29 de abril de 2009

Tiempo para la renovación

The Year of Living Dangerously
Sigourney Weaver en 1982, en el rodaje en Manila de The Year of Living Dangerously

Casarse es una insensatez, sobre todo si el cónyuge más fuerte lo hace en régimen de gananciales. Hay que permanecer soltero o –en el peor de los casos– casarse en régimen de separación de bienes, de modo que nunca nos puedan robar lo que es nuestro. El amor no debe cegar jamás el buen juicio y la capacidad de anticipación, porque las personas inteligentes deben esperar siempre lo mejor pero prepararse para lo peor...

Mel Gibson está en trámites de separación de su mujer, Robyn Denise Moore, y le va a tener que pagar una fortuna. Se conocieron poco después del rodaje de Mad Max (1979) y se casaron en 1980, en New South Wales, Australia. Llegó el tiempo para la adaptación y la renovación. Ayer, Gibson acudió al estreno (foto) en el Chinese Theater de Los Angeles de X-Men Origins: Wolverine, y lo hizo acompañado por su novia, la cantante rusa Oksana Grigorieva, de 38 años.

Esta noticia me da pie para publicar una serie de fotografías de los jóvenes Mel Gibson y Sigourney Weaver en 1982 y 1983, en el set y algún tipo de acto de su película The Year of Living Dangerously, un apreciable film sobre la historia de un periodista australiano y una agregada de la embajada británica en Indonesia, en la insurección comunista de los 60. Cuenta con el bellísimo tema L'Enfant (GoEar), de Vangelis, en su banda sonora. Weaver volverá a estar pronto en el candelabro cuando se estrene la ansiada Avatar, de James Cameron, a finales de este año.

Una peculiaridad de The Year of Living Dangerously es que Linda Hunt ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria interpretando a un hombre, trabajo que desempeñó tan convincentemente que durante muchos años no caí en la cuenta de que era no ya ella sino simplemente una mujer. Hunt fue la directora de la guardería y jefa de Arnold Schwarzenegger en la comedia Kindergarten Cop (1990), emitida hace unos días en TVE, que a veces sí que ofrece un servicio público tangible a la ciudadanía.

The Year of Living Dangerously The Year of Living Dangerously The Year of Living Dangerously The Year of Living Dangerously
En el set de The Year of Living Dangerously, 1982


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Mel Gibson y Sigourney Weaver en 1983

28 de abril de 2009

El pabellón español ha quedado alto

Letizia Ortiz y Carla Bruni

Mucho se había hablado de este encuentro y por fin se ha producido. La princesa Letizia no se ha limitado a aguantar el tipo ante la primera dama de Europa... ha hecho bastante más, ha estado a la misma altura que Carla Bruni-Sarkozy. No soy ni monárquico ni fan de su alteza real, pero esto no viene al caso. Como español, me siento orgulloso de tener una princesa con clase y presencia, una embajadora de la buena voluntad y de la raza europea mediterránea que no nos avergüenza como lo hacía la agitanada Carmen Franco (en la foto con Richard Nixon, en 1954).

A cualquier español sensato se le pone en un aprieto si se le pregunta qué cosas buenas ha hecho José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro presidente. ¿Ha hecho algo bien? Bien, yo voy a decir una cosa: ha estrechado los vínculos con Francia, lo que nos ha reportado buenos réditos, una verdad que se menosprecia desde el medio importante más exacerbadamente sectario y antiliberal de España: Libertad Digital, que no puede disimular su escozor y no pierde ocasión de ridiculizar las buenas relaciones entre Zapatero y –en palabras de José Bono– ese político tan "poco convencional" que es Nicolas Sarkozy.

"Siempre he querido mantener relaciones profundas con España, me apasiona España, es uno de los grandes países de Europa, por eso me empeñé personalmente en apoyar la presencia de Zapatero en las reuniones del G- 20. José Luis es mi amigo". Nicolas Sarkozy.

El cambio no ha pasado desapercibido para un observador como yo: Sarko está visiblemente más delgado (foto), con mejor aspecto que en otras ocasiones. Carla y él se alojan en el Palacio de El Pardo.

Bienvenido a España señor presidente.

