
Los fallecidos Wilt Chamberlain y André Roussimoff con Arnold Schwarzenegger durante el rodaje en México de Conan the destroyer (1984)
Reunidos con el promotor Bob Arum en el Houston Astrodome, en 1971, Cassius Clay y sus representantes se encontraban negociando la celebración de un combate por el título mundial de los pesos pesados cuando el que habría de ser su inusitado contrincante, un jugador de Los Angeles Lakers, hizo su entrada en las oficinas.
Wilt Chamberlain había conquistado lo conquistable en la NBA y creía que podía ir más allá y, valiéndose de su superioridad física (216 cm de estatura y 10.9 segundos en 100 yardas/91 metros lisos), desafiar al mismísimo Clay sobre el cuadrilátero. El titán del baloncesto ambicionaba trascender su disciplina y dominar el deporte en su significado más genérico. Valedores no le faltaban en los círculos pugilísticos. Chamberlain no tenía experiencia como boxeador, pero su preparación correría a cargo de Cus D'Amato, quien había manejado la carrera de Floyd Patterson y quien años después alumbraría al —en opinión de muchos— mayor talento que ha existido en la categoría reina: Mike Tyson.
D'Amato, que de esto sabía algo, estaba convencido de que Chamberlain podría asegurarse la victoria a los puntos si utilizaba bien su abrumadora envergadura para mantener a Clay en la larga distancia a base de jabs. Si Chamberlain lo conseguía, Clay no podría alcanzarle y caería derrotado a los puntos. Este plan era una locura para Clay, que se lo tomaba a broma y ya vendía la piel del oso antes de cazarlo. Se basaba en el precedente de Jim Brown, la poderosa estrella de la NFL que en 1966 había expresado su deseo de medirse con él en un combate oficial por el título. Enterado de ello, Clay le invitó a intercambiar guantes durante un entrenamiento. Le dijo a Brown que no se preocupase por hacerle daño y que le atacase con todo lo que tuviese dentro. Brow así lo hizo y atacó con furia, pero Clay esquivó como quiso todos sus golpes y contraatacó abofeteando sin fuerza y con condescendencia el rostro de Brown, que tras la humillante sesión abandonó ipso facto su "candidatura" al campeonato mundial.
Al final, una derrota de Clay frente a Joe Frazier y el supuesto desacuerdo de Chamberlain sobre los emolumentos a recibir por el gran combate, privaron al mundo de contemplar el que a buen seguro habría sido uno de los espectáculos deportivos del siglo. Siempre he echado en falta más imaginación y espíritu emprendedor para cautivar al público organizando la clase de choques deportivos que sean imaginables.
¿Cuál habría sido el resultado del Clay vs Chamberlain? Yo habría apostado por Clay, pero se equivocan quienes piensen que sería pan comido. El tamaño sí que importa. En el presente, tipos de limitados recursos técnicos pero dimensiones jurásicas, como Bob Sapp o Choi Hong-man, en el K-1, son plenamente competitivos contra luchadores profesionales. Bien preparado, un atleta como Chamberlain podría ganarle a cualquiera. A Clay también.
Los aficionados al boxeo disfrutaremos de uno de los combates del siglo XXI en 2010: Manny Pacquiao vs Floyd Mayweather. Se admiten apuestas.
— Vídeo: disputa televisiva entre Cassius Clay y Wilt Chamberlain

