domingo, noviembre 22, 2009

La ambición boxística de Wilt Chamberlain

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Los fallecidos Wilt Chamberlain y André Roussimoff con Arnold Schwarzenegger durante el rodaje en México de Conan the destroyer (1984)

Reunidos con el promotor Bob Arum en el Houston Astrodome, en 1971, Cassius Clay y sus representantes se encontraban negociando la celebración de un combate por el título mundial de los pesos pesados cuando el que habría de ser su inusitado contrincante, un jugador de Los Angeles Lakers, hizo su entrada en las oficinas.

Wilt Chamberlain había conquistado lo conquistable en la NBA y creía que podía ir más allá y, valiéndose de su superioridad física (216 cm de estatura y 10.9 segundos en 100 yardas/91 metros lisos), desafiar al mismísimo Clay sobre el cuadrilátero. El titán del baloncesto ambicionaba trascender su disciplina y dominar el deporte en su significado más genérico. Valedores no le faltaban en los círculos pugilísticos. Chamberlain no tenía experiencia como boxeador, pero su preparación correría a cargo de Cus D'Amato, quien había manejado la carrera de Floyd Patterson y quien años después alumbraría al —en opinión de muchos— mayor talento que ha existido en la categoría reina: Mike Tyson.

D'Amato, que de esto sabía algo, estaba convencido de que Chamberlain podría asegurarse la victoria a los puntos si utilizaba bien su abrumadora envergadura para mantener a Clay en la larga distancia a base de jabs. Si Chamberlain lo conseguía, Clay no podría alcanzarle y caería derrotado a los puntos. Este plan era una locura para Clay, que se lo tomaba a broma y ya vendía la piel del oso antes de cazarlo. Se basaba en el precedente de Jim Brown, la poderosa estrella de la NFL que en 1966 había expresado su deseo de medirse con él en un combate oficial por el título. Enterado de ello, Clay le invitó a intercambiar guantes durante un entrenamiento. Le dijo a Brown que no se preocupase por hacerle daño y que le atacase con todo lo que tuviese dentro. Brow así lo hizo y atacó con furia, pero Clay esquivó como quiso todos sus golpes y contraatacó abofeteando sin fuerza y con condescendencia el rostro de Brown, que tras la humillante sesión abandonó ipso facto su "candidatura" al campeonato mundial.

Al final, una derrota de Clay frente a Joe Frazier y el supuesto desacuerdo de Chamberlain sobre los emolumentos a recibir por el gran combate, privaron al mundo de contemplar el que a buen seguro habría sido uno de los espectáculos deportivos del siglo. Siempre he echado en falta más imaginación y espíritu emprendedor para cautivar al público organizando la clase de choques deportivos que sean imaginables.

¿Cuál habría sido el resultado del Clay vs Chamberlain? Yo habría apostado por Clay, pero se equivocan quienes piensen que sería pan comido. El tamaño sí que importa. En el presente, tipos de limitados recursos técnicos pero dimensiones jurásicas, como Bob Sapp o Choi Hong-man, en el K-1, son plenamente competitivos contra luchadores profesionales. Bien preparado, un atleta como Chamberlain podría ganarle a cualquiera. A Clay también.

Los aficionados al boxeo disfrutaremos de uno de los combates del siglo XXI en 2010: Manny Pacquiao vs Floyd Mayweather. Se admiten apuestas.

— Vídeo: disputa televisiva entre Cassius Clay y Wilt Chamberlain

jueves, noviembre 19, 2009

De compras en Milán

Mientras Barack Obama realizaba su gira asiática, Arnold Schwarzenegger también hacía la suya y recalaba en Israel, donde se reunía con Benjamin Netanyahu y Bill Clinton (foto); e Irak, donde saludaba a los muchachos de las invictas United States armed forces en la fortaleza de Camp Victory (foto). Antes de ayer estuvo en Austria, en una de sus acostumbradas peregrinaciones sentimentales a Graz. Pero no se quedó para el partido de fútbol contra España y ayer fue "avistado" haciendo compras en Milán. El bolso de la cuarta fotografía no cabe duda que se trata de un regalo para Maria Shriver. ¡Contentar a una mujer de clase alta cuesta dinero! Arnold está más delgado y su aspecto físico ha mejorado notablemente.

