
One Night Stand (1997), de Mike Figgis, es una película tolerable sobre adulterio interracial. Narra la historia de Max Carlyle (Wesley Snipes), un acomodado publicista de Los Angeles que viaja a New York para visitar a Charlie (Robert Downey Jr.), un amigo homosexual. En el hotel conoce a Karen (Nastassja Kinski), una mujer blanca con la que por una serie de vicisitudes acaba entablando amistad, y algo más. Una cosa lleva a la otra y pasan la noche juntos (sin matarnos a base de conversaciones insoportables como Ethan Hawke y Julie Delpy en Before Sunrise [1995], una de las peores películas que he visto en mi vida) en una intensa velada en la que hasta sobreviven a un intento de atraco. Con 36 años, Kinski estaba en muy buena forma, una mujer madura con un morbo que para qué os voy a contar...
A su vuelta a Los Angeles, Max es un hombre desconsolado por la mujer blanca perdida, y en un estúpido arranque de sinceridad está a punto de confesarle lo ocurrido a Mimi (Ming-Na), su mujer, que es de origen asiático. Pero se contiene y las aguas vuelven a su cauce, hasta que un año después, Max y Mimi vuelan a New York para estar con Charlie, que está en la fase terminal de su enfermedad, el SIDA. Es entonces cuando la mujer blanca, que también ha quedado afectada por el hombre negro perdido, vuelve a cruzarse en la vida de Max, pues su marido es nada más y nada menos que Vernon (Kyle MacLachlan), el hermano de Charlie. En el reencuentro, a la vista de los demás, Max y Karen fingen no conocerse, pero la atracción les sobrepasa y los acontecimientos se precipitan. El giro de la trama en la recta de meta puede parecer algo precipitado, pero el epílogo lo soluciona con una brillante escena de despedida entre los dos matrimonios. Desde mi óptica personal, es un final muy feliz, y esta clase de películas me gusta que terminen bien. Lo que el hombre unió, el hombre lo separó. Nota de 6/10.
One Night Stand me ha hecho reflexionar sobre el cine, la vida y las relaciones interraciales. Recuerdo que cuando vi la estimable The Last King of Scotland (2006), la película por la que le dieron el Oscar a Forest Whitaker, pensé que de estar en la piel del doctor Nicholas Garrigan (James McAvoy), el protegido de Idi Amin, mi mayor problema en Uganda sería encontrar una mujer en las debidas condiciones higiénico-sanitarias, porque las negras ugandesas parecían todas monstruosas. En Somalia sería otro cantar, pero aquello era Uganda, y de entrada, las relaciones interraciales no me van. Me atraen las mujeres blancas, especialmente las de países de la Europa del Este. ¿Quién no se acuerda de la cara de felicidad de Tackleberry (el tristemente fallecido David Graf) en Police Academy (1984), cuando llega a la academia de policía en su jeep y contempla a los reclutas entrenando. Yo me río imaginándome así al bajar del avión en Moscú, avistando por todas partes esas mujeres que tienen en Rusia, ese valor añadido que exportan a toda Europa y Norteamérica. No obstante, me considero una persona práctica, flexible, y no pienso que fuera muy desdichado en algunos países asiáticos como Japón, donde también poseen mujeres interesantes, de look adolescente, además de una competencia masculina deficiente, lo que no es del todo bueno porque eso conduce al aburguesamiento y la merma de facultades, y el mercado no perdona. A mi juicio, el país con hombres y mujeres menos favorecidos es Australia, y lógicamente me refiero a la raza aborigen, probablemente la más fea de la Tierra en el holoceno. Intelectuales ideologizados, radicalmente multiculturalistas, sostienen que la apreciación de la belleza es relativa, que depende de factores culturales, pero la ciencia es terca y ha demostrado la falsedad de esa aseveración. Un experimento en el que personas de todo mundo debían elegir los rostros más atractivos de una selección de fotografías, demostró que los sujetos elegían las mismas fotografías con independencia de su raza, cultura o nacionalidad. No podemos hacer este experimento con la gente del siglo XVI, pero sospecho que los resultados serían los mismos. Si llevas a Megan Fox a una tribu aborigen australiana, los hombres te darán diez canguros y a sus mujeres por ella, pero si llevas a una aborigen a San Petersburgo, los rusos no le prestarán la menor atención. Y como toda regla tiene su excepción, iba a poner el ejemplo de la atleta aborigen Cathy Freeman (foto de 1996), muy famosa en Australia, pero entonces he visto una foto del año 2010 y mi idea se ha derrumbado.
Vuelvo a One Night Stand para recomendar Nostalgia Kinky, el blog dedicado a Nastassja Kinski.

Una película con una carga erótica tremenda , imagino que por la presencia de una de las mujeres más sexys de la historia (Nastassja Kinski).
ResponderSuprimirConozco la película. Es correcta y creo que es lo mejor que ha hecho Mike Figgis.
ResponderSuprimirEs cierto que en Japón e incluso China hay chicas que se salvan bastante a pesar de que la apreciación general sea de que allí no hay nada especial.
Para el mensaje de fin de año, no sabía si poner la foto de Jenny Agutter o un conjunto de fotos de Nastassja Kinski desnuda en Stay as You Are (1978), con Marcello Mastroianni, pero no he encontrado dónde alojarlas. Tengo miedo de que si las pongo en la opción "familiar", en Imagebam, me cierren la cuenta; y si las pongo en la opción "adult" me meten publicidad pornográfica en los links, y eso me disgusta. ¡Malditas familias moralistas!
ResponderSuprimirDios, de verdad que después de leer este post te da una idea bastante general del tipo de hombre que eres y das asco. Menudo montón de ideas machistas y racistas que tienes ahí acumuladas, escondida debajo de las piedras de tu falsa fachada de hombre moderno. No me extraña que sigamos teniendo problemas de trata de blancas con tiparracos como tu opinando que se te caen las babas con las tías de los países del este y las asiáticas con pinta de adolescente. Mi novio llega a escribir algo como esto y le mando a freír gárgaras, no estaría con un hombre qu epensara así, no entiendo si es que tienes pareja, cómo puede estar contigo.
ResponderSuprimirQue mujer tan vulgar.
ResponderSuprimirpara "Anónimo" de 11:53: tu novio probablemente sea un hombre discreto y prudente y no se manifieste abiertamente, pero puedes estar casi completamente segura de que a él también le gustan las jovencitas asiáticas (y de otros lugares). A todos los hombres les gustan, de la misma forma que a las mujeres nos gustan los hombres seguros de sí mismos y con buena posición. Es la naturaleza humana, no hay que engañarse.
ResponderSuprimir