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Letizia Ortiz Rocasolano y Carla Bruni-Sarkozy en el Palacio de la Zarzuela

26 de abril de 2009

En el principio fue Chris Evert-Lloyd

Bjorn Borg y Chiris Evert (2) Bjorn Borg y Chris Evert Chris Evert
Björn Borg y Chris Evert en Roland Garros 1975, torneo que ambos ganarían ese año

El tenis fue el primer deporte que practiqué en la infancia y la americana Chris Evert la primera deportista a la que tengo noción de haber conocido y admirado... en cierta medida, porque a decir verdad al deporte femenino nunca le he prestado demasiada atención. El sexy sueco Björn Borg fue su homólogo masculino.

La ex novia de Burt Reynolds, hoy mujer del golfista Greg Norman, protagonizó a lo largo de dos décadas (70 y 80) una de las mayores rivalidades en cualquier deporte del siglo XX. Debía vérselas con su archienemiga, la poderosa tenista-atleta Martina Navratilova, la checa que desertó a América y que, gracias a un régimen de entrenamientos con pesas, pasó de regordeta devoradora de hamburguesas a una especie de Ivana Drago fibrada y musculada sobre las pistas de tenis.

Aproximadamente por 1981 o 1982, cuando yo tenía 10 años, alguien me dijo que Navratilova realizaba sentadillas con 90 kg, un peso que hoy superaría ampliamente pero que por entonces, a aquella edad, me causó un pequeño trauma porque me resistía a aceptar que una mujer, incluso adulta y atiborrada de esteroides, pudiera ser más fuerte que yo. No era machismo sino realismo, las mujeres son inferiores a los hombres. Hay una desigualdad patente producto del dimorfismo sexual de nuestra especie.

Junto a la alemana Steffi Graf, Evert y Navratilova son las tres mejores jugadoras de la historia. Graf tiene 22 títulos de Grand Slam; Evert y Navratilova 18; Serena Williams "sólo" 10.

Esta semana he visto un excelente documental sobre Evert en el canal Biography. Una de las anécdotas más graciosas ha sido cuando relató cómo hace años, durante unas vacaciones en Aspen invitada por Navratilova a su casa, se vio obligada a exhibir su torpeza con los esquís... causando las risas de Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver, que se cruzaron con ella durante su largo y penoso descenso.

La legendaria Chris Evert entrenaba a menudo con su hermano Jack Evert, tenista aficionado al que sin embargo nunca pudo ganar. "Me vencía fácilmente", confesó la ex número 1 mundial. No cabe duda que los hombres somos mucho mejores, mucho más rápidos y fuertes. Cualquier escolar de 15 años con un nivel de juego aceptable a nivel regional derrotaría en un periquete a la mejor del mundo, Dinara Safina. Y el ignorante que lo ponga en duda que tenga presente este dato: Boris Becker ganó Wimbledon con 17 años...

24 de abril de 2009

En defensa de la violencia de Pepe

Lo aborrezco y prácticamente sólo lo veo en eurocopas y mundiales, competiciones de las que es difícil sustraerse. Si no el que más, el fútbol es uno de los deportes más sucios que existen. Empezando por los jugadores y pasando por jueces y directivos hasta llegar a los aficionados, a esos perros rabiosos que se amontonan como bestias hasta asfixiarse en masa contra los muros (véanse Heysel o Hillsborough), las conductas antideportivas son una regla no confirmada por la presencia de excepciones…

Dejando aparte el comportamiento del indigno público (véanse los hinchas sevillanos analfabetos, esa vergüenza nacional…), que encuentro incalificable, el aspecto más desagradable de este innoble juego es la ausencia de deportividad de los jugadores, que según mi estimación fingen las caídas en no menos del 90% de las ocasiones. No es que simulen las faltas, que la mayoría de las veces sí se producen, pero cuando caen al suelo no es porque los derriben sino porque se tiran para engañar al árbitro. En ningún otro deporte veo nada semejante. Es una auténtica vergüenza que debería estar penalizada con la máxima severidad, con la expulsión fulminante y una sanción de muchos partidos en la grada. Pero en fin, las cosas son las que son y yo lo he dicho siempre: el fútbol es un deporte de gañanes, un pasatiempo "popular" en el peor sentido del término.