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Arnold Schwarzenegger en Milán, 18 de noviembre de 2009

miércoles, noviembre 18, 2009

"Australia's most infamous cold case"


Nota: la supercanción del vídeo es Memories, de Within Temptation

La desaparición de los hermanos Beaumont, en 1966, es uno de los casos no resueltos más célebres en la historia criminal de Australia. Recientemente se ha especulado con la posibilidad de una tardía y espectacular resolución. Para quienes encuentren interesante esta historia, mi post es una presentación del artículo de Wikipedia y una web dedicados a este suceso.

Los niños Jane Nartare, Arnna Kathleen y Grant Ellis Beaumont vivían con sus padres en la Harding street de Somerton Park, un suburbio de Adelaida. En la mañana del 26 de enero de 1966, durante el verano austral, su madre les dejó algo de dinero para coger el autobús e ir a tomar el sol en la cercana Gleneg Beach. En ella, una serie de testigos les vieron en la compañía de un desconocido de unos 40 años. El hombre era alto, delgado y rubio, y parecía haber ganado su confianza. Jane Beaumont, la hermana mayor de 9 años, le compró a un vendedor —que la conocía de estancias anteriores— unas golosinas cuyo precio rebasaba el de la suma que su madre les había entregadazo para pagar el autobús, lo que apunta a que alguien, seguramente ese hombre, debió dejarles el dinero.

Los niños debían regresar a casa sobre las 12:00, y cuando a las 15:00 aún no habían vuelto su madre comenzó a preocuparse. El padre llegó a casa de trabajar sobre las 15:30, e informado de la situación condujo hasta la playa para buscarlos. A las 19:30 se alertó a la policía. Al día siguiente fueron declarados desaparecidos. La probabilidad de que los tres niños se hubiesen ahogado al mismo tiempo en el mar, ante centenares de personas, se consideró muy remota y por simple lógica se concluyó que habían sido secuestrados. Ni los ímprobos esfuerzos policiales ni la intensa colaboración ciudadana, volcada en apoyo a los Beaumont, obtuvieron resultado alguno. Brillaron por su ausencia las críticas de los clásicos padres perfectos de guardia que en nuestros días están a la que cae para juzgar a los demás. En aquella época, en Australia, se consideraba seguro que los niños jugasen a su aire en la calle, pero el caso Beaumont influyó en el modo en que las familias vigilaban los pasos de sus hijos.

De los pequeños Beaumont nunca se supo nada más. El señor y la señora Beaumont se divorciaron años después pero siguen vivos y en Adelaida. En 1972 hubo otro caso de secuestro en la ciudad, en el Adelaide Oval Function Centre, durante la disputa de un partido no sé si de fútbol o de rugby. Aprovechando la oportunidad de que estaban solas tras levantarse para ir al baño, un hombre cuyo retrato robot coincidió posteriormente con el del individuo delgado y rubio del caso Beaumont se llevó a las niñas Joanne Ratcliffe y Kirste Gordon. El hombre tomó en sus brazos a la menor, de 4 años, mientras que la mayor, de 11, los seguía con muestras de aflicción, si bien la gente con la que se cruzaron asumió que simplemente se trataba de un padre discutiendo con sus hijos. Estas niñas también desaparecieron sin dejar rastro hasta el día de hoy.

Naturalmente, una cosa es que la policía no tenga pruebas y no pueda demostrar qué sucedió, y otra distinta que no haya sospechosos con nombres y apellidos. Casi siempre hay alguno y aquí tenemos cuatro: Bevan Spencer von Einem, James Ryan O'Neill, Derek Percy y Arthur Stanley Brown. En 2007 se sugirió que el caso Beaumont podría quedar resuelto y que Derek Percy estaba próximo a confesar, pero este hombre tiene problemas mentales y su testimonio no es muy fiable. Además, sólo tenía 17 años en 1966 y se encuentra en la cárcel desde 1969, por lo que no pudo ser el secuestrador del Adelaide Oval Function Centre. En mi opinión, el sospechoso cuyo perfil mejor se corresponde a los casos Beaumont y Adelaide Oval es el del nervudo y atlético Arthur Stanley Brown. Obviamente no lo sé, pero creo que fue él. "¿Cuándo nos vas a llevar con mamá? Prometiste llevarnos con mamá", decía una de las hermanas Mackay, secuestradas y asesinadas por Stanley Brown en 1970, según recordó el empleado de una gasolinera cuando Brown se detuvo a repostar con ellas dentro del vehículo. Lo trágico es que de los cuatro sospechosos el único que ya ha muerto y por consiguiente no podrá contar la verdad es él, Arthur Stanley Brown.

