Dirigida por
John Frankenheimer,
Black Sunday (1977) es una buena película sobre terrorismo musulmán en el contexto de la Guerra Fría. Como drama de acción, profetizó lo mismo que
True Lies (1994) en la comedia.
"El pueblo americano se muestra sordo ante los llantos de la nación palestina. Pero si una potencia extranjera ocupase los estados de Virginia, Georgia y Nueva Jersey, y obligara a la gente de esos estados a abandonar sus hogares y tierras, ¿no se sentirían esas personas amargadas y traicionadas? Por lo tanto deben comprender cómo nos sentimos nosotros. Pueblo de America, esta situación es insoportable para nosotros. Hasta que entiendan esto y dejen de ayudar a los israelitas con armas y dinero, nosotros, el movimiento de Septiembre Negro, haremos que también la situación también sea insoportable para ustedes. A partir de ahora compartirán nuestros sufrimientos. Los horrores de hoy no son nada comparados con lo que ocurrirá si su gobierno no actúan inmediatamente. Ahora, hemos iniciado el año para ustedes con sangre. No me regocijo por haber participado en esta acción. Y deseo que no tenga que continuar. Queremos ser sus hermanos. Ustedes deben elegir. Salam aleikum".
La elección lógica para el pueblo americano sería no. ¡No queremos ser sus hermanos! Queremos —y debemos— ser enemigos.
En la ficción, la amenaza de un atentando islámico cuyas proporciones sólo serían superadas por la realidad se cierne sobre los Estados Unidos. Los servicios de seguridad americanos e israelíes no consiguen identificar a la pieza clave en esta confabulación, una atractiva mujer de la organización musulmana
Septiembre Negro. Sólo un hombre puede encontrarla, el mayor Kabakov, un agente israelí que una vez perdonó la vida a esta mujer durante una operación de retirada de terroristas en Líbano. Kabakov la apuntó con su arma y la miró a los ojos, pero no la pudo matar. Quizá tenga una segunda oportunidad... en su círculo de operaciones del Mossad le llaman
el último recurso, el hombre que lleva las cosas a su punto final sea como sea. Y hace honor a su nombre cuando por propia iniciativa y en una jugada sorprendente, se pone en contacto con el jefe de la GRU, la inteligencia soviética en Washington D. C., y lo persuade para que colabore y entregue toda la información de la que disponga. Hay que capturar o matar a esa mujer.
La Unión Soviética responde y resuelve el enigma: "Su nombre es Dahlia Iyad, de ascendencia árabe-alemana. Nacida en una granja cerca de Haifa cuando pertenecía a Palestina en 1948. Su padre y hermanos asesinados por comandos israelíes en la guerra de aquel año. Ella junto con su hermana y su madre fueron expulsadas en el 49. Vivía en una tienda de campaña en un campo para refugiados en Gaza del 49 al 57. Su madre murió de tifus en el 51 y su hermana fue violada en la guerra del 56. Dahlia fue conducida a un campo para refugiados en Jordania en el 57 y enviada por la Liga Árabe a la Universidad de Beirut en el 66. En Ginebra año 70. Septiembre Negro la reclutó en 1973. Aquí está su rostro... mírela, en cierto modo es una criatura casi forjada por usted, mayor Kabakov".
Terroristas para unos y héroes para otros. Dahlia Iyad no es una mujer malvada, pero es la terrorista total, una genuina superprofesional. Su plan consiste en hacerse con el dirigible Goodyear de la CBS durante la retransmisión de la Super Bowl, y detonar sobre los 80.000 espectadores un artefacto que dispara 220.000 dardos de acero. Para ello y valiéndose de sus armas de mujer, Dahlia recluta y manipula a Michael Lander, un piloto de helicópteros y dirigibles traumatizado por su experiencia como prisionero de guerra durante la Guerra de Vietnam, en la que el Viet Cong le torturó, rompió su resistencia (todo ser humano tiene un límite) y le forzó a salir en una grabación denunciado "los crímenes y el imperialismo americano". Pero lo que más le afectó no fue la vergüenza de regresar a America con esta mácula, con este deshonor, sino que su mujer le abandonase y se casase con otro. Ni siquiera puede ver a sus hijos. Amargado y roto en lo más profundo de su ser, lo único que desea ya, y esto se lo explica a Dahlia es una escena dramática y casi lacrimógena cerca del final, es hacer "algo" por lo que el país y la mujer que le trataron de esa forma le recuerden para siempre. "Y lo harás", le dice la inteligente Dahlia con una compasión que es verdadera.
Black Sunday dura mucho, 143 minutos, pero mantiene el tipo y la regularidad de comienzo a fin. Las interpretaciones de los tres actores principales son lo mejor: el grandísimo
Robert Shaw como el mayor Kabakov;
Marthe Keller como Dahlia Iyad; y
Bruce Dern como Michael Lander. Destaco una escena que raya la obra maestra, la del regreso del dirigible a su base para reparar una falsa avería, fingida por Lander, y la consiguiente irrupción de Dahlia Iyad con el dispositivo letal preparado para acoplarlo a la aeronave. La resolución de Lander e Iyad impresiona. El primero es un enfermo mental, pero sigue siendo un soldado. Y ella intimida por la determinación con la que lucha por su causa, por la forma en que saca el arma y comienza a disparar sin vacilación contra los trabajadores del aeródromo. En pleno combate y descrito desde una óptica machista, que sirve para entender mejor lo que pretendo expresar, es una mujer de la que estarías dispuesto a recibir órdenes. Destruye esa propagada imagen, probablemente justificada, de la mujer estúpida e histérica en situaciones extremas. Marthe Keller también hace un papel muy interesante en
Marathon Man (1976), como la —impostora— novia de
Dustin Hoffman (
foto), que el añorado
Roy Scheider desenmascara durante una cena. En la vida real, Keller fue novia de
Al Pacino (
foto) también a finales de los 70.
En el final de
Black Sunday, Kabakov y Dahilia Iyad vuelven a mirarse a los ojos...