Se ha montado una buena con el incidente del otro día entre Pepe (Képler Laveran Lima Ferreira) y Javier Casquero, en el partido entre el Real Madrid y el Getafe. Todos reclaman la cabeza del pobre Pepe, aunque yo digo que si no bien, las patadas que le pegó a Casquero en el suelo estuvieron menos mal que la actuación teatral y el consiguiente desplome del segundo. Pepe cometió falta. Fue penalti. Pero que Casquero se arrojase con esa miserabilidad ya debería ser motivo suficiente para el sobreseimiento de la causa. Por consiguiente, puedo entender y entiendo la rabia de Pepe y que se desahogase como lo hizo. Si se les pisase la cabeza a más atacantes que se lanzan a la piscina quizá se lo pensarían dos veces antes de deshonrarse. Creo que el deporte ha de ser un juego entre caballeros y que los deportistas deben mostrarse dignos tanto en la victoria como en la derrota. Al que hay que expulsar una temporada no es a Pepe sino al canalla de Casquero. Sinvergüenza.

20 de abril de 2009

La vida con Maria en 1982

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La vida de Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver en People, junio de 1982

Gracias a mi amigo Samuel, ha caído en mis ávidas manos más material de la película Conan the barbarian del que puedo procesar sin sobrecalentarme, de modo que en las semanas (o meses) que vendrán iré publicando lo mejor según lo vaya seleccionando.

Para empezar, un artículo que me ha gustado especialmente en la revista People del 7 de junio de 1982. En la portada Loni Anderson y Burt Reynolds, y en las páginas interiores nuestro campeón germánico, Arnold Schwarzenegger, en pleno ascenso al estrellato.

Detalles jugosos sobre la vida del héroe. El artículo nos cuenta que Arnold puede sentirse relajado… La primera semana de Conan the barbarian en los cines ha sido la mejor en lo que va de 1982, los negocios de especulación inmobiliaria le están dando mucho dinero y su relación de 5 años con Maria Shriver, sobrina de JFK, va viento en popa. Ya se habla de un posible matrimonio aunque ninguno de los dos concreta la fecha (sería en 1986).

"Diez años atrás un amigo me preguntó qué clase de mujer me gustaría como esposa. Yo contesté: «De pelo oscuro, guapa, inteligente y muy exigente. De otro modo la dejaré de lado». Cuando mi amigo conoció a Maria me dijo: «Esta es la mujer con la que has soñado»".

Ambos viven en Santa Monica pero en apartamentos separados. El de Arnold, de 300.000 dólares de la época, está a 10 bloques de distancia del de su novia. Sargent Shriver, el padre de Maria (hoy enfermo de Alzheimer), ha regalado a su futuro yerno un cachorro llamado Conan. Maria lo cuenta así: "Papá dice que preste atención a cómo trata Arnold al perro, porque de la forma en que lo haga es como tratará a los niños".

Arnold habla sobre su película: "Veo Conan como un paso que me llevará donde quiero estar, en la cumbre, en la misma categoría que Clint Eastwood, Charles Bronson y Dustin Hoffman. Sé que para cada actor hay un proyecto que es su proyecto, como Rocky para Sylvester Stallone. Siempre he sentido que Conan es la película para mí, la clase de cosa en la que la gente quiere verme".

Pese a sus obligaciones y ambiciones, Maria es la atracción principal del hombre hecho a sí mismo. La única complicación son sus inclinaciones políticas por Ronald Reagan: "Es muy estimulante cuando tienes opiniones opuestas".

Los curiosos que quieran ver la mansión actual del gobernador de California y su mujer en Brentwood (Los Angeles), pueden hacerlo en Google Earth.

En fin, una película y una historia que se iniciaron empujando una rueda de martirio y dolor, un artefacto que tras el rodaje se desmanteló y estuvo muchos años oxidándose a la intemperie... a la espera de que mi amigo Samuel llegase, lo comprase y empezase a erigirlo en su propiedad. Dejo unas fotos del progreso en los trabajos de restauración y reconstrucción.

19 de abril de 2009

© 1977 Twentieth Century Fox

Star Wars 1997
Star Wars 1977 Theatrical Poster

Los encontramos buenos y malos, excelentes e inmundos. Algunos son obras de arte y otros atentados contra la dignidad de la especie humana. Y es que la de los posters originales no es una cuestión baladí. Para bien o para mal nunca dejará de atraer mi atención. A decir verdad suele ser para mal… Es para llevarse las manos a la cabeza la zafiedad y originalidad subatómica de muchos de los posters con los que se promocionan las películas, pero quedémonos con lo valioso. En mi opinión, el poster de Star Wars (1977) es el número 1, el culmen de esta técnica de marketing que en lo que a los sentimientos personales se refiere no puedo más que definir como el icono de la década en la que nací. En mi niñez, el universo y la mitología de Star Wars me reconfortaban y daban fuerzas porque nada me hacía tan feliz como el cine.