Beaumont children disappearance
The Beaumont Children

miércoles, noviembre 11, 2009

El año que conocimos a Sharon Stone

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Sharon Stone y Arnold Schwarzenegger en el rodaje de Total Recall (1990)

El de Sharon Stone fue un hallazgo tardío. Contra lo que podría pensarse, ella no llegó, vio y venció en la gran pantalla. Tuvo que madurar durante unos años antes de que el público y yo mismo reparásemos siquiera en su existencia. Voy a contar cómo la descubrí por obra y gracia del gran Arnold Schwarzenegger.

En tu vida pasan cosas de las que luego te acuerdas y cosas de las que no, y el estreno de King Solomon's Mines (1985), con el por entonces popular Richard Chamberlain, entra en la primera categoría pese a que la película, que naturalmente vi en el cine, resultó un fiasco. Stone estaba allí pero no representó nada para mí. Solamente otra rubia de la que al día siguiente no recuerdas ni su nombre. A quien deseaba ver era a él, a Chamberlain, el protagonista de una serie que emitieron en TVE, en los 80, y que me encantaba: Shogun (1980). Esta serie no he podido volver a verla desde entonces.

Prácticamente lo mismo es lo que sucedió con Action Jackson (1988). Yo tenía ganas de verla por el duro de Carl Weathers. Prometía acción pero se quedó en producto de usar y tirar. La señorita Stone sí consiguió sacarme alguna exclamación, aunque no despertó mi interés hasta el grado de conmoverme e impulsarme a averiguar qué actriz era para hacer un seguimiento de su carrera. ¡Otra tía buena más! Y adiós. Creo que desde los años 80 nunca he vuelto a ver ni King Solomon's Mines ni Action Jackson. Artísticamente están exprimidas. Terminadas…

Atención porque llegamos a la hora de la verdad. En 1990, me encontraba una tarde leyendo el periódico, en el club de tenis, cuando veo un artículo sobre la próxima película de Arnold Schwarzenegger, una historia de ciencia-ficción que transcurre en Marte, una de mis obsesiones personales, y en la que se decía que la NASA había prestado su colaboración en el diseño de los paisajes marcianos, que debían ser del máximo realismo posible. Este dato de la involucración de la NASA como asesora de la productora Carolco y del director Paul Verhoeven se quedó bien grabado en mi cerebro, y debo confesar que cuando vi la película me sentí decepcionado con las miniaturas que componían los exteriores del Planeta Rojo… Pero vamos con calma.

Total Recall se estrenó en España el 30 de julio de 1990. Fui a verla un fin de semana de agosto, con un numeroso grupo de amigos del club de tenis. Nos habíamos juntado como una decena de personas y el plan era ver la película en la sesión de las 22:30 para luego salir a tomar bebidas alcohólicas por ahí. Comenzó la proyección y cuando una lasciva Stone apareció en la cama con Schwarzenegger el júbilo y las manifestaciones de entusiasmo se desataron. Lo estoy viendo como si fuera ayer. Aquel día muchos nos preguntamos por primera vez quién era esa mujer. Una lástima que Arnold tuviera que "divorciarse" pegándole un tiro en la cabeza. Total Recall es una buena película de acción. Me gusta y puedo verla una vez al mes sin que me aburra, pero ha envejecido muy mal y definitivamente no la incluyo entre las mejores de Arnold. No está en el Top 5 de su filmografía.

Si Total Recall fue la tarjeta de presentación de Stone, la consagración le llegaría en 1992 con Basic Instinct, otra película de Verhoeven. Ésta ya no fuimos a verla por la estrella masculina, pese a ser otro grande como Michael Douglas. Aquí estábamos prevenidos y sabíamos lo que queríamos ver, especialmente esa escena de un cruce de piernas de la que, a falta de Internet, se hablaba en todas las revistas. Considero que Basic Instinct es una película entretenida pese a las sobreactuaciones de la pareja protagonista. Y reconociendo que ella, Stone, es la más guapa del reparto, el Oscar a la mejor escena sexual se lo doy a la de la semiviolación de Douglas sobre Jeanne Tripplehorn… Me compré la película en VHS cuando salió a la venta y mis amigos me acosaban pidiéndomela para ver esa escena. ¡Pecadores!

