
El 12 de marzo de 2004, tras los atentados musulmanes en Madrid, George W. Bush y su esposa Laura se reunieron con el embajador Javier Rupérez y firmaron en el libro de condolencias de la embajada española en Washington (las fotos no tengo claro si son en la propia embajada o en una residencia de Rupérez). Los extremos se tocan. La extrema izquierda americana acusó a Bush de orquestar el 11-S y cometer atrocidades como teledirigir aviones de pasajeros contra edificios, hacer desaparecer los cadáveres de los pasajeros y ordenar a la USN atacar el Pentágono con misiles Tomahawk. Richard Nixon cayó por colocar unos inocentes micrófonos, un delito enternecedor por el que uno querría abrazarlo. ¿Cómo podría ni Bush ni nadie ocultar una monstruosidad semejante? En España, la extrema derecha acusó a José Luis Rodríguez Zapatero de patrocinar un contubernio etarro-policial que sería el autor de los atentados. Teorías que se quedarán en el basurero de la historia.

Teorías que, por su inverosimilitud, harían reir hasta al personaje que interpretaba Mel Gibson en "Conspiración".
ResponderSuprimirEsa no la he visto todavía.
ResponderSuprimirDicen que el que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.Esto nunca se sabrá.
ResponderSuprimirDiscrepo. Pienso que es un caso resuelto por una brillante investigación policial. Son todos los que están, aunque lógicamente no están todos los que son, siempre se escapa alguno.
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