
Gijón (Asturias), 3 de junio de 1939. Los aliados alemanes se preparan para embarcar y regresar victoriosos a la patria
Hay spoilers. There Be Dragons ha estado por debajo de mis expectativas. El prólogo es prometedor, con la voz auténtica del Führer Adolf Hitler embriagando nuestros sentidos, seguida de la de su subordinado Francisco Franco, al tiempo que un texto nos explica de manera escrupulosamente imparcial el contexto de la época y cómo el comunismo y el fascismo se extienden por Europa.
Entramos en el año 1982, el de Naranjito, y en las visicitudes de un periodista que intenta en vano que su padre, un excombatiente de la Guerra Civil Española, le hable de sus experiencias como espía nacional en la vanguardia republicana, así como de su misteriosa relación con Josémaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Saltamos al pasado y he aquí que la historia de los niños Manolo y Josemaría se me hace lenta. Me costó mantener la concentración en el primer tercio del film. Mi mente se ponía a pensar en otras cosas, y eso no es buena señal. Pero cuando se hacen mayores y entran en el seminario mejora algo el ritmo. Los cristianos estarán a gusto. La representación de la Iglesia católica es positiva en general y, la de Escrivá de Balaguer en particular, extraordinaria. Una gran persona que, pese a la ideología compulsiva que condiciona cada acto de su vida, vive sin el odio fanático que caracteriza a enemigos y amigos. Predica con el ejemplo.
Había leído en alguna web que la parte más floja del film es la que transurre durante la guerra, en el segundo tercio, y es exactamente al revés. Las batallas y los acontecimientos que se producen durante y entre ellas no son en absoluto brillantes, pero son lo mejor de lo que hay. En consonancia con la introducción, la narración mantiene un agradable tono neutral, no es apologético ni del bando republicano ni del nacional, y las maldades de unos son compensadas con las maldades de los otros, si bien sospecho que el espectador de derechas quedará un poquito más satisfecho que el de izquierdas. Se pivota sobre la reacción ante el comunismo y el anticlericalismo. Comparto la descripción de las milicias republicanas como hordas imbuidas por la crueldad, y la de los militares españoles como intelectualmente cuadriculados y limitados. Acertada la descripción gráfica de la España de los años 30, triste y atrasada. Los edificios, las habitaciones, los mobiliarios... Lo veía y pensaba que preferiría vivir en una cabaña vikinga en L'Anse aux Meadows. Es una suerte lo mucho que cultural y económicamente ha progresado España.
Un fugaz brote de entusiasmo surgió durante la parte bélica, cuando los republicanos se lamentan de la marcha de la guerra y el factor desequilibrante que supone la ayuda militar de Alemania, ¡el Tercer Reich!, que está proporcionando poder aéreo a los nacionales. —¡El Führer ha venido a socorrernos! —Exclamé, provocando las risas del amigo que me acompañaba. Hay varias escenas de ataques de la aviación aliada contra Madrid y las columnas republicanas, incluidos tanques soviéticos. Los aviones están hechos mediante CGI, con una calidad regular tirando a mala. Creo que son Heinkel He 51 y Messerschmitt Bf 109 de la Legión Cóndor, la fuerza expedicionaria comprometida por el Führer para detener el comunismo en España. Paradójicamente, fue en este tramo de acción donde me llevé la mayor decepción. No voy a decir mentiras: esperaba una gran historia romántica en la que el personaje de Manolo (Wes Bentley, mal), el espía nacional, traicionaría su misión por el amor de la brigadista húngara Idilko (Olga Kurylenko, cómo no), pero nanay, no hay el menor atisbo de escenón como el que sí hay en otra película de Roland Joffé, The Mission (1984), cuando Robert DeNiro descubre que su novia se la está pegando con su hermano, Aidan Quinn. Lo de There Be Dragons no se puede llamar ni triángulo: Idilko está enamorada de una especie de Capitán Unión Soviética, Oriol (Rodrigo Santoro), y desprecia a Manolo. Se puede decir que hasta le da asco. Y a él no se le ocurre otra cosa que esforzarse contumazmente en matarla. Una subtrama que naufraga.
El tercio final del film es malo sin paliativos. La defunción del anciano Manolo (Wes Bentley penosamente maquillado) aburre a las piedras y parece una parodia de la muerte y transformación de David Bowman en 2001 (1968). Hay un supuesto dramatismo y sentimentalismo en este epílogo que no pasa de comedia aburrida para mí. Me entraba una risa cínica. La mejor interpretación del film corre a cargo de Charlie Cox como Escrivá de Balaguer, pero Joffé vive horas bajas y no sabe sacarle partido. Lo malogra. Te derrota el sopor. Se ha dicho que There Be Dragons es propaganda del Opus Dei y quizá esa haya sido la intención, pero el mal hacer de Joffé (director y escritor) no nos deja ni un todo ni una parte de exaltación del cristianismo que consiga conmover al escéptico, como por ejemplo borda y desborda Michael Anderson en la genial y también político-religiosa The Shoes of the Fisherman (1968), con Anthony Quinn. Si una película es la suma de sus escenas memorables, la cuenta de There Be Dragons me sale cero. Pero si una película es la calificación de su plenitud, la nota que me sale es de 5/10. Mediocre. ¡Aunque con Kurylenko!