Un noche, allá por 1990, vi en TVE una película española, Sangre y arena (1989), sobre la vida sexual y profesional de un torero. Stone, que interpretaba a su amante, ha declarado que la considera la peor película de su carrera. Por alguna razón no especificada, el rodaje de esta rareza fue un suplicio para ella.

Con Sliver (1993), Stone quiso emular el éxito de Basic Instinct con un producto similar, y lo que salió de esta fórmula no lo puedo valorar porque pese a que lo vi en el cine no recuerdo absolutamente nada, lo cual no deja de ser una valoración en sí misma. En este momento debo hacer un punto y aparte porque la película a la que llegamos es en la que creo que Stone ha estado más bella y sexy jamás.

Lo diré como lo sentí: disfruté muchísimo viendo The Specialist (1994). Obviamente no podía perderme a Sylvester Stallone y Sharon Stone en la misma película. ¡Y qué secundarios de lujo con James Woods, Rod Steiger y sobre todo Eric Roberts! ¡Roberts hace un papelón! No pretendo hacer pasar The Specialist por una obra maestra, pero sí por la imprescindible obra de coleccionista que para cualquier fan de Stallone es. Se rodó en Miami y siempre he encontrado hechizante el refugio minado del personaje de Stallone, junto al Miami River. Desearía tenerlo yo...

La última película de Stone que he visto en el cine es Sphere (1998). Desde esa fecha, todos sus trabajos los he visto en televisión. Bueno, todos no. Los que he visto.

En este artículo sobre Sharon Stone no puedo dejar de mencionar el incidente que protagonizó Phil Bronstein, su ex marido, en junio de 2001. Este hombre perdió uno de los dedos del pie a causa de su estupidez. No se le ocurrió otra cosa que meterse en la jaula de un dragón de Komodo, en el zoo de Los Angeles. En presencia de Stone, el largarto atacó y mordió uno de los pies del señor Bronstein. Yo nunca me habría metido en la jaula de ese monstruo.

Concluyo con una galería de fotografías de alta resolución de Total Recall, la película de aquel lejano 1990 en el que conocimos a Sharon Stone.


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martes, noviembre 10, 2009

Cuando miro atrás sobre mi vida…


When I look back upon my life
It's always with a sense of shame
I've always been the one to blame
For everything I long to do
No matter when or where or who
Has one thing in common, too


Un hombre se arrodilla junto al fuego y comienza a cantar: "When I look back upon my life". Hace 22 años, cuando Pet Shop Boys sacó It's a Sin (1987), la canción primero y el videoclip después ejercieron un efecto hipnótico sobre mí. Aquello tenía que ser obra de un auténtico artista. Yo no conocía a Pet Shop Boys y de entrada, cuando escuché It's a Sin en la radio, no tenía claro si el intérprete era un hombre o una mujer.

Neil Tennant, el líder homosexual de Pet Shop Boys, se inspira en su traumático paso por una escuela cristiana, católica, de Newcastle upon Tyne. La letra es explícita: en el colegio quisieron enseñarme cómo ser puro en pensamientos, palabras y hechos… No tuvieron éxito pero le dejaron un a mis ojos injustificable sentimiento de culpa. ¿Culpa de qué? Yo no soy homosexual pero sí fui a un colegio católico. En las clases de doctrina cristiana, que entre cuestiones como la literatura ("El Quijote es el libro más importante tras la Biblia") y la evolución de las especies ("El hombre ya no evolucionará más") se tocaban las llamadas desviaciones de la sexualidad, lo único que me producían aquellas tonterías eran indisimuladas risitas. Las disertaciones del cura se tomaban a cachondeo.

En el presente, compartiendo relatos de nuestros tiempos escolares con los amigos, siempre nos reímos con el hecho de que todos aquellos profesores que eran prepotentes, arrogantes y maltratadores, hoy agachan la cabeza cuando se cruzan contigo por la calle. Y hacen bien en mirar al suelo porque me consta que algunos ha sido zarandeados por antiguos alumnos que les han cantado las cuarenta. La fuerza de los primeros se había diluido. No es lo mismo chulear a un niño de 12 años que a un hombre hecho y derecho. Por supuesto que esta clase de sinvergüenzas a los que la derecha quiere convertir en "agentes de la autoridad" no representan al gremio. Todos hemos tenido profesores que eran bellísimas personas y que cuando los encontramos los saludamos con cordialidad. Yo hasta tomo copas con uno.
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