente, con Obama puede pasar como con José Luis Rodríguez Zapatero, que en el tramo final de su presidencia ha descubierto su mejor rostro y ha tomado medidas de ajuste económico insuficientes, pero en la dirección correcta, al auxilio de los mercados y contra la mafia sindical y funcionarial. ¡Obama tiene que darnos esta guerra! El mundo necesita una guerra (se sobreentiende que de fácil victoria), una descarga de adrenalina para salir del pesimismo de la crisis y estimular el flujo de capitales y la movilidad laboral, por supuesto sin menoscabo de la acción principal, la economía, siempre la economía, con los ajustes, recortes y —donde sea preciso— liquidaciones del tejido improductivo y ese terrorífico Estado de bienestar que tantas quiebras y tanto sufrimiento provoca. La clave es una noción biológica: adaptación.
Rusia espera un pequeño superávit presupuestario para fin de año, gracias a los recortes en despilfarro social y las ventas de hidrocarburos, de modo que también afina sus últimos juguetes, en concreto el submarino de misiles balísiticos Yury Dolgorukiy, de la clase Borei, que a finales de noviembre está programado que lance dos misiles Bulava, un arma de destrucción masiva impresionante, con un alcance de unos 8.000 kilómetros, una defensa de señuelos y contramedidas electrónicas en vuelo, y espacio interior para hasta diez cabezas nucleares independientes, es decir, que se separan en la reentrada atmosférica y atacan blancos (ciudades, industrias, puertos, etcétera) dispersos. Hasta ahora, el Bulava no ha funcionado muy bien, ha habido muchos fallos en los tests, pero para eso es para lo que se hacen, para pulir los defectos de diseño o de materiales. El pájaro volará con sus kilotones.

Ya se acerca esta operación tanto tiempo anhelada. Sólo hay que salvar el escollo ruso y, por fin, Irán verá arrasada su capacidad nuclear.
ResponderSuprimirTienes razón en que, esta ocasión, no son necesarias fuerzas terrestres. No se trata de invadir Irán, sino de eliminar toda posibilidad de que desarrolle armamento nuclear, lo que supondría una grave amenaza contra la paz y seguridad occidentales.
Costarán un poco más que en Libia, pero el éxito está garantizado. Incluso podría lograrlo Israel en solitario, aun no siendo lo deseable.
Es cierto que esta operación ya se ha retrasado otras veces. No obstante, quiero pensar que esta vez no habrá vuelta atrás. No bastan las sanciones.
¿Qué fecha sería la idónea, a tu juicio? Enero de 2012 podría ser un buen momento. Obama no puede titubear, el Premio Nobel de la Paz debe movilizar a sus fuerzas cuanto antes.
A ver si al final nos va a caer una bulava de esas en la cabeza.
ResponderSuprimirLamentablemente tengo que estar de acuerdo con usted. Aquí hace falta una buena guerra de esas técnologicas.
El mundo siempre ha funcionado mejor despues de una buena escabechina de nazis, coreanos o musulmanes.
Espantapájaros, no cabe duda de que estamos asistiendo a una forma de guerra psicológica, de presión sobre Irán mediante la amenaza de la fuerza. También es cierto que los rumores y las "señales" de un ataque nunca han sido tan fuertes como en los últimos días. Sólo quiero señalar un detalle, un hecho que tampoco es necesariamente vinculante sobre lo que haya de pasar: la mayoría de las guerras del último siglo no han sido por sorpresa, han sido anunciadas más por tambores que por flautas. Creo que habrá acción en cualquier momento a partir de ahora y antes de las presidenciales americanas de 2012.
ResponderSuprimirRetronauta, hablando de nazis, el propio Hitler previno del riesgo de que los pueblos que no batallan en mucho tiempo se sumerjan en la decadencia. La paz perpetua es una quimera, pero una paz relativamente duradera suele obtenerse mediante el "ajuste" de la guerra. En Oriente hay una revolución en el gallinero que en modo alguno se limita a Irán, Israel y, por extensión, los Estados Unidos. Arabia Saudí, Egipto y Turquía observan lo que ocurre, porque si Irán se arma, ellos se armarán más pronto que tarde.