La Guerra Civil Española, desde la distancia, me despierta sentimientos encontrados. Por un lado la barbarie del comunismo y la muerte de la propiedad privada que significaría, y por el otro la involución cultural del cristianismo que nos retrotrae al medievo y la inquisición. Hay que elegir el mal menor y, en mi opinión, los individuos son más libres (o mejor dicho menos esclavos) en una dictadura nacionalcatólica con una noción rudimentaria de libre empresa, que en una dictadura del proletariado que gobierna mediante el terror y la confiscación de bienes, claro que se podría matizar que no todos los beligerantes del bando nacional luchaban para establecer una dictadura sino contra las expropiaciones y un régimen de origen democrático pero deslegitimado e inviable, como el de Salvador Allende. Forzado a elegir, habría apoyado a Francisco Franco y, por encima de él, a los aliados alemanes con la cruz esvástica. El nazismo se alió con el cristianismo por conveniencia, para combatir al enemigo común. Quien diga lo contrario está calumniando a Hitler. El Führer no quería saber nada de las leyendas asiáticas y, como su círculo interno sabía bien, pensaba ajustar cuentas con las iglesias cristianas tras el final de una guerra mundial en la que Alemania debía salir victoriosa. Salió mal y se retrasó lo inevitable.

Hamburgo, 9 de junio de 1939. El Reichsmarschall Hermann Göring recibe a los muchachos de la Legión Cóndor a su regreso de España

Un magnífico análisis Octopus. Coincido plenamente en la valoración que muestras. La película es como incompleta siempre le falta algo, siempre te deja a medias. Tiene buenos elementos pero también importantes lagunas. Le falta empaque, mejor factura, y mayor grado de trascendencia épica.
ResponderSuprimirGracias Nestor. Cuanto más pienso en esta película, menos me gusta.
ResponderSuprimirEstimado pulpo, me alegro de encontrate de nuevo despues de tantos años (mas de 10).
ResponderSuprimirUn saludo.
Wiking ( de aquel foro de aquel servidor de acceso a internet de cuyo nombre ni me acuerdo ya)
Perdona por el atisbo de radicalidad que me afecta en este tema...pero no voy a leer este post...ni ver esta película..como me pasa con todo lo que lleve la etiquete de Opus Dei...
ResponderSuprimir¡Wiking, un saludo amigo! Yo también me alegro. Creo que era el foro de Tiscali... ¡Hace muuuchos años!
ResponderSuprimirCalma Tensa, te diré lo mismo que Viper a Maverick: "Tiene que sobreponerse".
Apenas no han enseñado a la bella Olga... .Lo mejor de esta película es la forma tan imparcial con la que la han tratado , cosa rara cuando se trata de la guerra civil española.Muy buenas fotografías.
ResponderSuprimirEstoy de acuerdo, Noega. No nos han dado un mitín político.
ResponderSuprimirNo voy a ver la pelicula gracias a esta critica,no me interesa perder el tiempo que es oro.Gracias por el aviso Mr Octopus.
ResponderSuprimirUna reflexión:
Los pocos emperadores notables de la última época del imperio romano, como Septimio Severo, Diocleciano o Juliano, pasaron a la historia como villanos gracias a la máquina implacable de inutilidad que fue el cristianismo (como en general todas las religiones oficiales, que son un nido de víboras intrigantes copando privilegios).
OLGERD VLADISLAV
Olgerd, el cristianismo fue para la cultura europea como el Vesubio para Pompeya.
ResponderSuprimirNo se entiende Europa sin el cristianismo, Europa es cristiana y cuna de los mas grandes pensadores y civilizaciones de la historia, gracias precisamente al cristianismo. Mal que le pese a los nazis y comunistas, principales enemigos del cristianismo en el siglo XX y XXI.
ResponderSuprimir"como el Vesubio para Pompeya."
ResponderSuprimirTotalmente de acuerdo, tomemoslo con humor como los autenticos romanos.
http://3.bp.blogspot.com/-UJtmkBqFDc0/TWV5Qnr2IRI/AAAAAAAABAw/BsgePDfp8sA/s1600/benhur.jpg
OLGERD VLADISLAV
¡El tribuno Messala! Uno de los grandes personajes de la historia del cine: "Sólo vivís de sueños fallidos de vuestros mitos del pasado. La gloria de Salomón pasó, ¿aún crees que volverá? ¡Ni Josué ni David han de levantarse para salvaros! Sólo existe una realidad en el mundo de hoy. ¡Mira hacia Occidente Judá! ¡No seas necio, mira hacia Roma!". La cultura europea y el mundo grecorromano eran un espejo en el que el Tercer Reich se miraba. Por eso a Hitler le dolió tanto la invasión de Grecia, forzada por la incompetencia de Mussolini, y prohibió taxativamente que se bombardease Atenas: "La justicia histórica me obliga a declarar que de los enemigos que tomaron posiciones contra nosotros, los soldados griegos lucharon particularmente con el más alto coraje. Sólo capitularon cuando la resistencia se había vuelto imposible y sin sentido".
ResponderSuprimirUna precisión. La foto que encabeza este artículo no está tomada en Gijón, sino en el puerto de Vigo. Lo que se ve arriba a la izquierda son las torres de la concatedral y los soldados desfilan por el solar donde se ha construido hace poco el centro comercial A Laxe. La gente que se ve sobre la muralla está en la placita donde se encuentra el popular restaurante El Mosquito. Ahora, desde allí hay una plataforma peatonal que permite acceder al centro comercial pasando sobre la calle Cánovas del Castillo.
ResponderSuprimirSaludos
Gracias por la precisión. En tal caso mi fuente está equivocada.
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