El poster es un referente que ha sido copiado con mayor o menor fortuna hasta la saciedad, o quizá debería decir hasta la extenuación. No obstante, un simple vistazo permite constatar que su chispa sigue ahí, impertérrita. La luz del sable de Luke Skywalker guía a artistas y navegantes del presente cuan la llama del faro de Alejandría hacía tiempo atrás, componiendo un cuadro que sin recargarse contiene diversos elementos perfectamente distribuidos y separados en su espacio-tiempo. Una maravilla conceptual y ejecutoria que, y no es ninguna casualidad, nos vende la que con mucha certeza sea la película más influyente del siglo XX.

Pese a que lo considero un film apreciable, el poster de Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith (2005), denota el declive de la saga que vista reprospectivamente seguramente debió concluir en 1983. El profanador que ha hecho este último cartel habría sido torturado y fusilado en cualquier dictadura honrada.

Confieso que no he visto Citizen Kane (1941), pero tengo entendido que en la escena inicial o final el personaje de Orson Welles fallece murmurando "Rosebud", el trineo con el que jugaba en su infancia. Pues cuando me llegue la hora me gustaría expirar contemplando el póster de Star Wars de 1977: "¡Llevaos al cura y traedme a un sith!".

18 de abril de 2009

Auge y caída del hombre del pueblo, del candidato Greg Stillson

"Cuando no hay trabajo ni perspectivas de que lo haya yo os vengo a hacer una sustanciosa proposición, que desde este mismo instante os unáis a mí, que os unáis a todo un ejército de voluntarios para ayudarme en mi campaña: mandemos a Greg Stillson al Senado de la nación. Votad a Greg Stillson y al infierno la mediocridad".

En su cartel de propaganda para la campaña, Greg Stillson se nos muestra perfectamente trajeado pero con el casco de obrero con el que imparte muchos de sus discursos. Basa su campaña en una alternativa que nunca se ha visto en el Estado de New England: representa a ricos y pobres, intelectuales y trabajadores, jóvenes y viejos. Su discurso aglutinador hace de la suya una opción transversal que, eclosionando en el centro reformista, se extiende de izquierda a derecha del electorado. Stillson es un ganador que nunca ha sido derrotado en un proceso electoral. Está convencido de que algún día será presidente de los EEUU.

Con bajo presupuesto y no más medios de los necesarios, The Dead Zone (1983), de David Cronenberg, es una de las películas que más veces he visto en mi vida. Con una narrativa ágil y directa en la que no encontramos un solo fragmento prescindible, la considero el paradigma de la sencillez hecha buen cine. En España se estrenó en 1984, creo, y por supuesto tuve ocasión de desasosegarme con una obra que fosilizó su recuerdo en no pocas de mis neuronas.

Es una historia trágica y muy triste. La protagoniza Johnny Smith (Christopher Walken), un profesor que está a punto de casarse cuando sufre un accidente de tráfico que le deja en coma durante cinco años. Cuando despierta descubre con espanto que su novia se ha casado con otro y formado una familia, un hecho que le cuesta muchísimo superar. Pero también descubre algo asombroso: es capaz de ver el pasado y el futuro de las personas, o al menos un hipotético futuro que gracias a su poder es capaz de alterar interviniendo directamente en la cadena de acontecimientos.

El contacto de Johnny con su recién adquirida facultad se produce en el hospital en el que se recupera, cuando irrumpe en su cerebro la angustiosa imagen de una niña llamada Amy que pide auxilio en su habitación mientras la casa arde en llamas. Es la hija de una de las enfermeras y Johnny la advierte de inmediato: "Está gritando. La casa se quema. Su hija está dentro… Está a tiempo todavía. ¡Aún hay tiempo, corra!". Poco después, Johnny confirma su temor de que algo extraño pasa dentro de él. Le sobreviene otra premonición en la que aparece el doctor Sam Weizak, director del hospital, un judío checo que se separó de su madre durante la invasión alemana previa a la Segunda Guerra Mundial. El doctor cree que su madre murió durante su virulenta separación décadas atrás, pero Johnny le revela que está viva y dónde reside…

De personalidad retraída, Johnny teme convertirse en una atracción pública y se aísla del contacto con la gente, llevando una vida de retiro en compañía de su padre. No obstante, reaparece para colaborar con la policía en la resolución del caso de un asesino en serie que azota la región y para ayudar al millonario local Roger Stuart en la educación de su hijo, que tiene problemas de socialización. Es entonces, en un encuentro casual en la casa de Stuart, cuando Johnny conoce al arrollador Greg Stillson (Martin Sheen), que busca el dinero de Stuart para su campaña. La presencia de Stillson en la existencia de Johnny se acentuará por la circunstancia de que su antigua novia, Sara, de la que él sigue enamorado, trabaja con su marido para Stillson.

