Burt Lancaster y Kirk Douglas en Siete Días de Mayo
Vamos con una en blanco y negro,
Seven Days in May (1964), dirigida por
John Frankenheimer y con la ventaja de un guión del que un resumen oral de 15 segundos es suficiente para convencerte de que tienes una idea con la que rodar una gran película. Pero el resultado no es satisfactorio.
Estamos en el apogeo de la Guerra Fría y el inquilino de la Casa Blanca se nos presenta como un hombre incapaz, enfermo, y rodeado de asesores inútiles, de alcohólicos e intelectuales pacifistas y pedantes. El presidente Jordan Lyman (
Fredrich March) ha firmado un polémico tratado de desarme nuclear con la Unión Soviética cuya implementación —por parte del lado soviético— será difícil de verificar y que, además, dejará Europa a merced de la superioridad cuantitativa de las divisiones blindadas del Pacto de Varsovia. El Pentágono y una parte de la sociedad, que se sugiere mayoritaria, claman en contra de tratado que pone en riesgo la seguridad nacional, pero el presidente sigue erre que erre con su plan de "paz por seguridad".
Una nación apesadumbrada mira a la derecha y a la atractiva figura de un político no profesional, el condecorado general James Mattoon Scott (
Burt Lancaster), Jefe del Estado Mayor Conjunto. Scott no es el estereotipado militar loco, es un hombre cabal que desde el conocimiento del peligroso curso que están tomando los acontecimientos, alberga una legítima preocupación y la convicción de que el presidente Lyman lleva a los Estados Unidos al desastre, a la aniquilación nuclear. Por ello, a disgusto pero embargado por la responsabilidad, Scott lidera una conspiración militar para asestar un golpe de Estado, deponer al presidente y establecer un gobierno temporal de unidad nacional hasta la convocatoria de elecciones. Le secunda parte del Congreso y la casi totalidad del Estado Mayor Conjunto, donde sólo hay un almirante renuente, que no opuesto a la causa de los sublevados.
El plan de Scott consiste en aprovechar la pronta realización de un ejercicio militar de simulacro de ataque soviético en el que se debe evacuar al presidente. Scott lo detendrá y lo pondrá bajo custodia en una base secreta. A continuación, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos interrumpirán mediante el operativo ECOMCON todas las comunicaciones, y la proclama del general Scott se emitirá por televisión. ¿A quién se debe lealtad, a la bandera y el espíritu de la nación, o a la letra de la Constitución? El coronel Martin
Jiggs Casey (
Kirk Douglas), ayudante de Scott, cree que a lo segundo, y cuando sospecha de la existencia y el propósito de una trama de la que su superior ha preferido dejarle al margen, acude a la Casa Blanca y pone en alerta al presidente, que a partir de este momento entabla una batalla de ingenios por la preservación del poder, una partida de ajedrez contra un adversario intelectualmente superior. El presidente no se siente con fuerza para cesar directamente a los generales del Estado Mayor Conjunto. La falta de credibilidad y el desprestigio de su presidencia se lo impiden.
Seven Days in May fracasa a la hora de establecer un equilibro moral, emocional y constitucional entre Lyman y Scott. El espectador debería entender las razones de ambos bandos, y sin renunciar a elegir, obligarse a pensar que los dos están acertados y equivocados a un mismo tiempo. Pero Lyman es una calamidad. Tiene la legalidad de su lado, sí, pero no te deja alternativa moral y emocional. Es un hombre depresivo, de una mediocridad despreciable. Personalmente, me resulta poco menos que imposible no respaldar la tentativa de removerlo del cargo por la fuerza. ¡Váyase, señor Lyman! El general Scott es un ser humano brillante, un líder respetado y un orador directo que cautiva a las masas con su elocuencia; tiene un vigor que se percibe con sólo verle caminar con su uniforme. Burt Lancaster hace un papelón y el delator Kirk Douglas también está altura, afligido por los remordimientos y el pensamiento de que, en el fondo, lo que está haciendo al colaborar con el presidente y traicionar a su amigo no está bien. ¡No está nada bien!
El film se disfruta cuando Lancaster y Douglas están en pantalla, pero se desploma por momentos cuando no; las partes que recaen en los ayudantes del presidente son aburridas, y tampoco contribuye a solucionarlo el prescindible papel de
Ava Gardner como Eleanor Holbrook, la amante de Scott y Jiggs, una mujer algo patética, amargada y semialcoholizada por la falta de atención masculina, lo que por otra parte es más que coherente con la penosa imagen (
foto) que ofrece. A mi juicio, Gardner estaba fatal en esta época de su vida, con 42 años mal llevados, gorda y una apariencia de señorona. ¡Una mujerona! Si tuvieras Internet y todas esas webs que hay, no querrías ni acostarte con ella. Es cierto que si lo que se pretendió fue reflejar de forma realista y hasta las últimas consecuencias a una mujer a la que se le ha pasado el arroz, se hizo un buen trabajo, pero no creo que a Gardner le agradase verlo así. Dieciocho años antes de
Seven Days in May, Gardner y Lancaster trabajaron en
The Killers (1946). Entonces sí, ahí sí que ella estaba bien (
foto).
Ya para terminar, la escena que debía suponer el clímax de esta lucha de intriga política, el enfrentamiento cara a cara entre el general Scott y el presidente Lyman en la Casa Blanca, de hombre a hombre, sin nadie más presente, no cumple con las expectativas. La vindicación política de este presidente viejo y decrépito es inverosímil. Es un canalla que tiene preparadas cartas personales, obtenidas mediante el engaño, para utilizarlas contra el general. Las cosas se fuerzan demasiado para colocar en un plano de igualdad a un hombre apabullante y a otro insignificante. Scott advierte al presidente sobre algo que ambos saben bien: ¡una sola orden, una sola palabra, y en tres días él ocupará el Despacho Oval con el apoyo de la ciudadanía! Afuera, en 1600 Pennsylvania Avenue, la gente se manifiesta con retratos de un hombre resolutivo: Scott! Scott! Scott!
Mi nota para
Seven Days in May es 6/10. Hay un remake con Forrest Whitaker que vi en su día, The Enemy Within (1994), pero no me acuerdo absolutamente de nada, que es lo que me suele pasar con las películas malas.