26 de febrero de 2011

La Batalla de Trípoli

La historia se está escribiendo para nosotros y no somos del todo conscientes de ello. Se echa de menos el trabajo de reporteros de guerra y no nos están llegado imágenes de los combates que, según la BBC y otros medios, se desarrollan en estos momentos en la capital libia. ¡La Batalla de Trípoli ha comenzado, y no es probable que Muammar al-Gaddafi retenga el poder a su conclusión! La Libia socialista que enarboló la causa árabe en Palestina, el antiimperialismo, la gratuidad de la educación, la sanidad y la vivienda, tiene los días contados. El hermano líder ha quemado todas sus naves y, al contrario que los más presentables Ben Ali de Túnez y Hosni Mubarak de Egipto, exiliados en Arabia Saudí y el propio Egipto respectivamente, no parece tener quién le acoja. No hay salida. La lucha a vida o muerte es la única opción.

El primer mundo tiene la obligación de velar por sus legítimos intereses económicos y geopolíticos. El Secretario General de la NATO, Anders Fogh Rasmussen, ha declarado que la Alianza vigila de cerca la situación. El embajador libio en las Naciones Unidas ha arremetido contra Gaddafi, y en las últimas horas se extienden los rumores sobre una hipotética operación militar aliada, de entrada para socorrer a los refugiados, y una vez dentro para reforzar a los combatientes opositores al mítico revolucionario socialista, posibilidad que ya ha sido denunciada por su amigo y camarada Fidel Castro. La decisión final la tiene la autoridad suprema, Barack Obama. Hay que proveer la instauración de un gobierno responsable, moderno y privatizador. Hay que profundizar las reformas económicas liberalizadoras que, justo es reconocerlo, Gadaffi había emprendido forzado por las circunstancias, como —salvando las grandes distancias— ha hecho José Luis Rodríguez Zapatero.

Las Fuerzas Armadas de Libia no suponen la menor amenaza para los ejércitos aliados. El inventario de armas libio es obsoleto, risible. Sirva como muestra que la Fuerza Aérea Libia sólo dispone en estos momentos de un cazabombardero operativo, he dicho uno, un Mirage F-1. El 21 de febrero desertaron a Malta dos pilotos libios en sendos F-1. Un tercer F-1 se perdió el 23 de febrero tras la eyección deliberada del piloto para destruir el avión. Y la Marina libia, que no tiene submarinos de ataque, navega una triste fragata y dos corroídas corbetas de fabricación soviética. Una confrontación sería como jugar con la PlayStation, pero es seguro que los libios no presentarían batalla. Se rendirían de inmediato.

De momento, tenemos varios escenarios que se pueden presentar, y todos pintan mal para Gaddafi: el sector del ejército que todavía es leal al orden constitucional puede contraatacar y masacrar a los rebeldes con armamento pesado o químico, pero la matanza precipitaría la invasión de la NATO. Dicho sector del ejército también podría sublevarse, sumarse a los rebeldes y derrocar al tambaleante presidente, que en el mejor de los casos podría huir al desierto en busca de su Berchtesgaden, un reducto nacional desde el que organizar la resistencia e incordiar con una pequeña guerra tribal de semanas o meses de duración. Del modo que sea, mi predicción es que la caída de Gaddafi es inminente. Su régimen no puede sobrevivir a esta presión nacional e internacional.

Sentí mucha compasión por Hosni Mubarak, un gobernante al que la historia juzgará postiviamente. Por Gadaffi no siento ninguna, es un criminal, y no lo digo de forma retórica, como lo hace el ultra que va a una manifestación a desahogarse llamando "asesino" al presidente de turno. No, lo digo completamente en serio. A Gadaffi se le acusa de auténticas atrocidades, de financiar y organizar innumerables estragos terroristas por todo el mundo, como por ejemplo el del Pan Am Flight 103. Sadam Hussein gaseando poblaciones levantadas en armas me merece cierto respeto porque no deja de ser un hombre luchando contra sus enemigos, disputando el poder, matando o muriendo. Pero las bombas en discotecas y aviones, el matar por matar, son crímenes contra la humanidad que, como dijo Fedor von Bock, atentan contra la disciplina militar. Me alegraré si Gadaffi es capturado con vida y llevado ante un tribunal internacional, aunque solamente sea por disfrutar del espectáculo que es perfectamente capaz de montar.

5 comments:

  1. A mi lo que me preocupa es lo que vaya a venir después. Ya sea en Libia, Túnez, Egipto o cualquier otro país...siempre he estado seguro que esta gente necesita una dictadura. Basta con estar con ellos un mes para comprenderlo. Hay que atarlos en corto. lo reconozco: tengo miedo.

    ResponderSuprimir
  2. Desde luego. Existe el riesgo de que los islamistas tomen el poder, como sucedió en Irán. Hay que conjurar ese riesgo y procurar el gobierno menos malo.

    ResponderSuprimir
  3. Sí, ese es el riesgo ahora. Aún recuerdo cuando se marchó el Sha y ocupó su lugar Jomeini y luego Ajmahdineyad, el que dice que en Irán los homosexuales no son problema porque "no existen".

    ResponderSuprimir
  4. Así es Zueras, ese es el riesgo, pero a Jomeini le sustituyó como líder supremo el actual Ali Jamenei, no Mahmoud Ahmadinejad, que es el presidente. En teoría, el líder supremo tiene más poder que el presidente, de hecho puede hasta destituirlo.

    ResponderSuprimir
  5. Gadafi será un dictador,un criminal...pero hasta ahora Libia era un pais prospero done vivian 2,5 millones de emigrantes de Egipto,Tunez,etc...Si ganan los rebeldes nos vamos a encontrar con otro Iraq.Todo el norte de Africa será llevado bajo la batuta de islamismo integrista.¿Preferimos eso?Yo creo que se deberia haber actuados desde la primera revuelta y haber "guiado" esos cambios.España,Italia y el resto de Europa lo van a pasar muy mal con tanto cambio.Veo la mano de Al Qaeda detras de todo esto

    ResponderSuprimir

Los comentarios están sujetos a moderación.