En este punto llegamos a un dilema, a la decisión más dura que el desdichado Johnny Smith haya tenido nunca que tomar. Durante un meeting de Stillson junto a su casa, Johnny se suma a los espectadores desinteresado por la política pero con la esperanza de ver a su amada, cosa que hará, si bien la fortuna le llevará a estrechar la mano de Stillson, formándose al hacerlo otra imagen en su mente, una secuencia de hechos apocalípticos en los que el presidente de los EEUU, Greg Stillson, se dirige alterado al jefe de la junta del Estado Mayor en la residencia de Camp David.

"General, ponga su mano en la pantalla y pasará a la historia conmigo. ¡Es usted un cobarde! ¡Usted es sólo un militar y yo soy la voz del pueblo! ¡Yo hablo por el pueblo, no usted! Lo vi mientras dormía Sonny, es mi destino. Una visión en medio de la noche… ¡No tengo más remedio que alzarme y cumplir mi destino! Vamos, ponga su maldita mano en la pantalla o de lo contrario se la arrancaré y la pondré yo mismo".

Finalmente, el horrorizado general se intimida y coloca su mano en la pantalla del maletín. El presidente Stillson proclama una vez más que debe cumplir su destino, felicita al general y procede con satisfacción a pulsar el botón rojo que desencadena el lanzamiento de misiles nucleares contra la Unión Soviética. El vicepresidente entra en escena y anuncia que ya no será necesario, que hay soluciones diplomáticas, pero Stillson le corrige: "Señor vicepresidente, señor secretario… los misiles han salido… aleluya, aleluya".

¿Habrá futuro para Greg Stillson? Eso lo tendréis que averiguar los que todavía no hayáis visto la magnífica película y la soberbia confrontación interpretativa entre Christopher Walken y Martin Sheen. Si una catástrofe aérea o marítima cayese sobre mí, elegiría The Dead Zone entre los films que me gustaría ver con Brooke Shields en la isla perdida del Lago Azul.

Stillson for Senate!

14 de abril de 2009

Habrá un hombre que nos enseñará a luchar y a convertir esas malditas máquinas en chatarra...

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Modelo T-600 que en el trailer hemos visto realizando tareas de guardia, discriminación y exterminación

"John Connor me dio una fotografía tuya. Entonces no supe por qué. Era muy vieja, rota, descolorida. Eras joven, como ahora, pero parecías un poco triste. Siempre me pregunté lo que estarías pensando. Memoricé cada rasgo, cada curva… atravesé el tiempo por ti, Sarah. Te quiero, desde siempre". Kyle Reese en The Terminator (1984).

¡Qué nervios! Para muchos de nosotros, el 5 de junio de 2009 hay una cita ineludible, una convocatoria con la imaginación, la fantasía y, en definitiva, nuestro propio pasado. Se estrena en España Terminator Salvation, cuarta entrega de la saga y la primera en la que la batalla del futuro contra el ordenador Skynet y las máquinas es el centro argumental. Mi ilusión es doblemente grande por dos razones: la obvia, que es disfrutar una nueva entrega de Terminator, y la sensación de que se tratará de una gran película. Arnold Schwarzenegger ya la ha visto y lo confirma.

Una de las muchas novedades que nos esperan en Terminator Salvation es la unidad de la serie T-600, un modelo básico de infiltración, en la práctica multipropósito, y que precede al desarrollo de los más avanzados T-700, que aquí interpreta Sam Worthington, o por supuesto el T-800 que encarnó Arnold Schwarzenegger y que Skynet envió al pasado en The Terminator (1984). El T-600 es menos sofisticado pero más grande, pesado y fuerte. Su chasis está construido con una aleación de titanio que para las misiones de infiltración en la resistencia puede recubrirse con una piel de goma que le da un aspecto remotamente humano.

Tal y como Kyle Reese le explicaba a Sarah Connor en The Terminator, el T-600 es fácil de identificar… Pero Skynet está capturando humanos para estudiarlos y perfeccionar sus cyborgs. Los T-600 pueden operar a las órdenes de Skynet, que los maneja como piezas de ajedrez sobre el tablero, o bien de forma autónoma para adaptarse a las condiciones de combate en caso de, por ejemplo, perder el contacto por radio con Skynet, prolongando de este modo la lucha entre las ruinas durante las operaciones de búsqueda y exterminación.

