"Cuando no hay trabajo ni perspectivas de que lo haya yo os vengo a hacer una sustanciosa proposición, que desde este mismo instante os unáis a mí, que os unáis a todo un ejército de voluntarios para ayudarme en mi campaña: mandemos a Greg Stillson al Senado de la nación. Votad a Greg Stillson y al infierno la mediocridad".
En su cartel de propaganda para la campaña, Greg Stillson se nos muestra perfectamente trajeado pero con el casco de obrero con el que imparte muchos de sus discursos. Basa su campaña en una alternativa que nunca se ha visto en el Estado de New England: representa a ricos y pobres, intelectuales y trabajadores, jóvenes y viejos. Su discurso aglutinador hace de la suya una opción transversal que, eclosionando en el centro reformista, se extiende de izquierda a derecha del electorado. Stillson es un ganador que nunca ha sido derrotado en un proceso electoral. Está convencido de que algún día será presidente de los EEUU.
Con bajo presupuesto y no más medios de los necesarios,
The Dead Zone (1983), de David Cronenberg, es una de las películas que más veces he visto en mi vida. Con una narrativa ágil y directa en la que no encontramos un solo fragmento prescindible, la considero el paradigma de la sencillez hecha buen cine. En España se estrenó en 1984, creo, y por supuesto tuve ocasión de desasosegarme con una obra que fosilizó su recuerdo en no pocas de mis neuronas.
Es una historia trágica y muy triste. La protagoniza Johnny Smith (Christopher Walken), un profesor que está a punto de casarse cuando sufre un accidente de tráfico que le deja en coma durante cinco años. Cuando despierta descubre con espanto que su novia se ha casado con otro y formado una familia, un hecho que le cuesta muchísimo superar. Pero también descubre algo asombroso: es capaz de ver el pasado y el futuro de las personas, o al menos un hipotético futuro que gracias a su poder es capaz de alterar interviniendo directamente en la cadena de acontecimientos.
El contacto de Johnny con su recién adquirida facultad se produce en el hospital en el que se recupera, cuando irrumpe en su cerebro la angustiosa imagen de una niña llamada Amy que pide auxilio en su habitación mientras la casa arde en llamas. Es la hija de una de las enfermeras y Johnny la advierte de inmediato: "Está gritando. La casa se quema. Su hija está dentro… Está a tiempo todavía. ¡Aún hay tiempo, corra!". Poco después, Johnny confirma su temor de que algo extraño pasa dentro de él. Le sobreviene otra premonición en la que aparece el doctor Sam Weizak, director del hospital, un judío checo que se separó de su madre durante la invasión alemana previa a la Segunda Guerra Mundial. El doctor cree que su madre murió durante su virulenta separación décadas atrás, pero Johnny le revela que está viva y dónde reside…
De personalidad retraída, Johnny teme convertirse en una atracción pública y se aísla del contacto con la gente, llevando una vida de retiro en compañía de su padre. No obstante, reaparece para colaborar con la policía en la resolución del caso de un asesino en serie que azota la región y para ayudar al millonario local Roger Stuart en la educación de su hijo, que tiene problemas de socialización. Es entonces, en un encuentro casual en la casa de Stuart, cuando Johnny conoce al arrollador Greg Stillson (Martin Sheen), que busca el dinero de Stuart para su campaña. La presencia de Stillson en la existencia de Johnny se acentuará por la circunstancia de que su antigua novia, Sara, de la que él sigue enamorado, trabaja con su marido para Stillson.
En este punto llegamos a un dilema, a la decisión más dura que el desdichado Johnny Smith haya tenido nunca que tomar. Durante un meeting de Stillson junto a su casa, Johnny se suma a los espectadores desinteresado por la política pero con la esperanza de ver a su amada, cosa que hará, si bien la fortuna le llevará a estrechar la mano de Stillson, formándose al hacerlo otra imagen en su mente, una secuencia de hechos apocalípticos en los que el presidente de los EEUU, Greg Stillson, se dirige alterado al jefe de la junta del Estado Mayor en la residencia de Camp David.
"General, ponga su mano en la pantalla y pasará a la historia conmigo. ¡Es usted un cobarde! ¡Usted es sólo un militar y yo soy la voz del pueblo! ¡Yo hablo por el pueblo, no usted! Lo vi mientras dormía Sonny, es mi destino. Una visión en medio de la noche… ¡No tengo más remedio que alzarme y cumplir mi destino! Vamos, ponga su maldita mano en la pantalla o de lo contrario se la arrancaré y la pondré yo mismo".
Finalmente, el horrorizado general se intimida y coloca su mano en la pantalla del maletín. El presidente Stillson proclama una vez más que debe cumplir su destino, felicita al general y procede con satisfacción a pulsar el botón rojo que desencadena el lanzamiento de misiles nucleares contra la Unión Soviética. El vicepresidente entra en escena y anuncia que ya no será necesario, que hay soluciones diplomáticas, pero Stillson le corrige: "Señor vicepresidente, señor secretario… los misiles han salido… aleluya, aleluya".
¿Habrá futuro para Greg Stillson? Eso lo tendréis que averiguar los que todavía no hayáis visto la magnífica película y la soberbia confrontación interpretativa entre Christopher Walken y Martin Sheen. Si una catástrofe aérea o marítima cayese sobre mí, elegiría
The Dead Zone entre los films que me gustaría ver con Brooke Shields en la isla perdida del Lago Azul.
Stillson for Senate!