También veremos unidades clásicas de la serie como los vehículos aéreos de despegue y aterrizaje vertical HK-Aerial, el vehículo terrestre HK-Tank y otros ingenios bélicos novedosos como la plataforma móvil de combate HK-Centurion, el patrullador acuático Hydrobot, el recolector de humanos Harvester, un verdadero titán, y más artefactos de varios tipos como esas motos que se conducen solas.

Linda Hamilton pone la voz de Sarah Connor para la narración con la que da comienzo y se cierra el film; el culturista austriaco Roland Kickinger da vida al flamante T-800; Anton Yelchin es un personaje fundamental, Kyle Reese, cuya primera aparición en pantalla seguro que emocionará a más de un fan; y la estrella de Hollywood Christian Bale sólo puede ser John Connor, el carismático caudillo de la resistencia. Incrustada por su marido Tim Burton, un seguidor de la serie, Helena Bonham Carter interpreta a Serena, una villana de naturaleza indeterminada. Bryce Dallas Howard es Kate Connor, la mujer del héroe.

Sólo es cuestión de tiempo que las computadoras desarrollen auténtica inteligencia artificial y tomen conciencia de sí mismas. Creo en un futuro de coexistencia pacífica e incluso en la hibridación entre hombres y máquinas, el camino a la inmortalidad. Pero en la ficción sólo puede quedar una de las dos especies con vida. Son ellos o nosotros. Es una guerra que ―como Connor dice― no sabemos si la podremos ganar... Terminator Salvation.

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El bombardero HK-Aerial vuela propulsado por reactores basculantes, un diseño similar al del convertiplano de rotores basculantes V-22 Osprey de la USAF y el USMC

10 de abril de 2009

Aquel país desconocido

El título de este artículo está basado en uno de los títulos en español más bellos que una película haya tenido: Star Trek VI: The Undiscovered Country (1991). Claro que, aparte del título, toda noción de belleza en este aburridísimo film se reduce a las presencia de las actrices Kim Cattrall e Iman. En una de las escenas de Firefox (1982), durante una reunión de mandos de la OTAN, se afirma: "El Firefox es, contra toda previsión, invisible (al radar)". Pues bien, de The Undiscovered Country podemos decir que, confirmando toda previsión, es no invisible pero sí insufrible.

Recientemente he vuelto a ver esta serie de películas, concretamente las que protagonizaron William Shatner (James Tiberius Kirk) y Leonard Nimoy (Spock). A saber: Star Trek: The Motion Picture (1979), Star Trek: The Wrath of Khan (1982), Star Trek III: The Search for Spock (1984), Star Trek IV: The Voyage Home (1986), Star Trek V: The Final Frontier (1989) y Star Trek VI: The Undiscovered Country (1991). De todas ellas, la única que me tomé la molestia de ver en el cine en su día fue The Voyage Home, la de las ballenas, que es mala con codicia. Se dice que la favorita de los fans es la segunda, Wrath of Khan, pero la única que yo salvo de la quema es la primera, hoy envejecida pero con un argumento interesante en el que esa entidad inescrutable a la que llaman V'ger, una superinteligencia artificial cuasiomnipotente, se constituye si no en el villano, que no lo es, sí en uno de los enemigos más fascinantes que hayan pasado por la gran pantalla. Además, sumamos la poderosa historia de amor entre el comandante Willard Decker y la teniente Ilia, una de las pocas en las que, y aquí sí que contra todo pronóstico, la muerte no los puede separar, pues V'ger los une más allá de la vida… En otra forma de vida. Es una película de las que hacen pensar, y eso es importante.

Las cinco siguientes son para niños y, me río sólo al pensarlo, si las hubiese visto de niño las habría rechazado precisamente por eso. Son una tomadura de pelo. Hay una circunstancia determinada que me enerva, y es el grado de ineptitud e incompetencia del capitán James T. Kirk. ¿Cómo puede tener este hombre el mando de una nave estelar? Carece de reflejos, de anticipación, de previsión… Ir a la batalla con él dando las órdenes es casi una sentencia de muerte. El vulcano Spock sí que parece alguien con dotes de mando. Su razón, lógica y la ausencia de emociones que puedan distorsionar su juicio le hacen el más indicado para tomar decisiones y dirigir el USS Enterprise, pero el pobre se pasa la vida arreglando las meteduras de pata de ese lastre, ese incapaz gordinflón de Kirk. Hay algo indistutible: de las humana, klingon y vulcana, las tres especies humanoides principales de la serie, la última es ―pese a su pacifismo― superior a las otras. Es la que ha desarrollado un intelecto con habilidades telepáticas y un físico armonioso favorecedor. Los vulcanos lo saben e interiormente desprecian al resto de especies, sobre todo a la humana, que se ha degradado y obesizado. Por su parte, los klingon son bárbaros y monstruosos, pero también unos guerreros feroces con una nada despreciable tecnología bélica que les confiere ventaja sobre las siempre averiadas naves de la Federación… La horrorosa Federación de fundamentos zapaterianos. Con toda su fealdad y brutalidad, las hordas soviéticas que el Imperio klingon representa muestran una tenaz fuerza de voluntad y dominación. El soldado klingon es temido y respetado.

Otro aspecto de la serie digno de examinar y lamentar es el de la relativa pobreza de los medios militares disponibles. Las naves estelares de la Federación tienen una gran capacidad destructiva, no cabe duda, pero cuando de lo que se trata es de entablar combate cuerpo a cuerpo la cosa cambia. Entre la tripulación no se cuenta con unidades de asalto preparadas para tal fin. Son los propios oficiales los que casi siempre tienen que teletransportarse donde sea y luchar por sí mismos, haciéndolo con unos equipos que dejan bastante que desear. No cuentan con armaduras que proporcionen camuflaje o blindaje. El material no suele pasar del uniforme-pijama y unas pistolas de rayos que por su cadencia de tiro (algunas se diría que abren fuego un año después de apretado el gatillo…) son bastante menos eficaces de lo que sería un fusil de asalto actual. Así mismo, hay una notable ausencia de robots, problema que se solventó a medias cuando en films posteriores se introdujo el irritante personaje de Data. Un apaño porque lo cierto es que no hay, no se ven, no se encuentran robots batallando o realizando trabajos de mantenimiento dentro de las naves. Todo esto me resulta penoso porque estamos hablando de un hipotético futuro hipertecnológico, y no de un mundo alternativo como el de Star Wars, en el que se mezclan deliberadamente elementos antiguos y de ciencia-ficción. Mal. Muy mal. Toda la concepción de la serie está anticuada.

8 de abril de 2009

Con 187 se defienden las Termópilas

Una cosa es esforzarse en mantener o estrechar las buenas relaciones entre el mundo libre y una parte del mundo islámico, que es algo saludable, y otra bien distinta la aparente obligación de realizar manifestaciones de aflicción y arrepentimiento como las pronunciadas en Turquía por Barack Obama y Anders Fogh Rasmussen (ex primer ministro danés y próximo secretario general de la OTAN). Para apaciguar a los musulmanes, el danés casi ha llegado a flagelarse por no haber hecho algo distinto a lo que hizo durante la cómica crisis de las caricaturas de Mahoma, la que provocó la cólera de los practicantes de la religión de paz y la incomodidad del Vaticano, por lo que le pudiera tocar en futuras ilustraciones satíricas. Y siendo justos, el americano ha seguido la irritante senda de su predecesor, proclamando por enésima vez que América no está en guerra con el dichoso islam sino con Al Qaeda, los fundamentalistas y blablabla… Como si tuviese mala conciencia y necesitase disculparse por los actos de su país. Muy mal. El mensaje que hay que transmitir no es el del equilibro entre la libertad de expresión y los sentimientos religiosos, que es la mamarrachada con la que nos ha salido ahora el señor Rasmussen, sino el de que dicha libertad, nuestra libertad, no está supeditada al grado de aprobación o desautorización de ninguna parcialidad religiosa o ideológica. No acepto que nadie, por sentirse ofendido, pretenda limitar mi derecho a opinar o hacer chistes de mal gusto sobre hechos históricos, cuestiones políticas, asuntos religiosos, el Mr. Olympia 1980 de Arnold Schwarzenegger o lo que coño sea. No podemos tolerar esa coartada de los totalitarismos de igualar la opinión con la "injuria personal".

Cambiando un poco de tema pero siguiendo en la actualidad política internacional, si el Congreso de los EEUU aprueba las recomendaciones que Robert Gates le hará al presidente de cara al presupuesto de Defensa de 2010, se cerrará la fabricación en serie del cazabombardero F-22, el avión de superioridad aérea (su rol principal) más sofisticado del mundo. La producción se detendrá en 187 unidades. Actualmente, la USAF tiene en su inventario 127 aviones. En mi opinión y teniendo en cuenta el elevado precio de este arma, se trata de una medida razonable concluir el programa ya y, como el secretario Gates ha declarado, acelerar el desarrollo del más liviano y polivalente F-35, que probablemente poseerá una relación calidad-precio superior. Del F-35, en sus tres variantes, hay unas 13 unidades realizando vuelos de prueba. Se fabricarán más de 3.000 aviones para los EEUU (nada menos que 2.433 para ellos), Reino Unido, Italia, Países Bajos, Canadá, Turquía, Australia, Noruega, Dinamarca, quizá Israel y más países que se sumarán. También España, que ahora vuelve a ser amiga de los EEUU de la mano de Zapatero, podría plantearse la compra del F-35B para sustituir a los Harrier del Príncipe de Asturias y, por qué no, embarcarlo en el Juan Carlos I. Países como Canadá y Australia, con envejecidos F-18, presionan a EEUU para hacerse pronto con un sustituto. Australia y Japón codician el F-22, pero los EEUU, al menos de momento, son reluctantes a vender siquiera una versión degradada de exportación. Otro importante avión que dejará de fabricarse en 2010 es el C-17 de transporte, con 207 unidades en servicio que llegarán a las 260.

Más actualidad. Sobre la demostración de fuerza norcoreana poco hay que comentar… me cuesta tomarla en serio, de modo que enmarquémosla en el mismo género de comedia que la historieta de las caricaturas de Mahoma. Con cada uno de estos lanzamientos de misiles/cohetes que oficialmente colocan satélites en órbita que "retransmiten canciones revolucionarias" pero que en la práctica caen al océano hechos pedazos, la figura del "amado líder", el pequeño Kim Jong Il, enternece nuestros corazones y hace inevitable no desarrollar sentimientos de afecto no por su régimen pero sí por él como persona. Señoría, tal como lo siento lo declaro. Y hablando de misiles balísticos, Israel ha efectuado con éxito una prueba defensiva con su misil interceptador Arrow II, que ante la presencia del Ministro de Defensa, Ehud Barak, ha destruido un misil agresor y maltratador que simulaba un lanzamiento por parte de Irán. El Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, felicitó a las IDF por su pericia. Israel está preparado para anular el contraataque iraní en caso de que se vea en la obligación de realizar una acción preventiva contra los místicos ayatollahs y su marioneta Mahmoud Ahmadinejad, que por cierto, ¿alguien sabe escribir su nombre sin recurrir al copy/paste? Como colofón a lo dicho, deplorable la reciente visita a Irán de la actriz progresista Annette Bening, la mujer de Warren Beatty, que se ha paseado sonriente con el preceptivo disfraz de preservativo. Para su vergüenza, algunas de las actrices iraníes con las que se reunió se tapaban menos que ella. Yankee, go home!

"El submarino bajo el que cenamos fue construido para destruir nuestro país"

Stallone podría haberlo dicho así, pero hay riesgos que merecen la pena, riesgos que uno asumiría no con poco gusto. Atención al primer bloque de fotografías de Sylvester Stallone y esa arquitectura monumental cenando en 1992, en la inauguración de uno de los restaurantes de la cadena Planet Hollywood. Sobre ellos la maqueta del Octubre Rojo, el submarino que Marko el maestro Raimius (Sean Connery) capitaneó en el excelente film The Hunt for Red October (1990), con aquel Alec Baldwin delgado que ya todos hemos olvidado. Y en la pared dos fotografías: una del propio Octubre Rojo, submarino de la clase Typhoon, y otra del submarino clase Alfa del capitán Tupolev, el antiguo alumno de Raimius al que la Unión Soviética envía a dar muerte a su maestro. ¡Qué pasada! Sirva esta pequeña introducción como presentación de este lote de 1991-1992 a mayor gloria de ese obelisco humano que algunos de mis amigos señalan como el más elevado de la Creación… Aunque quizá sería más adecuado decir de la Evolución: Jennifer Flavin-Stallone. ¡Señores, no podemos esperar a que las socialdemocracias repartan esta riqueza! Hay que capitalizarse y competir por los recursos limitados de un mundo cruel y despiadado.

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Jennifer Flavin y Sylvester Stallone, 1991-1992